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La Universidad y el grupo de Física en Oncología Radioterápica del Massachusetts General Hospital colaboran en buscar soluciones para una radioterapia más eficaz

Las dos instituciones han firmado un convenio marco para colaborar en la investigación sobre radioterapia con el fin de mejorar la calidad de vida de los pacientes


FotoManuel Castells
/Javier Burguete

17 | 04 | 2024

El grupo de investigación de Física Médica y Biofísica de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Navarra y el grupo de investigación de Física en Oncología Radioterápica del Massachusetts General Hospital -adscrito a la Facultad de Medicina de Harvard- han firmado un convenio de colaboración para investigar en la búsqueda de una radioterapia más personalizada.

Según cuenta Javier Burguete, coordinador del grupo investigador de la Universidad de Navarra, el objetivo principal de este acuerdo es desarrollar un modelo adaptado a cada paciente combinando los distintos enfoques de trabajo que proponen ambos grupos de EE.UU.  y Navarra. “El grupo de EE.UU. tiene desarrollado un modelo genérico basado en parámetros estadísticos de la población. Nuestro grupo ha desarrollado un procedimiento para obtener de manera personalizada la circulación sanguínea de grandes vasos, a partir de medidas en Resonancia Magnética”.

Este convenio, que tiene una duración de cinco años prorrogable, facilita el intercambio de doctorandos e investigadores entre las dos instituciones. La colaboración comenzó cuando Carlos Huesa, profesor de la Facultad de Ciencias inició una estancia postdoctoral en la Universidad de Harvard hace más de un año. Marina García-Cardosa, estudiante de doctorado de la Universidad de Navarra, comenzó una estancia en diciembre gracias a este convenio.

“El objetivo es mejorar los tratamientos que reciben los pacientes, y acercarnos más hacia un tratamiento completamente personalizado. El trabajo de Carlos Huesa abre la puerta a obtener una mejor estimación de la dosis recibida en el caso de tratamientos utilizando esferas radioactivas, y en el caso de Marina García-Cardosa abre la puerta a reducir la radiación recibida por la sangre circulante”.

Para Burguete esta investigación puede tener una aplicación directa en aquellos pacientes tratados con estas terapias y se pretende reducir los efectos secundarios de las dosis de radiación. “Reducir la dosis que reciben los órganos sanos es crucial para que la calidad de vida y el pronóstico sean los mejores posible. Nuestro trabajo aporta una valoración de la dosis que recibe la sangre, que cada vez más se considera un órgano de riesgo”, concluye.

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