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Enseñar versus adoctrinar

01/07/2021

Publicado en

Diario de Navarra

Gerardo Castillo |

Facultad de Educación y Psicología

La escuela debe educar para la vida, lo que incluye los aspectos cívico-político y social del comportamiento humano. A diferencia de lo que suele ocurrir actualmente, en la antigüedad clásica a ese tipo de educación se le concedía mucha importancia. Se consideraba propio del hombre libre ser buen ciudadano y educarse para ello.

Pero la educación cívico-política en la escuela tiene el riesgo de ser instrumentada en beneficio de ideologías extremistas, incurriendo así en la politización de la educación. Esto ocurre sobre todo en regímenes políticos autoritarios, pero también en algunas regiones de países democráticos que profesan ideologías separatistas. En esos casos la educación suele convertirse en adoctrinamiento: acción de inculcar con insistencia, a una o más personas, ciertas ideas para que las hagan propias.

Importa mucho saber distinguir entre adoctrinamiento y educación, entre adoctrinar y enseñar. La educación ofrece información con el propósito de que, a partir de ella, cada persona genere sus propios criterios y opiniones. En cambio, el adoctrinamiento transmite posturas ideológicas para que sean absorbidas pasivamente por otros. Se olvida así que la educación pretende enseñar a pensar, no qué pensar; posibilita discernir lo que en la cultura es bueno y menos bueno.

Mientras que la educación pretende aportar los conocimientos necesarios para que la persona gane en autonomía a partir del desarrollo de su propio juicio, el adoctrinamiento crea personas dependientes y sin sentido crítico.

El adoctrinamiento oculta su intención disfrazándose de enseñanza “paternal”; no deja libertad para pensar por propia cuenta y elegir. Quien educa es un maestro; quien adoctrina es un fanático. El fanático no admite discrepancias.

El Instituto de Política Social Española denunció en 2020 que en España existe adoctrinamiento en las aulas y señala que a los menores no se les puede imponer un modelo ideológico único. Su presidente, Pablo Hertfelder García-Conde, declaró que “los padres no son títeres al servicio del gobierno de turno; tienen el derecho y el deber de decidir qué tipo de educación quieren para sus hijos. Por ejemplo, no todos quieren que sus hijos asistan desde antes de los cinco años a “talleres sexuales” como práctica de la ideología de género. Desde el Instituto de Política Social, instamos a los padres que no estén de acuerdo con esta intromisión educativa a que exijan que se les permita objetar”.

Por su parte, el Defensor del Pueblo denunció, en su informe del mismo año, la falta de neutralidad ideológica en muchas escuelas españolas.

El adoctrinamiento niega la libertad de pensamiento y sustituye la argumentación y el diálogo por la fe ciega en quien adoctrina. Conviene no olvidar que en el proceso de enseñanza-aprendizaje, el protagonista principal no es quien enseña, sino quien aprende. Enseñar es guiar el aprendizaje de cada persona; nadie puede aprender por otro. El adoctrinamiento puede ser mitigado por prácticas que favorezcan el libre pensamiento y el uso de la razón crítica.

Los padres tienen derecho a ser informados por la dirección de las escuelas sobre posibles actividades de tipo ideológico. Con ese objetivo se creó el PIN Parental. Es un documento a través del cual los padres solicitan a la dirección del centro educativo que se les informe previamente sobre la realización de las mencionadas actividades.

La solución básica contra el adoctrinamiento escolar es la libertad educativa. Las escuelas son libres de proponer diferentes idearios educativos al servicio de las preferencias educativas de las familias. Y los padres, como primeros y principales educadores, tienen el derecho-deber de educar a los hijos de acuerdo con sus propias convicciones, sin impedimentos por parte del Estado.

En la persona humana se da una estrecha relación entre procreación y educación, hasta el punto de que esta última se considera como una prolongación o complemento de la obra generativa. Todo hijo tiene derecho a la educación, necesaria para poder desarrollar sus capacidades; y a este derecho de los hijos corresponde el derecho-deber de los padres a educarlos.

Los derechos a educar y ser educados no dependen de que estén recogidos o no en una norma positiva, ni son una concesión de la sociedad o del Estado. Son derechos primarios. El derecho de los padres a educar a sus hijos está en función de aquel que tienen los hijos a recibir una educación adecuada a su dignidad humana y a sus necesidades; es este el que fundamenta el primero.

 En consecuencia, la patria potestad corresponde a los padres. Es el conjunto de derechos y deberes sobre los hijos no emancipados. Ignorar o rechazar esa realidad permitiría que el Estado monopolizara la educación de los hijos, algo que históricamente sólo ha ocurrido en regímenes totalitarios.