14/09/2026
Publicado en
Mons. Mario Iceta |
Arzobispo de Burgos y profesor invitado de la Facultad de Teología
Velillas del Duque (Palencia), 24 de abril de 1941 - Pamplona, 13 de agosto de 2026
Ayer en Pamplona partió a la Casa del Padre nuestro querido amigo, maestro y profesor don Augusto Sarmiento Franco. Nació en Velillas del Duque (Palencia) el 24 de abril de 1941 y se ordenó sacerdote en la diócesis de Palencia en 1964. Fue alumno de la primera promoción de licenciatura en Sagrada Teología en la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra. Se licenció en 1969 y se doctoró en 1972. A continuación se incorporó como profesor de Teología moral y allí en Pamplona desarrolló toda su labor pastoral, docente e investigadora.
Digo amigo, porque ha sido tan fácil recibir y gozar de su amistad, por su bondad, su simpatía, amabilidad, disponibilidad, discreción…
Digo maestro porque nos ha enseñado sobre todo con su vida y ejemplo, haciendo suyas las palabras del Señor: “quien oye mis palabras y las pone en práctica, es como un hombre prudente que edificó su casa sobre roca” (Mt 9, 24)”. Y, como bien sabemos, mueven más los ejemplos que las palabras, y esta sentencia se aplica muy bien al Evangelio, porque es un libro de vida y amor, que don Augusto testimonió con humildad y alegría.
Y digo profesor, porque ha sido un teólogo ejemplar que hizo de la Teología moral y espiritual un lugar donde contemplar toda la gracia y misericordia que Dios quiere derramar en la edificación de nuestras vidas y de una humanidad renovada por el Misterio Pascual de Jesucristo.
La pastoral familiar en España le debe mucho por tantos trabajos, informes y servicios que preparó durante muchos años. En 1998 fue nombrado consultor del Consejo de la Subcomisión para la Familia y la Defensa de la Vida de la Conferencia Episcopal Española y en 2009 el papa Benedicto XVI le nombró consultor del Pontificio Consejo para la Familia. Y las horas de confesionario, que prácticamente a diario empleaba en la parroquia de Cristo Rey de Pamplona, habrán hecho un bien inmenso a tantas personas que acudían a dejarse abrazar por el amor misericordioso del Padre y por el consejo de quien tiene una profunda experiencia del Misterio de Dios y del ser humano. Pedimos al Señor que ahora pueda contemplar cara a cara lo que en la tierra contempló en la fe. Que descanse en la paz y la esperanza de Cristo.
Con mi saludo fraterno a sus familiares y amigos, a la diócesis hermana de Palencia, a la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz y a la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra donde pudimos disfrutar de su amistad y sabiduría.