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Los presidentes Petro y Trump, en su entrevista celebrada el 3 de febrero de 2026 en el Despacho Oval [Casa Blanca]
Desde comienzos de siglo, Colombia y Estados Unidos venían manteniendo una provechosa relación estratégica, definida por una estrecha vinculación comercial y una confiada cooperación en la lucha contra el narcotráfico y los grupos armados. Esto dio un giro en enero de 2025, cuando Donald Trump regresó a la Casa Blanca. Las cuestiones en las que Trump se ha focalizado –droga, crimen organizado, migración– afectan directamente a Colombia, pero el roce lo ha provocado sobre todo el talente de ambos presidentes. El calendario internacional y los procesos electorales en los dos países, sin embargo, han contribuido a diluir los riesgos de escalada.
Con su ‘America First’, el presidente Trump ha puesto el énfasis en reforzar la seguridad de Estados Unidos, que considera amenazada por la presión migratoria, la llegada de droga y la actividad de grupos delictivos, todo ello con origen en los países latinoamericanos más próximos. Las advertencias a México —por el tráfico de fentanilo, que tantas muertes ha provocado en Estados Unidos, y por la violencia de los carteles—, llegaron ya durante la campaña electoral; Venezuela centró la atención del primer año de la Administración Trump, y el foco ha pasado ahora a Cuba. En ese recorrer la mirada por el entorno hemisférico más inmediato, Trump se ha fijado unas cuantas veces en Colombia; en lugar de intentar esquivar esa atención, el presidente Petro se ha enardecido en la polémica.
Conflictos
Los encontronazos comenzaron poco después de que Trump iniciara su mandato. Los primeros movimientos de la nueva Administración estadounidense para expulsar inmigrantes ilegales y devolverlos a sus países de origen o a terceros países fueron contestados por Bogotá. Petro se negó a aceptar la llegada de un avión con colombianos deportados, alegando un trato indigno por llegar esposados. Trump amenazó con imponer aranceles a productos colombianos, lo que provocó la movilización de diversos sectores económicos para intentar alcanzar un arreglo diplomático.
Una de las principales preocupaciones de Washington ha sido siempre la producción de droga en Colombia, sobre todo cocaína, y su exportación principalmente a Estados Unidos. Para enfrentar este problema y el del crimen organizado que lo acompaña ambos países colaboraron en el Plan Colombia (2000-2016), que contó con una importante financiación estadounidense. El final de ese programa y el cambio de algunas políticas a raíz del Acuerdo de Paz de 2016 con las FARC, ocasionaron un aumento del cultivo y de la producción de coca, especialmente en estos últimos años de mandato de Petro. En 2023, de acuerdo con la ONU, la producción potencial de cocaína aumentó en Colombia en un 53%. La Administración Trump se refirió a este dato para anunciar en septiembre de 2025 la inclusión de Colombia, por primera vez en 30 años, en la lista de naciones que no cooperan suficientemente en la guerra contra las drogas. Esta ‘descertificación’ pone en riesgo cientos de millones de dólares anuales de apoyo estadounidense a Colombia. Trump llamó a Petro narcotraficante y sugirió que iba a someterle a la misma presión que a Nicolás Maduro en Venezuela. Por su parte, el presidente colombiano acusó a Trump de haber violado la soberanía colombiana al haber asesinado a personas inocentes en sus operaciones antidroga lanzadas desde los buques de guerra fondeados en el Caribe.
La relación bilateral también se ha visto afectada por la situación con Venezuela, pues el gobierno de Petro condenó con contundencia la intervención estadounidense en la nación vecina para apresar a Maduro, calificándola de “agresión a la soberanía” de ese país. “Los conflictos internos entre los pueblos los resuelven los mismos pueblos en paz. Ese es el principio de la autodeterminación de los pueblos que es base del sistema de las Naciones Unidas”, escribió en X. Trump le respondió que se cuidara ya que podría ser el siguiente.
Tras varios altibajos en esta complicada relación –especialmente tensionada en redes sociales–, los dos presidentes quisieron reconducir la situación y se vieron en persona en un encuentro celebrado el pasado 3 de febrero en la Casa Blanca. Para viajar allí, Petro requirió de un visado especial, ya que el que tenía había sido revocado anteriormente como castigo de EEUU por su actitud. La entrevista tuvo un buen desarrollo; el trato fue fluido, aunque apenas hubo avances concretos. Trump y Petro aseguraron que, a pesar de sus diferencias ideológicas, habían podido tratar asuntos como el narcotráfico y la situación en Venezuela. No obstante, no se produjo ningún comunicado conjunto ni los periodistas pudieron entrar brevemente en el Despacho Oval, a diferencia de lo ocurrido en entrevistas de Trump con muchos otros mandatarios. Si bien el encuentro contribuyó a normalizar la relación, Trump no aclaró si pensaba revisar su decisión de descertificar a Colombia en la lucha antidrogas, ni si buscaría algún tipo de cooperación para la seguridad fronteriza con Venezuela.
Elecciones
Con la presión sobre Cuba, que Trump dice poder “tomar” cuando quiera, y con la guerra contra Irán, que le está llevando más tiempo del que creía, el presidente norteamericano parece haber perdido interés en enzarzarse en polémicas duraderas con Petro. Además, los procesos electorales en Colombia y en Estados Unidos imponen un cierto compás de espera.
Las elecciones presidenciales colombianas se celebrarán el 31 de mayo, con una segunda vuelta prevista para el 21 de junio. Petro no puede presentarse a un segundo mandato, pero juega la carta de la continuidad con su apoyo a la candidatura del senador Iván Cepeda, que reedita la coalición de izquierda, el Pacto Histórico, que llevó a Petro al poder.
Si las elecciones las gana Cepeda, Washington y Bogotá mantendrán sus diferencias en torno a la estrategia para combatir el narcotráfico y los grupos armados, sobre todo si la Administración Trump insiste en un enfoque más coercitivo. Por otro lado, si un candidato de derecha llega al poder (se apuntan dos opciones: la candidata del partido del expresidente Uribe, la senadora Paloma Valencia, y el abogado Abelardo de la Espriella, más a la derecha), podría esperarse un acercamiento más positivo, orientado a fortalecer la cooperación bilateral, preservando la alianza estratégica. Pero al margen del carácter de la nueva presidencia colombiana, las relaciones con Washington quedarán en cierto modo en suspenso hasta que en Estados Unidos tengan lugar el 3 de noviembre las elecciones legislativas de medio mandato.
Es posible que en noviembre Trump pierda la mayoría en el Congreso. Eso no modificaría muchas de sus actitudes, pero sí complicaría cualquier acción de fuerza que estuviera tentado a aplicar a una Colombia que con Cepeda resultara más extrema que con Petro.