04/05/2026
Publicado en
Diario de Navarra, en colaboración con la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro de la Universidad de Navarra, aborda, mensualmente, de la mano de especialistas de diversas universidades e instituciones, una serie sobre artistas navarros
Alejandro Aranda Ruiz |
Patrimonio Cultural. Arzobispado de Pamplona y Tudela
El pleito ventilado ante el Consejo Real de Navarra entre 1554 y 1555 debido a la pretensión de la parroquia de San Saturnino de Pamplona para construir parte de la reja de la capilla mayor con la herencia del rico mercader pamplonés Antón de Aoiz, aporta numerosos datos acerca de las rejas y los rejeros de la Pamplona de la primera mitad del siglo XVI.
La reja: un elemento desconocido del amueblamiento litúrgico
En el pasado, un elemento imprescindible en el exorno interior de nuestras iglesias lo constituían las rejas que cerraban coros y capillas, delimitando y jerarquizando los espacios del templo. Según Rosado Galdós, la reja apareció como elemento arquitectónico en plena época románica (entre fines del siglo XI y mediados del XIII) coincidiendo con un momento de auge del culto a las reliquias y de desarrollo de la industria siderúrgica. Y es que la reja era un elemento que permitía la exposición de las reliquias de los santos a la vez que las protegía de la mano codiciosa de los depredadores.
Dentro de las rejas que podía haber en una iglesia, la más destacada era la que cerraba la capilla mayor, puesto que era el lugar en el que se erigía el altar principal del templo y donde se celebraban las ceremonias litúrgicas más importantes. Por este motivo, la reja que delimitaba este espacio cumplía una función que iba mucho más allá de proteger los tesoros artísticos que allí pudieran contenerse. La reja de este lugar servía, fundamentalmente, para subrayar la sacralidad de la capilla mayor como sancta sanctorum de la iglesia. La reja funcionaba como frontera simbólica entre Dios y los fieles, cumpliendo una función similar a la desempeñada por otros elementos arquitectónicos presentes en iglesias de occidente y oriente, como el iconostasio, el jubé o la rood screen. Sin embargo, frente a estas estructuras, que impedían o dificultaban grandemente la vista del altar mayor y de los ritos que en él se celebraban, la reja establecía de manera clara esa separación, sin impedir del todo lo visión de las funciones sagradas.
Las rejas de las parroquias de Pamplona y su catedral
Por el citado pleito sabemos que a mediados del siglo XVI las capillas mayores de las parroquias pamplonesas de San Nicolás y San Lorenzo estaban cerradas con rejas. En 1555 se decía que la reja de San Lorenzo tenía más de 200 años de antigüedad. Debido a su función, a su emplazamiento privilegiado y al enorme impacto visual que tenían, estas rejas eran concebidas como un auténtico elemento de identidad del templo, por lo que tenían que estar en consonancia con su estatus. De esta forma, la parroquia de San Saturnino consideraba que, por ser «la más antigua y principal de la dicha ciudad donde concurren todos los principales de la ciudad» debía contar con una reja «conforme a la cualidad y merecimiento de la dicha iglesia, que es muy honrada y de honrados parroquianos». Como no podía ser de otra forma, el presbiterio de la catedral, como el del primer templo de la diócesis, contaba con la reja más extraordinaria de todas la de la ciudad y el reino. La inscripción labrada en uno de sus frisos desvela que esta reja fue elaborada por el maestro Guillermo de Ervenat en 1517. Al nombre del autor Goñi Gaztambide añadió el del promotor, el tesorero Remiro de Goñi, basándose en el hecho de que en el siglo XVI la dignidad de la tesorería era la responsable de ejecutar en la catedral todas las obras de vidrio, hierro o cualquier otro metal. Lamentablemente, las dos rejas de la catedral de Pamplona son las únicas renacentistas que se conservan en la capital navarra. Factores históricos, así como cambios en los usos litúrgicos propiciaron su desaparición y sustitución, en algunos casos, por barandillas, tal y como se ve, por ejemplo, en las capillas de la seo, cuyas rejas fueron eliminadas a lo largo de los siglos XVIII y XX, eliminándose la última (la de la capilla de Sandoval) en la restauración de 1994.
La construcción de una reja: una empresa costosa
Aunque cabía la posibilidad de que las rejas fuesen de madera o «palo», costumbre que según el citado pleito era habitual a finales del siglo XV, lo habitual era que, si la iglesia tenía recursos, las construyese en hierro, ya que se consideraba «de lo mejor de los materiales que se suele hacer las rejas». A mediados del siglo XVI el coste que podía suponer la construcción de esta clase de rejas no era nada baladí, debido a la inflación general de precios experimentada en aquellos años. Según el testimonio de varios cerrajeros en 1555, desde hacía 15 años que el precio del quintal de hierro se había cuasi duplicado, pasando de los 8 reales a los 15. El hierro cuadrado, «que es para hacer rejas», podía alcanzar hasta los 18 reales. A ello había que sumar la carestía experimentada también en la mano de obra, ya que «antes los maestros y oficiales de hacer rejas y de otros oficios llevaban menos soldada porque todo valía más barato».
Guillermo de Ervenat y otros cerrajeros y «maestros de hacer rejas»
El material y el hecho de que fuesen un elemento de cierre, dotado de su correspondiente cerradura, hacía que el gremio encargado de su fabricación fuese el de los cerrajeros. A mediados del siglo XVI existía en Pamplona un gremio de cerrajeros que, como otras corporaciones profesionales de la ciudad, contaba con sus veedores o inspectores. Así en 1555 el veedor era el cerrajero Juan de Campana y con anterioridad lo había sido su colega Martín de Irurzun.
Sin embargo, la complejidad de una obra como la reja de una capilla mayor hacía que esta clase de trabajos los ejecutasen cerrajeros especializados, conocidos como «maestros de hacer rejas». Por la extraordinaria calidad de la reja de la catedral, no cabe duda que Guillermo de Ervenat pertenecía a esa clase de maestros. Gracias al mencionado pleito sabemos que este Guillermo, era conocido también como maese Guillén de Roán, «que fue el que hizo la reja de la capilla mayor de la seo de Pamplona» Este dato no solo confirma el origen francés de este autor, sino que precisa su localidad de procedencia: Rouen, en el norte del país galo. Este artista se sumaría, así, a la estela emprendida por otros maestros que llegaron a Navarra décadas atrás durante el reinado de Carlos III el Noble procedentes del norte de Francia y de la zona de Bélgica, como el escultor Jehan Lome. Este camino también sería seguido por otros franceses durante el siglo XVI, que según Echeverría Goñi, llegaron a monopolizar algunos oficios, como la cerrajería y la rejería.
Al igual que hicieron otros maestros galos en el quinientos, creemos que Guillermo de Ervenat se estableció en Pamplona o al menos estuvo el tiempo suficiente como para dar lugar a un taller de rejería en la capital. No en vano, entre todos los cerrajeros que desfilaron en el pleito citado el cerrajero Martín Gil declaró que Juan de Campana, había sido criado, es decir, aprendiz, de maese Guillén. Como su maestro, Juan de Campana no era oriundo de la ciudad, ya que en 1555 él mismo declaraba que llevaba residiendo en Pamplona 50 años, con intervalos de estancias en Castilla. Entre otros maestros de hacer rejas de la Pamplona del XVI cuyos nombres conocemos también destacaron el citado Martín Gil y Nicasio Carón, de los cuales se conservan las trazas que realizaron para la porción de la reja de la capilla mayor de la parroquia de San Saturnino que su obrería pretendía construir hacia 1555. Los detalles renacentistas de uno de los dibujos muestran un diseño que recuerda al de la reja del coro catedralicio de Pamplona (1539-1540). Por su propia declaración sabemos que Martín Gil realizó en 1528 las rejas para las ventanas del palacio del condestable de Navarra en su villa de Lerín.
Las rejas: un trabajo multidisciplinar
Si bien la construcción de una reja corría a cargo de un maestro rejero, eran varios los oficios que intervenían en su acabo final. De hecho, el aspecto que actualmente presentan las dos rejas del siglo XVI conservadas en la catedral dista mucho de ser el que originalmente lucían. Los restos de color rojo de la reja de Ervenat muestran que estos muebles estaban completamente policromados, labor que corría a cargo de doradores y policromadores profesionales. Aunque un tanto alejada en el tiempo, conocemos por Goñi Gaztambide que la reja de la capilla de Sandoval fue dorada en la década de 1630 por uno de los mejores pintores de la Pamplona de su época: Lucas de Pinedo. Asimismo, en aras a dotar de una mayor altura y prestancia a las rejas, estas solían instalarse sobre un pretil o basamento pétreo que, en no pocas ocasiones, adquiría una apariencia elaborada, tal y como se aprecia en el basamento labrado de la catedral. Estos pretiles podían encargarse a entalladores de piedra reputados, como el afamado escultor Juan Pérez Vizcaíno (ca. 1510-1565), a quien identificamos con el cantero Juan Vizcaíno que hacia 1550 realizó con Andrés de Zabala el banco para la reja de la capilla mayor de San Saturnino, que era, en palabras de este último: «tan bueno como como no hay en Pamplona y aun en el Reino, así de labor, como de piedra».