Expertos piden no centrar el debate digital en prohibiciones, y reclaman más formación y corresponsabilidad
El Congreso sobre Ciudadanía y Derechos Digitales, celebrado en la Universidad, alerta del impacto emocional de las redes sociales y llama a reforzar la educación, el criterio personal y la protección de los menores
FotoManuel Castells/De izquierda a derecha, Mercedes Muñoz, Anne Igartiburu, Charo Sádaba y Adrián Cano.
06 | 02 | 2026
El Congreso sobre Ciudadanía y Derechos Digitales, celebrado en la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, concluyó con un mensaje compartido: el debate sobre redes sociales y tecnología no puede reducirse a la prohibición. Expertos en comunicación, psicología y educación coincidieron en que el bienestar emocional en la era digital exige reforzar la formación, el criterio personal y la corresponsabilidad de todos los actores implicados.
Durante el encuentro, se abordó la necesidad de revisar y reforzar los derechos digitales en un contexto social y geopolítico cada vez más polarizado. En la apertura, Ana Azurmendi, directora del congreso y catedrática de la Facultad de Comunicación, destacó la importancia de protegerlos y difundirlos: “Los derechos son los mismos dentro y fuera de las redes sociales. Es importante concienciar a la ciudadanía para que pueda protegerse de forma más eficaz”.
Por su parte, Juan Miguel Márquez, subdirector adjunto de Estrategia en el Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad de Red.es, subrayó la necesidad de reflexionar sobre la vigencia y aplicación de estos derechos: “Tomamos cada vez más decisiones por vías digitales. Lo que no se puede hacer en el mundo no digital tampoco debería permitirse en el digital”. Además, defendió que “los derechos son una institución; la tecnología cambia, pero los derechos no”. En un contexto de polarización, añadió, “los derechos digitales siguen siendo el espacio común que permite el diálogo y una convivencia civilizada”.
Bienestar digital, responsabilidad compartida
La mesa redonda “Bienestar digital” abordó el impacto emocional del entorno digital y el papel de la conversación en redes sociales. En ella participaron Anne Igartiburu, presentadora de RTVE y creadora del espacio digital Mi latido de más; Adrián Cano, director del Servicio de Psiquiatría y Psicología Clínica Universidad de Navarra; y Charo Sádaba, catedrática de Comunicación y decana de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra. La sesión fue moderada por Mercedes Muñoz, profesora de Derecho del Marketing en la Facultad de Comunicación.
Los participantes coincidieron en que el uso de redes sociales implica decisiones que afectan a distintos actores y que su desarrollo debe equilibrar derechos, deberes y responsabilidad social.
Igartiburu destacó la importancia del compromiso personal para crear entornos digitales seguros: “Tener criterio para decidir qué consumimos y qué aportamos es clave”. Además, advirtió de los efectos que un consumo no gestionado puede tener sobre el bienestar personal: “Lo que nos permitirá sobrevivir frente a las amenazas tecnológicas son los valores que rigen nuestra vida”.
Desde el ámbito psicológico, Adrián Cano alertó del incremento de conductas adictivas asociadas al uso de redes sociales y reclamó una mayor humanización del entorno digital. Sin demonizar las plataformas, identificó cuatro actores clave en esta responsabilidad compartida: la industria, los usuarios, el sistema educativo y las familias, a los que Charo Sádaba sumó el papel de los poderes públicos. Cano señaló que “los menores son especialmente vulnerables y necesitan protección. La formación y la reducción del tiempo de consumo son medidas básicas”.
Por su parte, Sádaba aseguró que, aunque existen herramientas legales como la alfabetización mediática, su aplicación práctica presenta limitaciones cuando se aborda como una competencia transversal. También incidió en la importancia de la responsabilidad individual: “Ser consciente del tiempo de uso de redes sociales es un acto imperativo hoy en día. A partir de ahí, se pueden plantear estrategias para reducir el tiempo de uso”.
Identidad, inteligencia artificial y relaciones humanas
El debate se centró también el impacto de la inteligencia artificial en la construcción de la identidad y las relaciones personales. Los ponentes coincidieron en que la tecnología facilita la vida cotidiana, pero puede generar tensiones con bienes humanos que requieren esfuerzo, como la construcción de vínculos, la atención sostenida o la búsqueda de sentido.
“La recompensa inmediata y la hiperconexión están influyendo en la identidad de los jóvenes y en el aumento de la ansiedad”, señaló Cano. Para Igartiburu, detrás de esta fragilidad identitaria “hay miedo a no pertenecer”, mientras que Sádaba advirtió del riesgo de delegar en la tecnología procesos profundamente humanos.
En este contexto, defendió la necesidad de una educación más explícita y coherente, especialmente ante la expansión de la inteligencia artificial: “La inteligencia artificial ofrece un poder enorme que muchos están usando de forma irresponsable, lo que plantea si los adultos tienen la alfabetización mediática necesaria para educar a los menores en este ámbito”.
Sobre el Observatorio
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