Liderazgo en momentos de crisis: "Lanzarse a la acción en coherencia con nuestros valores"
Cristina Cuesta, víctima de ETA, reflexiona sobre el liderazgo y la memoria en el ciclo de empleo de la Universidad de Navarra en Madrid
FotoArchivo/Estudiantes en el aula. Imagen de recurso
21 | 04 | 2026
Cristina Cuesta, quien fue directora de la Fundación Miguel Ángel Blanco, abrió el ciclo de empleo que la Universidad de Navarra ofrece a sus estudiantes en Madrid, desde donde envió un mensaje a los jóvenes: “A veces hay que lanzarse a la acción, en coherencia con nuestros valores y con nosotros mismos”.
Cristina Cuesta tenía veinte años y era estudiante de Periodismo cuando un comando de la banda terrorista ETA asesinó a su padre, Enrique Cuesta, entonces delegado de Telefónica en San Sebastián. “Aquel 26 de marzo de 1982 a las tres de la tarde, mi vida cambió para siempre”, recuerda. Dejó los estudios y comenzó a trabajar, asumiendo un primer liderazgo. “Sentía que me habían ocasionado un dolor injusto -continúa-. Había un contexto de culpabilización de la víctima y de aislamiento social”.
Cuatro años después, Cristina notó una gran ausencia: la voz de las víctimas, e hizo un llamamiento para construir un mensaje de paz: “Quería que la sociedad se movilizase y que una joven víctima hiciese una propuesta con un mensaje constructivo, positivo y necesario en aquel momento fue un revuelo”.
En el cuarto aniversario del aniversario del asesinato de su padre escribió una carta en Diario Vasco: ‘Hoy no soy más valiente’. Cuarenta años después y con motivo de este encuentro con jóvenes, volvió a leerla. “Tenía una idea y creía en ella y, aunque me daba cuenta de los riesgos y no sabía dónde me llevaría, mi padre ya no tenía voz y alguien tenía que hablar con los valores que le representaban”, explica.
En la sesión, volvió a ver la entrevista que Mercedes Milá le hizo en TVE, donde propuso la creación de “Asociación por la paz” y tras la que recibió más de cinco mil cartas. El llamamiento se concretó en un grupo de veinte personas que salieron a la calle tras cada asesinato de ETA y que años después le volvería a situar como objetivo de la banda y obligarle a abandonar su tierra.
Fue cuando inició una nueva etapa en Madrid cuando comenzó a trabajar en la Fundación Miguel Ángel Blanco, donde “tuve la oportunidad y la suerte de representar un símbolo de las víctimas del terrorismo, porque en Miguel Ángel Blanco están representadas todas las víctimas, y poder preservar y transmitir a las nuevas generaciones quién fue y lo que significa”. Ante ello, animó a los estudiantes a trabajar en “lo que os apasione, que tenga que ver con vuestra esencia y vuestro talento”.
En este punto, Cristina subrayó la importancia del autoconocimiento y del propósito, así como de actuar con coherencia, serenidad y perseverancia: “El cerebro está preparado para protegernos, por eso es bueno tomar distancia, elevarnos sobre los problemas que surgen y seguir haciendo, aunque a veces no terminemos de entender el para qué. Hay que invertir en uno mismo y crear nuestro camino, aunque no esté estandarizado. Pregúntate qué es lo que quieres para tu vida y cómo lo vas a hacer”.