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La irrupción de la alta costura española en el circuito internacional, explicada por el último premio Ernestina de Champourcin

Daniele Gennaioli ha impartido un seminario del Grupo de Investigación en Historia Reciente (GIHRE)


FotoManuel Castells/Daniele Gennaioli, ganador de la última edición del premio Ernestina de Champourcin, durante el seminario que impartió al Grupo de Investigación en Historia Reciente (GIHRE)

El investigador italiano Daniele Gennaioli, ganador de la última edición del premio Ernestina de Champourcin, ha explicado en el seminario del Grupo de Investigación en Historia Reciente (GIHRE) de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad cómo se construyó la identidad internacional de la alta costura española entre 1952 y 1975. A través del premio Ernestina de Champourcin, que debe su nombre a la poeta de la generación del 27, el GIHRE y la Red WINN del programa CYTED reconocen aportaciones inéditas a la historia de la mujer.

Más allá de algunos éxitos individuales, España empezó a emerger en el circuito internacional de la moda a partir del I Festival de la Moda Española, celebrado en el Hotel Palace de Madrid en 1952, como ha explicado el experto. Sin embargo, tal y como ha señalado, en la conexión de España con el mundo de la moda fue decisiva la belleza del patrimonio español, explotado por las publicaciones más exitosas. Enclaves como, por ejemplo, Granada, atrajeron la atención del sector para sus reportajes. Un caso muy similar se había producido en la moda italiana. Gennaioli, conocedor de ambos mundos, ha encontrado similitudes en la consolidación de los dos países en el panorama internacional a través de lugares que eran, al mismo tiempo, un reclamo turístico.

Otra similitud entre Italia y España fue el papel de sus embajadoras femeninas. En uno y otro caso funcionó la presencia mediática de estrellas cinematográficas, como la española Lora Flores. Por otro lado, el binomio moda-aristocracia ayudó a penetrar a ambas culturas en el mismo circuito, en especial gracias al interés que la nobleza despertaba en Estados Unidos. La duquesa de Alba representó un caso arquetípico. Sin embargo, se trataba más bien del triunfo de un paradigma de belleza nacional, de la creación de una imagen de mujer española que, como señaló el jurado que premió el estudio de Gennaioli, “se proyecta en el imaginario estadounidense”.

El estímulo necesario para la internalización de la moda lo aportó, por un lado, una circunstancia política como fue la creación de una comisión interministerial en 1967 para aprovechar la alta costura, favoreciendo su presencia en el circuito internacional y en las publicaciones extranjeras, con el objetivo de mejorar la imagen del régimen español. Y, en segundo lugar, la labor divulgadora de las representantes en España de revistas como Harper’s Bazaar o Vogue. Gennaioli ha destacado en el seminario del GIHRE la labor de Aline Griffith, editora para Vogue en Madrid. Griffith, modelo y espía estadounidense durante la Segunda Guerra Mundial, condesa de Romanones a raíz del matrimonio que contrajo en 1947 con Luis de Figueroa y Pérez de Guzmán el Bueno, fue Madrid editor de Vogue desde 1964 hasta 1982. En esta tarea combinó la promoción de la moda española con el cultivo de su propia imagen personal, percibida como fusión de folklore y modernidad en la España de entonces y, desde Estados Unidos, como típicamente española, a pesar de haberse criado en una familia de clase media norteamericana. En sus apariciones en la prensa extranjera, se destacaría, en medio de un aura historicista, su carácter aristocrático.

El trabajo presentado por Daniele Gennaioli al premio Ernestina de Champourcin, fruto de su tesis doctoral, se titulaba Elizabeth Howell Buckley, Aline Romanones y el oficio de Madrid Editor para Harper’s Bazaar y Vogue. Estrategias y modelos utilizados en el proceso de construcción de una identidad internacional para la moda española (1952-1975).

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