Publicador de contenidos

null noticia_FYL_14_09_2021_dante

Se cumplen 700 años del fallecimiento del poeta italiano Dante Alighieri

Entrevista al profesor Gabriel Insausti sobre su figura y su obra


FotoManuel Castells/El profesor Gabriel Insausti con un ejemplar de la Divina Comedia de Dante Alighieri

14 | 09 | 2021

Texto

El 14 de septiembre, se cumplen 700 años del fallecimiento del escritor italiano Dante Alighieri.

Con motivo de esta efeméride, entrevistamos al profesor de la Facultad de Filosofía y Letras Gabriel Insausti, quien nos adentra en la figura del «mayor poeta de nuestra era» y explica la influencia que, siete siglos después, su obra sigue teniendo en la cultura y la literatura occidental.

P. ¿Podría contarnos brevemente quién fue Dante?

R. Dante es el mayor poeta de nuestra era. Vivió en Florencia cuando se trataba de la ciudad más pujante y rica de Europa, se involucró en la política local y, debido a las rencillas entre güelfos y gibelinos, en 1302 fue acusado de corrupción mientras se encontraba realizando tareas diplomáticas en Roma. Se le condenó a muerte y se le conmutó la pena por el pago de una suma, pero él se negó a pagarla y tuvo que vivir en el exilio –Forli, Pisa, Venecia, Padua, Rávena- el resto de su vida.

Su obra máxima es, pues, fruto del destierro, del desarraigo y la distancia, en una experiencia que muchos hombres y mujeres del siglo XX y XXI conocen mejor de lo que quisieran.

P. ¿Cuál ha sido su principal contribución?

R. En primer lugar, su materia de trabajo: fue quien elevó el dialecto toscano a rango literario, demostrando así que era posible rivalizar con los clásicos en el idioma romance (cosa que había defendido en «De volgari eloquentia»). «Onorate l’altissimo poeta», el verso que él dedicó a su admirado Virgilio, es el epitafio que hoy se lee en el cenotafio (monumento funerario) al propio Dante, en la iglesia della Santa Croce, en Florencia; puede decirse, pues, que el Renacimiento comienza con él o que su figura, como la de Giotto, lo anticipa.

Por otra parte, esa lengua quedó como el modelo (junto con «I promessi spossi» de Manzoni y algún otro título) sobre el cual se crearía el italiano moderno; Umberto Eco calculó que de las dos mil palabras básicas que necesita el italiano de hoy para expresarse mil ochocientas están en Dante. Además, en su monumental «Commedia» logró resumir el mundo de su época, el Medievo, con sus conflictos, sus símbolos, sus personajes, etc. Quien quiera conocer la Edad media debe acudir a él.

P. ¿Por qué, 700 años después, su obra sigue teniendo tanta vigencia?

R. Primero, porque, como ya he dicho, constituye el mejor y más completo testimonio de una época. Segundo, porque ese testimonio se ha esculpido en una forma admirable: la terza rima de los treinta y tres cantos de cada una de las tres partes de su «Commedia». Tercero, porque pese al tiempo transcurrido esa expresión sigue siendo legible para el lector, a diferencia de lo que ocurre con otras piezas literarias coetáneas. Cuarto, porque sus versos reúnen sonido, ritmo, ideas filosóficas, drama humano, dogma teológico, chismorreo político, todo. Quinto, porque de la aspereza de su propia experiencia y las contradicciones y la podredumbre de su época Dante extrae un himno a la esperanza (también, por cierto, un recordatorio de la responsabilidad).

P. «La divina comedia» es una de sus obras más conocidas y reconocidas, ¿por qué?

R. Sin duda, por la imaginación, la capacidad plástica que demuestra ahí el poeta. Se trata de narrar el recorrido del propio Dante y su guía a través del Infierno, el Purgatorio y el Cielo. Es decir, realidades escatológicas que, como dice la Escritura, «ni ojo vio ni oído oyó». Un desafío. Y, sin embargo, Dante logra prestar una encarnadura palpable al reino de lo espiritual, hace que las cosas se manifiesten a los sentidos. Casi, con algunos de sus símiles y sus descripciones, sentimos que podríamos tocar a sus personajes y sus escenarios.

P. ¿Podría decirnos algún otro título que, en su opinión, sea imprescindible leer?

R. «El Convivio», «Monarquía», «La vita nuova». En los dos primeros, lo que hoy llamaríamos ensayos, se comprueba cómo Dante ocupa un lugar intermedio entre la cultura teocéntrica de raíces escolásticas y la visión antropocéntrica que asomará pronto en el humanismo, con uno de sus principales herederos de la siguiente generación: Petrarca. En el tercero se reconoce el mundo literario del que procedía Dante: la poesía amorosa del dolce stil nuovo (dulce estilo nuevo) que habían cultivado amigos suyos como Guido Cavalcanti.

Dante, lo comprobamos entonces, es el poeta de la teología, sí, pero también de la política, de Europa, del amor humano. Es el hombre eminente que se pregunta por la naturaleza de la auténtica nobleza, es el pecador en busca de redención, es el ciudadano que añora y desprecia a su ciudad de origen a un tiempo, es el pensador que proyecta un orden político de la unidad contra la fragmentación y el conflicto permanentes, es el habitante del mundo histórico que concede a las realidades terrenales su entidad y su relativa autonomía pero sabe que todo procede de Dios y está ordenado hacia Él, es el amante de la belleza que reconoce en ella un anticipo de una realidad más elevada.

P. El año que viene tiene previsto publicar el libro «Carta a Dante», ¿podría adelantarnos algún dato de esta obra?

R. Se trata de una suerte de libro de viajes en el que dialogo con el poeta. Lo escribí con ocasión de una estancia de hace dos años en Bolonia, donde el propio Dante pasó algún tiempo en su juventud. Además, dado que se trata de la cuna de la institución universitaria, era inevitable reflexionar sobre el presente y el futuro de la educación. Y, puesto que la estancia coincidió con la última campaña electoral para unas elecciones europeas, me pareció una oportunidad para introducir algunas ideas sobre el porvenir de Europa.

En realidad, la idea de buscar un interlocutor en Dante se me ocurrió antes, cuando leí que en el Ayuntamiento de Florencia se había sometido a votación la posibilidad de anular la condena que lo condujo al exilio. La moción se aprobó, pero ¡por diecinueve votos contra cinco! ¿Siete siglos después y todavía cinco tipos se la tienen jurada a Dante? Es mucho espíritu de vendetta, caramba. Y me pregunté: bien, así las cosas, si pudiera hacerlo, ¿querría hoy Dante volver a aquella Florencia, a aquella Europa que abandonó hace tanto tiempo?