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Patrimonio e identidad (55). Simbolismo del templo medieval

10/09/2021

Publicado en

Diario de Navarra

Ricardo Fernández Gracia |

Director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Fondo y forma en las artes son dos cuestiones a considerar y relacionar, no sólo en el mundo de las imágenes y la iconografía, sino también en los espacios arquitectónicos. El estilo de la arquitectura religiosa no nos debe hacer olvidar el papel que se daba a sus diferentes partes, desde la teoría espiritual. Textos diversos, sermones, tratados y directrices sobre liturgia, del tiempo de los monumentos, nos aportan importantes pistas para entender y comprender, en el contexto de las distintas épocas y mentalidades, cómo se interpretaban las diversas partes del templo.

El simbolismo se puede buscar en el edificio románico, pudiéndose hablar de una geografía sagrada, en función del despuntar del sol por el horizonte y nos da los cuatro puntos cardinales, básicos para la orientación de los espacios. Las Constituciones Apostólicas preveían la orientación según el eje este-oeste, siendo escasos los ejemplos que se apartan de esta regla, que dejaría de usarse, en gran parte, después del Concilio de Trento.

En el templo orientado de ese modo, los otros puntos cardinales poseen una significación precisa y de acuerdo con la misma, pueden leerse las imágenes de la escultura monumental o pintura mural. El norte, región del frío y de la noche, estaba ligada al Antiguo Testamento. El sur, por el contrario, es la región cálida, de la luz y se filia con el Nuevo Testamento. El oeste, que mira a la puesta del Sol, se solía destinar al Juicio Final, como vemos en la catedral de Tudela.

En los textos de Honorio Augustodunensis (a. 1130)

Honorio de Autun o Augustodunensis (1080-c. 1153) fue un sobresaliente monje teólogo, místico, cosmógrafo y filósofo, al parecer discípulo de san Anselmo de Canterbury, que defendió que la autoridad temporal derivaba de la espiritual, en el contexto de la disputa entre el emperador y el papado. Su producción literaria ha llegado a través de monasterios austriacos y bávaros, aunque no está claro si su origen fue francés. Quienes han estudiado al personaje señalan la relación de sus escritos con Ratisbona y la abadía de Saint Jacques, cuya iglesia posee unas esculturas que representan las alegorías de su comentario al Cantar de los Cantares.

Entre sus obras, figura “De gemma animae”, escrita hacia 1130, que contiene una visión alegórica de la liturgia y sus prácticas. Allí señala que “El templo…. simboliza en piedras reales, el templo de gloria construido en la Jerusalén celeste, en el que la Iglesia exulta en constante paz”.

Sobre la disposición afirma que las iglesias se orientan al este, “donde el sol se levanta, porque en ellas se venera el Sol de justicia, y en el este se anuncia el paraíso, nuestra patria”. A los cuatro muros que sustentan el edificio los filia con los cuatro evangelios, junto a los que la Iglesia debe crecer. Las piedras fuertes y duras significan la fuerza en la fe y en las obras, mientras que el mortero que las une denota la unión de los fieles mediante el amor.

A las columnas las filia con los obispos “sobre los que se apoya la estructura de la Iglesia, por la rectitud de su vida”. Las vigas dan a entender a los príncipes seculares que protegen a la institución. Las tejas que impiden el paso de las aguas y de la humedad son los “soldados (milites) que protegen a la Iglesia de los paganos y enemigos”.

La decoración pictórica la aprueba por contener los ejemplos, con tres argumentos: “en primer lugar, porque es la escritura de los laicos; en segundo lugar, para que la casa se adorne con tal decoración; en tercer lugar, para que se haga revivir en la memoria la vida de nuestros ancestros”, argumentos siempre presentes en la historia de la Iglesia entre los que justificaron la presencia de las imágenes, desde el II Concilio de Nicea (787) hasta el de Trento (1563).

A la luz de los argumentos de Durando

El otro gran autor que trató más detenidamente todo lo referente a la simbología del templo y sus partes fue Guielmus Durandi, conocido como Durando, afamado canonista francés, nacido hacia 1230, en Puymisson, cerca de Montpellier, y formado en Lyon y Bolonia, siendo discípulo del jurista Bernardo de Parma. En 1265 fue nombrado por Clemente IV Auditor General del Palacio Vaticano. Acompañó al papa al concilio de Lyon, e intervino, como legado pontificio, en el problema de gibelinos y güelfos, defendiendo los territorios papales por vía diplomática y las armas. En 1285 fue nombrado obispo de Mende, en 1291, regresó a Italia. Falleció, en 1296, en Roma.

Entre sus numerosas obras, destaca un tratado de gran importancia para la liturgia, el Rationale seu enchiridion divinorum officiorum, escrito antes de 1286, en donde se encuentra la más rica elaboración de toda la liturgia, considerándose la más completa síntesis de lo que la Edad Media hizo en esa materia, poniendo en relación los edificios y el mobiliario de los templos. La obra consta de nueve libros, se editó ya en el siglo XV. En el XVI se hicieron numerosas ediciones, no faltando en centurias posteriores. Junto a una obra del siglo XVII, “De antiquis Ecclesiae ritibus” (Ruan, 1700-1702), del benedictino Edmond Martène (1654-1739), la obra de Durando se considera como la principal autoridad en las liturgias medievales de Occidente.

Sin seguir exactamente el orden que el texto tiene y agrupando temáticamente algunos de sus contenidos, trataremos de algunos de los significados que da a cada una de las partes del templo y otras dependencias adheridas al mismo.

La iglesia su forma, orientación y dimensiones

Respecto a la forma, si es cruciforme es para recordar al Crucificado y si es circular  para significar la extensión de la Iglesia por todo el orbe o porque, procedentes del círculo del orbe, llegamos hasta el círculo de la corona eterna. Asimismo, teoriza sobre la disposición del edificio en relación con el cuerpo humano, con la siguiente simbología en cada una de las partes: “el presbiterio, o lugar donde se ubica el altar, representa la cabeza; el crucero, los brazos y las manos; el resto, lo que queda del cuerpo. El sacrificio del altar significa la ofrenda del corazón. El santuario o zona del altar, es más reducido que el coro y éste más reducido que el cuerpo central, puesto que el número de vírgenes es más reducido que el de los que guardan continencia y éste, a su vez, más reducido que el de los casados”.

En cuanto a la orientación, estipula que la cabecera mire al Oriente. La longitud representa la “longanimidad por la que soporta pacientemente las circunstancias adversas hasta que llegue a la Patria” y la anchura “es la caridad que, con la amplitud propia de la mente, ama a sus amigos en Dios y a los enemigos por Dios”. La altura “representa la esperanza en la que recompensa futura… el techo la caridad que cubre la multitud de los pecados”. Al pavimento lo equipara con la humildad, el fundamento de la fe y el pueblo llano, con cuyos trabajos se sustenta la Iglesia.

Muros, paredes, columnas y vanos

Los muros evocarían a las gentes que acuden a Cristo desde las cuatro partes del mundo. Las cuatro paredes las pone en relación con la doctrina de los evangelios y con las virtudes cardinales. Sus piedras serían los fieles predestinados a la salvación, las más grandes, gruesas y pulidas alusivas a los varones más perfectos. En cuanto al cemento “sin el que el muro no puede adquirir estabilidad, se hace a base de cal, arena y agua; la cal es la caridad ardiente que se une a la arena, es decir la obra terrenal; porque la verdadera caridad posee la mayor solicitud de todo tipo: por las viudas, los ancianos, los niños, los débiles… Para que la cal y la tierra sean eficaces en la construcción del muro se unen añadiendo agua, puesto que el agua es el Espíritu…”.

Las columnas recuerdan la representación de los obispos y doctores que, con su doctrina, sostienen el templo de Dios, explicando así sus diferentes partes: “Las basas de las columnas son los obispos apostólicos que soportan el edificio de la Iglesia universal. Los capiteles son las mentes de los obispos y doctores, pues de la misma manera que los miembros se rigen por la cabeza, así también nuestras palabras y obras se rigen por la mente; los capiteles son también las palabras de la Sagrada Escritura, a cuya meditación y observancia estamos sometidos”.

Las ventanas representan, para Durando, la hospitalidad ofrecida con alegría y la misericordia con magnanimidad. Por su cara exterior deberían ser más reducidas para no dejar pasar las frivolidades y por la interior más amplias para percibir más fácilmente los dones espirituales, con lo que queda explicado su abocinamiento. Las rejas colocadas ante las ventanas representan a los profetas y otros doctores desconocidos de la Iglesia militante; en ellos, por el doble precepto de la caridad, a veces, aparecen dos columnas, a imitación de los apóstoles enviados a predicar de dos en dos. 

Las puertas significan la obediencia de la que el Señor afirma: “si quieres entrar a la vida, guarda los mandamientos”. Es asimismo Cristo, por ello dice el Señor en el Evangelio: “Yo soy la puerta”.

Cripta, atrio, sacristía y torre

A las criptas se refiere Durando como “cuevas subterráneas que se hacen en algunas iglesias representan a los ermitaños que practican una vida solitaria”. Al atrio lo equipara con Cristo, que da acceso a la Jerusalén celestial, señalando que su término deriva de porta, por estar abierto. A la sacristía, por guardar los objetos y vestimentas sagrados, la compara con el útero de la Virgen en el que Cristo se hizo carne.

En las torres se evoca a los predicadores y prelados que aspiran a lo más elevado en un lugar de defensa, argumentándolo con un texto del “Cantar de los Cantares”, en el que se lee: “Es tu cuello cual torre de David edificada con defensas”. Insiste, en el paralelismo con los predicadores, al tratar del gallo que remata la torre, señalando que es un animal vigilante en la noche profunda, que señala las horas con su canto, despierta a los que duermen y antes de cantar se estimula a sí mismo con unos aletazos. A cada una de esas acciones le atribuye su símbolo, pues “la noche es este mundo; los que duermen son los hijos de la noche sumidos en el pecado; el gallo son los predicadores que predican con claridad y despiertan a los dormidos para que se aparten de las obras de las tinieblas, diciéndoles; anuncian que se acerca la luz cuando predican el día del juicio y la gloria futura prudentemente, antes de predicar las virtudes a los demás, mortifican su cuerpo despertándose del sueño del pecado… También ellos, como el gallo, se colocan contra el viento cuando, con sus refutaciones y argumentos, presentan una poderosa resistencia a los rebeldes para no ser censurados de huir ante el lobo. La varilla de hierro en la que reposa el gallo representa la recta plática del predicador, que no debe hablar como hombre, sino en nombre de Dios”.

El claustro y sus dependencias anejas

Especial significación otorga al claustro y sus pandas, que compara con el paraíso celestial, en el que todo se poseerá en comunidad, pues quien menos tenga de por sí, se alegrará de poseerlo en otro, porque Dios lo será todo en todos. Por ello los religiosos que viven comunitariamente en un claustro, se levantan para servir a Dios y, olvidándose de las cosas terrenas, llevan una vida comunitaria en todo. La variedad de lugares de trabajo y de oficios, en el claustro, responde a la diversidad de mansiones y premios en el reino celestial, pues dice el Señor: “porque en la Casa de mi Padre hay muchas moradas”. Moralmente, el claustro es la contemplación del alma que se dedica a la vida de recogimiento, apartándose de los pensamientos carnales y consagrándose enteramente a la meditación de los bienes celestiales: sus cuatro lados significan: el desprecio de sí mismo, el desprecio del mundo, el amor del prójimo y el amor de Dios. Cada uno de estos lados tiene una hilera de columnas. La desestima de sí mismo lleva consigo la humillación de la mente, la aflicción de la carne, la humildad en el hablar y cosas semejantes. La basa de todas las columnas es paciencia. La diversidad de dependencias del claustro representa las diferentes virtudes. El capítulo es el secreto del corazón; el comedor es el amor a la santa meditación; la despensa, la Sagrada Escritura; el dormitorio, la conciencia limpia; el oratorio, la vida sin mancha; el huerto de árboles y plantas es el conjunto de virtudes; el pozo de aguas vivas es el riego de los dones que mitigan la sed en esta vida y la apagarán totalmente en la futura.