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Is Video replacing Writing as the dominant form of Communication?

Lloyd Spencer Davis, Stuart Professor of Science Communication, University of Otago, New Zealand

Lloyd Spencer Davis

Writing does not come naturally to us humans in the way that speech does. Evidence uncovered by archaeologists and anthropologists points to abstract language – speech – being the defining characteristic that makes us human; the thing that has accelerated our evolution and our invention of technology from stone tools to wheels to rocket ships.

Our ancestors have been communicating using speech for nearly two million years. By comparison, writing is a relatively recent phenomenon, arising at several places around the globe independently, but first in Mesopotamia about 5,200 years ago. Yet, it wasn’t until Johannes Gutenberg refined the printing press in the middle of the 15th Century that there could be the mass distribution of books. Hence, even though we tend to think of writing and reading as an integral part of our daily lives, it has been like that for less than 600 years.

As pervasive as writing is for us today, there is no reason to actually think it should remain so. A recent article in the New York Times notes the dramatic rise in video and audio as ways we ingest information: it predicts a post-text future. That’s not as silly as it sounds at first glance, ironically, when reading the article in the NYT. Video consumption on platforms like YouTube and Facebook has gone stratospheric in the last couple of years. And the fastest growing technology segment at the moment, as evidenced from the Consumer Electronic Show (CES), is the adoption of voice-controlled assistants in the home. Need a recipe, a bio about Theodore Roosevelt, the score in the football? Don’t look at books or even do a search online: just ask Amazon’s Alexa, Apple’s Siri, or the Google Assistant. Want to be entertained? Pick up the iPad and jump onto YouTube and watch what you want, when you want, on demand and online. Feel like reading Moby Dick? Just ask Alexa to read you the audiobook version.

Writing is not going to go away completely anytime soon. But those of us involved in communication need to embrace this Brave New World of video, imagery and sounds. We need to be where the public’s eyes and ears are: and they are increasingly not looking at words, be them on a page or a screen. The pen may indeed be mightier than the sword, but it is those original skills to watch and listen, refined over two million years, that offer the most powerful and enduring means of communication.

[abstracted from a post on sciencecommunication.blog]

 

El conocimiento cautivo: divulgar la ciencia

Ignacio López-Goñi, Catedrático de Microbiología. Director del Museo de Ciencias en la Universidad de Navarra

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Ignacio López-Goñi Catedrático de Microbiología Director del Museo de Ciencias Universidad de Navarra

Una nueva fórmula: I+D+i+d

La última encuesta de percepción social de la ciencia -que realiza cada dos años la Fundación Española para la Ciencia y la Tecnología-, muestra una tendencia ligeramente ascendente desde 2007: a la gente le interesa cada vez más la ciencia. Pero no nos engañemos, solo un 15% de la población tiene interés por la ciencia, a cerca del 40% la ciencia no le despierta ningún interés y más del 35% no la entiende. La encuesta también incluye algunas preguntas sobre los conocimientos científicos. Entre las respuestas, el 72% de las personas encuestadas piensa que el Sol gira alrededor de la Tierra y el 69%, que los primeros humanos fueron coetáneos de los dinosaurios. No obstante, la ciencia es una de las profesiones mejor valoradas. 

Por otro lado, ciencia y tecnología influyen de forma creciente en nuestras vidas. Sin embargo, la sociedad en general mira a estos ámbitos con poco interés. Ejemplo de ello es nuestro escándalo cuando un alumno de bachillerato no sabe citar un pintor español del siglo XX y la normalidad con la que observamos que no conozca el nombre de ningún científico.

En realidad, no damos importancia a ignorar qué es el ADN o cómo funciona un gen, a pesar de que todas las semanas haya alguna noticia sobre avances que van a cambiarnos la vida. No se trata de que todos seamos científicos, sino de interiorizar su verdadera importancia. 

Del lado de la universidad y los centros de investigación tampoco se están haciendo las cosas bien. En general, nos quejamos del poco apoyo gubernamental; pensamos que se valora poco la investigación; que faltan políticas que promuevan la I+D+i; que no hay dinero para investigar; hablamos una y otra vez de la fuga cerebros y de una generación pérdida; e insistimos en que “#sinCiencianohayfuturo”. Y todo ello es verdad: ¿han visto ustedes recientemente algún debate político hablando de ciencia? Los políticos se preocupan de lo que le interesa a la gente, y a la gente la ciencia no es lo que más le interesa. Por desgracia, olvidamos que una sociedad más formada -también en ciencia- es más culta, crítica, libre y democrática. 

¿Qué hacer entonces?: ¡Deja de quejarte y … haz divulgación científica! Si queremos que nuestra ciencia influya en la sociedad; si queremos el apoyo de la sociedad: hay que contar lo que hacemos, porque la ciencia que no se cuenta, no cuenta. 

En nuestros laboratorios, bibliotecas, departamentos y aulas hay mucha ciencia, pero es un conocimiento cautivo, solo accesible a unos pocos. El futuro está en una nueva visión de la ciencia y la universidad: open innovation, open science, open world. 

Nuestros alumnos son el mundo entero. Una de las funciones de la Universidad es la difusión del conocimiento y la cultura a través de la extensión universitaria. Por eso, la divulgación de la ciencia es parte del trabajo de un profesor e investigador universitario, aunque no todos deban dedicarse a ello. La Universidad tiene que divulgar la ciencia porque es un derecho, por responsabilidad social y por calidad democrática. 

Con divulgación científica no me refiero a comunicación institucional de la actividad investigadora de un centro. No es lo mismo. No se trata solo de contar o informar de lo que cada departamento hace, sino de divulgar la ciencia y demostrar que también es cultura. Se trata de aplicar una nueva fórmula: I+D+i+d= investigación + desarrollo + innovación + divulgación.

En este contexto, en el de la nueva ciencia del siglo XXI, adquiere todo el sentido #LabMeCrazy, un festival de cine y audiovisuales de ciencia que quiere poner en valor la ciencia al servicio de la naturaleza y del hombre, y servir como punto de encuentro de la comunicación y difusión de la cultura científica. Una forma más de contribuir a una sociedad más culta, más crítica y más libre.

 

Los científicos luchan por la credibilidad en internet

James Breiner, profesor de Comunicación Pública en la Universidad de Navarra

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Los periodistas no son los únicos que reciben ataques de los usuarios digitales que cuestionan su credibilidad. Los científicos también deben lidiar con los bulos y las teorías de conspiración divulgadas por los ignorantes y los maliciosos.

Cuando la ciencia entra en la esfera de la política, el comercio o la religión, comienza la batalla. En el siglo XVII, la Iglesia Católica condenó al astrónomo Galileo por declarar que la Tierra no era el centro del universo sino que giraba alrededor del Sol.

Mucho más reciente, la revista New Republic recientemente reveló cómo los líderes de la Agencia para la Protección del Medioambiente (EPA por sus siglas en inglés) están adoptando políticas que desacreditan las evidencias científicas sobre la contaminación del aire, evidencias que gustan muy poco a las industrias del carbón y del petróleo.

 

El cambio climático y las vacunas

Hoy día las redes sociales representan un importante campo de batalla para la credibilidad científica, aunque los mismos científicos aparentemente no se dan cuenta de ello. El formato popular del vídeo en línea desafía a los científicos, especialmente en los temas controvertidos como el cambio climático y las vacunas. Esto es lo que muestran las numerosas investigaciones que se analizan en la obra editada por Bienvenido León, profesor de la Universidad de Navarra, y Michael Bourk titulada "Comunicando la ciencia y la tecnología mediante el vídeo en línea: investigando un nuevo fenómeno mediático" (Communicating science and technology through online video: researching a new media phenomenon), (Routledge, New York, 2018, 140 pp.).

Mientras estos investigadores a menudo encuentran mucha ciencia de alta calidad en los vídeos, al mismo tiempo describen como los activistas y los charlatanes han conseguido audiencias importantes con sus trabajos. Los grupos de presión, los cabilderos o los usuarios normales se han movilizado por el combate sobre los asuntos del cambio climático y las vacunas.

Resulta que el sensacionalismo y la desinformación, especialmente el contenido que fomenta el temor y la ansiedad, atraen a grandes audiencias. Muchas veces, los voceros del miedo logran audiencias mayores que las instituciones respetadas -universidades, fundaciones, ONG- que producen los estudios científicos de calidad. Y es que los científicos se aferran a los hechos, lo que en internet no genera el tipo de "enganche" (engagement) premiado por los algoritmos de las redes sociales.

Los periodistas, parte del problema

Los periodistas que siguen el modelo tradicional de presentar una controversia de manera imparcial  frecuentemente dan la misma importancia a ambos lados de los debates a pesar de que uno de ellos no tenga ninguna prueba científica, como es el caso de quienes sostienen que las vacunas causan el autismo, a pesar de las evidencias científicas en contra. De hecho, a menudo sucede -como señalan los autores- que "los intentos de corregir la desinformación suelen esparcir las creencias falsas aún más"


 

Video as a Tool for Science Communication

Bienvenido León, Profesor de periodismo científico en la Universidad de Navarra, Director de #LabMeCrazy! Science Film Festival.

Bienvenido León, Professor of Scientific Journalism at the University of Navarra, Director of #LabMeCrazy! Science Film Festival

Let me tell you a short personal anecdote. Twenty-six years ago, I joined the University of Navarra to run a small audiovisual production center called Euroview, whose main goal was to produce audiovisual materials with scientific content. One of the new team’s first initiatives was to organize a meeting of all researchers who might be interested in producing videos to raise awareness of their work. Since there were over 2,000 researchers at the University at that time, we booked a huge room in anticipation of a massive turnout. You can imagine our bitter disappointment when just two scientists turned up.

I’ve recalled that anecdote many times over the years, and I’ve had to accept that science videos were not a particularly interesting prospect at that time. Today, however, we are facing a completely different scenario. All universities and research centers now consider video production to be a highly relevant activity. It’s no wonder.

Surveys reveal that most people get their information about science and technology from TV and the Internet. In Spain, the latest survey on the social perception of science was conducted in 2018 by the Spanish Foundation for Science and Technology (FECYT) and indicated that 75% of Spaniards get their information about science topics from TV, while 63% get it from the Internet. It should also be noted that videos account for more than 80% of all data on the Internet. In other words, video is an essential tool for raising public awareness of science.

But it’s not just about numbers. Images can play a key role in disseminating scientific content, since they can work as icons to illustrate concepts that might be difficult to understand in a written text. Research in this area also confirms that images are more effective than text at conveying information that can be recalled later.

I could cite even more arguments to support the importance of video as a means of communicating science. However, in my opinion, there is one fundamental reason: images convey emotions that captivate audiences and encourage people to get involved in scientific matters because these matters directly affect them. In a society marked by an overabundance of information of every kind, science needs to be able to compete on equal footing for audiences’ attention. In this context, video is as important a tool as the microscope.

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