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Los textos epigráficos desaparecidos del retablo mayor de la catedral de Pamplona


FotoIgnacio Miguéliz/Detalle del retablo mayor de la catedral de Pamplona, hoy en la parroquia de San Miguel.

Algunos mecenas de singulares obras dejaron constancia de su promoción artística. En unos casos a través de inscripciones y en otras, mediante sus emblemas heráldicos. Estos últimos abundan en la catedral pamplonesa, desde los que decoran las pinturas murales, hasta los que aparecen en algunos retablos, como el de las reliquias con el del obispo Prudencio de Sandoval, o el de San Fermín, con el del palacio de Errazu, al que pertenecía su promotor el arcediano don Fermín de Apeztegui.

En el caso del retablo mayor -hoy en la parroquia de San Miguel de Pamplona-, los escudos de quien lo planeó y costeó, don Antonio Zapata, obispo de Pamplona entre 1596 y 1600, aún se pueden ver, a plomo con las columnas extremas de los primeros cuerpos del retablo. Peor suerte corrió la inscripción que figuraba en piedras de jaspe de su pedestal, cuando en la desafortunadísima intervención de la postguerra en la catedral se desmontó el retablo. Nada sabemos de esas piezas y se dan por desaparecidas. Conocemos el texto latino de sus inscripciones gracias a la diligencia del prior Fermín de Lubián que lo tomó en pleno siglo XVIII y a Mariano Arigita, que lo publicó en su conocida Guía del Viajero en Pamplona (1904).


Detalle del retablo mayor de la catedral en su capilla mayor, tras la reja, c. 1930

En los estudios del retablo se ha recogido su texto literal, pero nunca se ha desarrollado, algo necesario puesto que contiene diversas abreviaturas y letras para descifrar. Además, como veremos, indica en la mejor de las síntesis, cuanto hizo el obispo en esta empresa artística, ampliamente estudiada por la profesora García Gainza.

El texto dado a conocer por Arigita, reza así:

LADO EVANGELIO

ANTONIVS ÇAP 
EPISC POMP 
HOC D C SCALP- 
TVRAE T PIC- 
TVRAE AER S 
F C A S MD 
XCVIII

LADO EPÍSTOLA

ANTONIVS ÇAP EP POMP 
H O SANCTISS 
D G TPL ORN 
A S MDXC 
VIII

Parecida lectura de la inscripción hizo el prior Fermín de Lubián (1690-1770), hombre diligente, cultísimo y gran conocedor de la historia diocesana y catedralicia, autor de un sinnúmero de informes de distinta naturaleza; era natural de Sangüesa y estuvo bien relacionado con las élites de poder en la Pamplona de su tiempo. En su Relación de la Santa Iglesia de Pamplona, la recogió, con la única diferencia de que, en la del lado del Evangelio, en la parte correspondiente a la tercera línea, la “D” la interpreta como una “O”, lo cual puede tener más sentido para desarrollarse como Hoc opus consecratum.

El desarrollo de la misma que proponemos, tras su estudio y consulta con los profesores Carmen Castillo y Javier Andreu, a quienes agradecemos sus precisiones, es el que sigue:

LADO EVANGELIO 

ANTONIVS ÇAPATA
EPISCOPVS POMPAELONENSIS
HOC OPVS CONSECRATVM SCALP- 
TVRAE ET PIC- 
TVRAE AERARIO SVO
FACIENDVM CURAVIT ANNO SALVLIS MD
XCVIII

LADO EPÍSTOLA

ANTONIVS
ÇAPATA EPISCOPVS POMPAELONENSIS 
HOC OPVS SANCTISSIMVM 
DEI GLORIAE TEMPLI ORNAVIT 
ANNO SALVTIS MDXC 
VIII 

Del contenido se desprende que el obispo pagó de su peculio (aerario suo) la obra y dejó constancia del hecho. Asimismo, también quiso dejar prueba por escrito de cómo vigiló, gestionó y se encargó de la construcción de todo lo relacionado con la pieza (faciendum curavit), siendo consciente de cuánto significaba un retablo mayor para la catedral pamplonesa, como punto visual, ritual, espiritual y devocional. A ello, hemos de agregar que considera por igual la parte escultórica como la de pintura, expresada en su policromía. Algunas de las expresiones latinas tenían largo recorrido en la epigrafía, pues fueron utilizadas en otras muchas inscripciones, tanto de la Antigüedad como en la época renacentista.

El obispo Zapata eligió con cuidado a los mejores oficiales de Navarra en aquellos momentos para su empresa y fruto de su conocimiento de las artes, sabemos que fue uno de los contadísimos obispos que se permitió aconsejar a un maestro para la ejecución de la sillería de la parroquia de Sesma. Convencido del éxito que suponía el arte escurialense y el Romanismo, se distinguió por la promoción de obras como la sacristía de la catedral y las andas argénteas del Corpus, obra esta última del platero José Velázquez de Medrano, sin olvidar su participación en el encargo del catafalco para las honras fúnebres de Felipe II. Por cierto, que en la inscripción de las andas de plata también se insiste en sus fondos particulares con este texto: “Antonius Çapata Eps. Pomp. Erarium hoc rerum secrarum ere suo F. A. MDXCIX”.


Inscripción en el pedestal del retablo, según Mariano Arigita

A su traza escurialense, podemos definir como lo habían hecho con un retablo coetáneo, el mayor de Cascante, como “edificio de arquitectura”. Así aparece, en 1595, en un requerimiento para que los maestros que lo tenían encomendado residiesen en Cascante y finalizasen la obra del retablo, de cuyo ensamblaje se encargó el mismo que en Pamplona, Domingo de Bidarte.

Acerca de su tipología vignolesca, hemos de recordar el contrato, suscrito el 11 de julio de 1597, en Cascante por el escultor González de San Pedro, por el que traspasó toda la labor de arquitectura del retablo catedralicio pamplonés al ensamblador establecido en Estella, Domingo de Bidarde, a excepción de los capiteles corintios y compuestos. En el documento se señala que toda la arquitectura se realizaría “conforme al arte y bien acabado y labrado y preceptos de Viñola”, cuyo tratado fue muy citado en la década de los noventa, por contar con la traducción hispana de su tratado de arquitectura, que se publicó en 1593 por Patricio Caxés.

Iconográficamente, el autor de los relieves y esculturas del retablo catedralicio, Pedro González de San Pedro, desarrolló un ambicioso programa en el que se deban cita todos los temas cristológicos, mariológicos y de combate contra el protestantismo, a una con las devociones particulares del obispo Zapata, que llegó a incluir los patronos suyo y de su padre, así como sendas devociones acendradas en su persona tras su paso por la catedral de Toledo: la imposición de la casulla a san Ildefonso y el hallazgo del cuerpo de santa Leocadia, temas harto inusuales en estas tierras y tan sólo presentes en lugares en donde lo toledano estaba presente por la labor de otros mecenas y promotores.

Para saber más

ALVARADO, F. (pseudónimo de Mariano Arigita), Guía del viajero en Pamplona, Madrid, Establecimiento Tipográfico de Fortanet, 1904
CRIADO MAINAR, J., “Nuevas noticias documentales sobre el antiguo retablo mayor de la Catedral de Pamplona”, Cuadernos de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, nº 1. Estudios sobre la catedral de Pamplona in memoriam Jesús Mª Omeñaca, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2006, pp. 145-160
GARCÍA GAÍNZA, M. C., “Actuaciones de un obispo postridentino en la catedral de Pamplona”, Lecturas de Historia del Arte. Ephialte (1982), pp. 110-124
LUBIÁN Y SOS, F., Relación de la Santa Iglesia de Pamplona de la provincia Burgense, ed. de José Goñi Gaztambide, Pamplona, Real Cofradía del Gallico de San Cernin, 1954, p. 100

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