8 de noviembre de 2007

Ciclo de conferencias

NUEVAS MIRADAS SOBRE LA CATEDRAL DE PAMPLONA

Una fachada para una catedral

D. Joaquín Lorda Iñarra.
Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra

 

La fachada de la catedral de Pamplona tiene un triple interés.

Tiene un evidente interés local: es un bonito ejemplo de las tomas de decisiones en cabildos catedralicios, y una decisión sorprendente en el de Pamplona: la idea surgió en un contexto que no permitía esperar semejante despliegue: la mayor parte de las personas implicadas no supieron bien qué se les venía encima; sin embargo, una vez que comenzaron a vislumbrarlo no se decidieron a pararlo. Y la fachada, que tuvo la suerte de encontrar un excelente constructor en Ochandátegui (una de las pocas personas en Pamplona que podía entenderla), fue realizada perfectamente. Por eso parece tan fuera de lugar.

Tiene interés desde el punto de vista de la historia del gusto arquitectónico. Es una fachada de élite, diseñada en 1783, por un hombre mayor, y por tanto conscientemente situada (algo enfrentada) con respecto a las publicaciones de arquitectura estrictamente contemporáneas, que cambiarán absolutamente el panorama en los 20 años siguientes. En la generación posterior, la afluencia de revivals medievalistas haría todavía más difícil que una persona culta pudiera valorarla bien.

Y tiene un interés general: la fachada de la catedral es una lección de composición casi abstracta, apenas adaptada (suficientemente) al caso de Pamplona. Está diseñada en el momento en que, aunque las modas arqueológicas preconizaban una esencial fidelidad a los mal conocidos ejemplos de la antigüedad, los diseñadores europeos disponían de todos los registros del clasicismo a su alcance; y trataban de aplicarlos a asuntos como componer un alzado de iglesia catedralicia, de templo grande. Y por tanto representa las virtudes y limitaciones de ese repertorio en su forma más patente. Esta aplicación es la que se trata de exponer en esta conferencia.
 

Fachada de la catedral: logros y problemas

J. Lorda (sobre Yárnoz), Fachada de la catedral: logros y problemas


Para entender esta fachada hay que aceptar que no se trata de un problema de “estilo”, sino de experiencia: un asunto de ensayo y error, que lleva tratándose desde el siglo XV. La fachada sigue el esquema básico tradicional: elevación central que corresponde a la nave principal, y torres en los ángulos. El esquema sin embargo presenta dificultades obvias cuando se quiere resolver coherentemente con órdenes y más todavía si se pretende introducir un pórtico con columnas exentas. Este problema no habría sido tal en el siglo XVI español. En el siglo XVIII, un diseñador consciente sabe que no bastaba acumular elementos menudos unos encima de otros. Y por tanto, este diseño se sitúa en una larga lista de ejemplos, pocas veces construidos, que preside San Pietro del Vaticano: y que trata de coordinar un amplio desarrollo horizontal con la silueta tradicional de los campanarios.

Después de las primeras aportaciones renacentistas del centro de Italia, los diseños teóricos de iglesias grandes habían tenido un particular desarrollo en Francia, desde fines del XVII, con el precedente (muy francés) de Saint Paul Cathedral de London. Y de hecho, gran parte de las ideas que Ventura Rodríguez empleó son francesas. También aprovechó las aportaciones neopalladianismo inglés en las composiciones de masas.

Ventura Rodríguez hubo de enfrentarse con este problema varias veces a lo largo de su carrera; aunque en ningún caso, estos grandes proyectos serían realizados. En cada momento se valió de los recursos que tenía a su alcance. Y, casi al final de su vida, asombra la enorme cantidad de referencias que utilizó en su diseño para Pamplona; teniendo en cuenta además que hubo de conjugarlas bajo presión de lo que hoy llamaríamos arquitectura “neoclásica”, que reclamaba al menos una declaración de simplicidad.

Es la fachada para una gran iglesia, sin concesiones de menudencias, pero con muchas fórmulas del clasicismo internacional (principalmente francés). Son patentes en la composición general y en los detalles. Entre estos, destaca el pórtico, que sigue exactamente las proporciones de Vitruvio, el tratadista romano; pero se refuerza duplicando cada columna, para lograr mayor profundidad acentuada por la sombra. El ejemplo de Pamplona es casi único en este rasgo. Pues precisamente, por sus dimensiones y por las dificultades técnicas que conlleva una gran columnata exenta, este género de fachada raras veces se convirtió en realidad. Habría que añadir muchos otros esquemas de éxito, como las logias en ejes intermedios, y las torres con esquinas remetidas; incluso los campanarios con campanas de remate (homenaje a Saint Paul).

Comparándola con las anteriores fachadas de Rodríguez, la de Pamplona es más sencilla, pero curiosamente más rica. También se advierte que Rodríguez al decidirse por unas opciones perdió otras bien resueltas. Las poderosas torres parecen pedir algún elemento más importante en la coronación de la fachada. En conjunto es una excelente lección de composición arquitectónica a fines del XVIII, y merecería ser más conocida.