“Mi ilusión es formarme para dar un mejor servicio a la Iglesia”

Héctor Alejandro tiene 26 años y es mejicano. Tras ordenarse en agosto en Tabasco, ha vuelto a la Universidad de Navarra para estudiar la Licenciatura en Teología.

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Héctor Alejandro tiene 26 años, es natural de Tabasco (México) y actualmente cursa primero de la Licenciatura en Teología. FOTO: Chus Cantalapiedra
29/09/20 15:42 Chus Cantalapiedra

Héctor Alejandro tiene 26 años, es natural de Tabasco (México) y actualmente cursa primero de la Licenciatura en Teología. Vivió el confinamiento debido a la pandemia por coronavirus en España, mientras terminaba el Bachiller en Teología en la Universidad de Navarra, y asegura estar feliz de poder formarse una vez más aquí por todo lo que ha recibido.

Cuando regresó a Méjico en junio, una vez finalizados sus estudios, también vivió el confinamiento, pero de una manera diferente: estaba en su casa, con su familia. Aunque en ambas ocasiones intentó dar lo mejor de sí para ayudar en una situación tan complicada, en Tabasco no podía comulgar todos los días: “Lo eché mucho de menos. Me di cuenta de la suerte de vivir la misa diaria”, señala.

A finales de agosto se ordenó sacerdote y pocos días después el obispo de su diócesis le encomendó la tarea de volver a la Universidad de Navarra y continuar sus estudios. “Mi ilusión es formarme para dar un mejor servicio a la Iglesia”, asegura.

Recuerda que de pequeño participaba en las actividades que se hacían en su parroquia, en las catequesis, en las celebraciones de los domingos, en las adoraciones eucarísticas e incluso en un grupo de misiones. “Ahí me fue conquistando poco a poco el Señor”. Hasta que la Semana Santa de 2012, estando de misiones en un pueblo, conoció a un sacerdote de edad avanzada que “se desgastaba” mucho. Y, aunque él siempre se había imaginado como padre de familia y sus planes estaban enfocados a estudiar Ingeniería en la universidad, Dios salió a su encuentro.

Durante sus años en el seminario de Villahermosa, en Méjico, estudió algunos libros de profesores que luego le impartieron clase en Pamplona: “Qué emoción me produjo conocer a los autores de los libros que había leído. Ellos me enseñaron de primera mano su amor por la teología. De ellos aprendí que la teología es la manera de amar a Dios. Nadie ama lo que no conoce, y supieron transmitirnos el hambre de conocer más a Dios”.

Recién aterrizado en Pamplona, y teniendo un trozo de corazón en España y otro en Méjico, le vienen a su memoria algunas palabras que aprendió de don Juan Antonio Gil Tamayo, sacerdote formador del Seminario Internacional Bidasoa fallecido en marzo de 2019: “Cuando vengan momentos de nostalgia debes tener la cabeza en el libro y tu corazón en la diócesis, porque todo lo que aprendas aquí es para dar algo bueno allí”. Y en ello está.

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