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Niños y adolescentes ciberadictos

08/01/2022

Publicado en

El Diario Montañés

Gerardo Castillo Ceballos |

Profesor de la Facultad de Educación y Psicología de la Universidad de Navarra

Existen padres de familia que no son conscientes del peligro que tiene el abuso y mal uso de internet por parte de sus hijos desde edades tempranas. Algunos presumen de los progresos del niño en el manejo del móvil y de la tablet, sin limitar las horas que dedican cada día. Otros fomentan que los hijos dediquen aún más tiempo a internet por propia conveniencia, como entretenimiento para que estén callados y no den la lata.

Estas actitudes fomentan una posible adicción a internet (ciberadicción), en un momento en el que se aprecia, a nivel general, un auge de ese problema en niños y adolescentes. Con la pandemia del coronavirus los casos de adicción a internet y redes sociales se incrementaron de forma exponencial. Para los niños y adolescentes el confinamiento supuso estar más horas en casa haciendo los deberes escolares ‘online’ y relacionándose con sus amigos reales y virtuales a través de las pantallas. Esas circunstancias favorecieron que las familias fueran más laxas a la hora de permitir la conexión a internet.

Existe el peligro de que los hijos adquieran una dependencia de los dispositivos tecnológicos, con efectos como los siguientes: ansiedad, problemas de conducta, fracaso escolar, aislamiento, problemas de salud física o psicológica asociados al sedentarismo, visión distorsionada de la realidad confundiendo lo real con lo virtual y riesgo de ciberbullying. A todo ello hay que añadir algo también muy preocupante: el riesgo de que esos niños descontrolados contacten con imágenes ‘porno’.

Testimonio real de un adolescente que para superar su adicción a internet necesitó ayuda terapéutica: «Creía que estar a lo largo del día pensando en las redes era normal, porque todo el mundo lo hacía. Navegar por una red social era un modo de aislarme de los problemas reales que se presentan cada día. Poco a poco fui aislándome del entorno que me rodeaba. El personaje de la red había anulado al real. Había perdido la capacidad de hablar con la gente. Mis familiares empezaron a ver el problema cuando dejé de relacionarme con ellos».

¿Por qué la ciberadicción es más común en la adolescencia? Porque es la etapa en la que internet está siendo uno de los principales medios de socialización. Según un estudio realizado por la Fundación Pfizer, el 98% de los adolescentes y jóvenes de 11 a 20 años es usuario de internet. Y de este porcentaje, 7 de cada 10 afirman acceder a la red por un tiempo diario de 1,5 horas. Es por esto que los adolescentes, dado que suelen conectarse más a internet, constituyen el grupo de mayor riesgo. No obstante, también puede afectar a los adultos.

En una viñeta cómica de Forges se ve un diálogo entre dos náufragos en una pequeña isla desierta: «P- Pena de habernos comido el rúter: dentro de poco podríamos papearnos seis megas suculentos. R- Me lo temía, y además en el día de internet». El síntoma más significativo de la ciberadicción es la «conexión compulsiva» que se concreta en la necesidad de conectarse con frecuencia muchas veces al día. Conlleva la pérdida del uso racional y del control de internet.

El origen de ese problema puede ser externo, como por ejemplo, estar de moda y querer conectase con los amigos que usan ese medio y presionan a los no iniciados. Pero en algunos casos la causa es interna: una tendencia a buscar en internet una solución a malestares psicológicos. El mundo virtual suele ser una vía de escape del mundo real para los adolescentes con baja autoestima y sin habilidades sociales.

Los padres de familia pueden prevenir la ciberadicción siguiendo algunas normas. Estar al día de los avances que ofrecen las tecnologías para así poder saber en qué mundo se están moviendo los hijos y poder acompañarles y ayudarles a utilizarlas con sentido. Promover actividades culturales, lúdicas y recreativas como alternativa a internet. Establecer reglas de uso de los dispositivos digitales tales como el tiempo máximo de conexión y la ubicación de los mismos. Determinar los sitios web a los que se puede y no se puede tener acceso. Fomentar en los hijos desde pequeños una autoestima saludable; así no buscarán «refugiarse» detrás de una imagen ficticia que inventarán en las redes sociales.