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“Cómo sabemos que no vivimos en Matrix es la misma pregunta que los filósofos se han planteado desde Descartes”

Steven Crowell, profesor de la Universidad Rice (EE. UU.), repasó algunos de los desafíos de la filosofía actual en el marco de un encuentro internacional organizado por el ICS

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Steven Crowell durante el congreso 'Ways of Being Bound' organizado por el proyecto ‘Cultura emocional e identidad’
FOTO: Elena Beltrán
08/11/17 16:52 Elena Beltrán

Steven Crowell, profesor de Filosofía en la Universidad Rice (EE. UU.), participó como ponente en el workshop internacional ‘Ways of Being Bound’, organizado por el proyecto ‘Cultura emocional e identidad’ del Instituto Cultura y sociedad (ICS) y financiado por el Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España, en el marco del subproyecto ‘Vínculos, emociones y racionalidad práctica’.

En su conferencia abordó el tema de la autovinculación (self-binding), que define como “un compromiso de ser de cierta manera que guía las acciones futuras y vincula a las personas a elevarlas a lo que es mejor”.

Entre sus campos de investigación también está la filosofía europea del siglo XX, la fenomenología y Nietzsche, entre otros. Además en diversas ocasiones ha tratado en sus ponencias el tema de la esfera pública y la comunicación.

En los últimos tiempos, la Filosofía ha perdido peso en la educación secundaria en algunos países. ¿Cómo ve el futuro de la Filosofía en general?
En EE. UU. casi no hay Filosofía en secundaria. Hay un movimiento para introducirla y creo que es un objetivo digno. Aunque es difícil saber cuándo es el momento adecuado para plantear las cuestiones filosóficas, porque se requiere cierta madurez para hacerlo, creo que los estudiantes de secundaria tienen una inclinación filosófica natural. Les gusta hacer grandes preguntas y debatir.

Pero el futuro de la filosofía está mucho más cerca de los cambios estructurales que están sucediendo en la universidad y que tienden a enfatizar temas de financiación, que pueden parecer productivos, bien remunerados y que puedan atraer financiación externa de institutos científicos. Entonces las Humanidades están exprimidas por las personas (padres o estudiantes) que quieren desarrollar habilidades útiles en el mercado de trabajo. Pero esto es perder la parte más importante de la Filosofía y las Humanidades.

Mi esperanza es que de alguna manera la cultura vuelva a desarrollar el gusto y la comprensión por la educación en un sentido de construcción o cultivo que viene con un pensamiento profundo sobre problemas filosóficos o cómo interpretar textos literarios. Si no, se perdería algo esencial de nuestra humanidad y viviríamos en una realidad intervirtual en lugar de la realidad.

Y en concreto, ¿cómo ve el futuro de la fenomenología, una de sus líneas de investigación?
La fenomenología estudia la forma en que cada cosa se me presenta en mi experiencia en primera persona. Creo que si se toma en un sentido muy reducido como algunos movimientos particulares, se alinea con cualquier otro movimiento que esté encabezado bajo la filosofía continental: la fenomenología, la hermenéutica, el existencialismo, la deconstrucción, el post-estructuralismo, etc. Pero creo que la fenomenología es una forma de hacer filosofía, como la filosofía analítica. Por lo tanto, creo que su futuro está en manos de aquellos que consideran que esta forma de hacer filosofía es constructiva e instructiva. Y veo signos de que está muy extendido, porque aunque muchas personas no se identifican a sí mismas como fenomenólogas están haciendo fenomenología, y en este sentido creo que el futuro es brillante.

¿Cree que la fenomenología es todavía relevante en este mundo virtual?
Es un tema complicado. La fenomenología es relevante dondequiera que experimentemos algo. Como he comentado, básicamente estudia la forma en que cada cosa se me presenta en mi experiencia en primera persona, por lo que el mundo virtual plantea desafíos distintos para explicar el quién. Me experimento, por ejemplo, interactuando con robots intentando identificar si hablo con otra persona. También experimento la interacción con un avatar que es de una persona que, a distancia, está adoptando una identidad que puede (o no) tener algo que ver con quién es en realidad. Cuando estoy cara a cara con alguien, puedo hacerles preguntas e interpretar su lenguaje corporal. Sin embargo electrónicamente tengo muy poco que ver, en términos de cómo entiendo quién es la persona real (si es que es una persona real).

¿Cómo se diferencia el mundo virtual de el mundo real?
Considero que son muy distintos, aunque algunos dicen que el mundo virtual es muy convincente. Está toda la cuestión de cómo sabemos que no estamos viviendo en Matrix. Esta es la misma pregunta que los filósofos han estado planteando desde Descartes. ¿Cómo puedo saber que mi experiencia no es todo un malvado demonio funcional que me plantea tener estas vivencias? ¿O cómo sé que no soy un cerebro en un tarro y todo lo que vivo está siendo manipulado por un científico? Nada de lo que considero real es real en absoluto. No puedo entrar en las respuestas que la fenomenología puede dar a estas preguntas, pero son desafiantes. El escepticismo siempre ha sido un desafío para la Filosofía. La idea básica es que los escenarios en sí mismos son ininteligibles sin una base no virtual, es decir con la realidad real. No puedes formular el problema sin presuponer la prioridad de nuestra experiencia real. (Y esto es solo el comienzo del argumento).

¿Cree que internet ha cambiado el significado de esfera pública?
Sí, pero hemos mediado en la esfera pública durante mucho tiempo. La noción griega original de la esfera pública sería la democracia cara a cara, pequeñas comunidades en las que las personas toman decisiones en el ágora donde pueden confrontar con otras directamente. No hemos tenido ese tipo de situación durante mucho tiempo. Y creo que internet ha modificado el alcance de las cosas a una extensión global impredecible. Por un lado democratiza a las personas, las empodera, les da una voz, hemos visto muchos ejemplos de esto. Pero al mismo tiempo, empodera a las fuerzas destructivas que en el pasado acabaron marginadas. Y la marginación de ciertos puntos de vista también parece contradecir la noción de libertad, pero si no se margina el discurso mentiroso, falso e irresponsable en algún lugar u otro, se obtiene caos político. Por eso creo que el control es también importante en el discurso público a menos que sea en una comunidad muy pequeña, cara a cara, en la que la persona que está haciendo la declaración es directamente responsable de la declaración. Internet borra esa responsabilidad.

¿Quién cree que es ahora un actor político?
Todos lo somos, obviamente no todos tenemos un cargo, pero creo que el actor político es el que está tomando una posición en algo que concierne a la polis (ciudad). Y en un nivel u otro casi todo lo que hacemos concierne a la polis. Lo distintivo de lo político es que lo que estoy asumiendo es quiénes somos o deberíamos ser, por lo que se refiere particularmente a la constitución del nosotros. Entonces, el significado de quiénes somos y qué tenemos que hacer es el dominio esencial de la política. La mayoría de las decisiones que tomamos tienen algunas conexiones con esa constitución de quiénes somos o hacen referencia de alguna manera. Por supuesto, es una concepción muy general de la política, pero es coherente con la noción de democracia, ya que el actor político es el actor individual.

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