2 de abril de 2014

Ciclo de conferencias

LA PAMPLONA CONVENTUAL

Traslados, destrucciones y desamortizaciones: los conventos desaparecidos

Dña. Pilar Andueza Unanua.
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

Aunque todavía la ciudad de Pamplona permite saborear los ecos de lo que fue una ciudad conventual, son muchas las pérdidas patrimoniales que ha sufrido la capital navarra en este ámbito, no solo relativas a sus bienes materiales sino también inmateriales. La desaparición de monasterios y conventos a lo largo de los siglos ha obedecido a diversas causas entre las que cabe destacar el deseo de frailes y monjas de abandonar sus casas extramuros para acceder dentro de la ciudad, o una situación bélica propiciatoria de derribos y ocupaciones, como la conquista de Navarra, la Guerra de la Convención y la Guerra de la Independencia, sin olvidar las devastadoras desamortizaciones decimonónicas. 

La ciudad conventual hispana se desarrolló a partir del Concilio de Trento, alcanzando su punto álgido durante el Barroco, especialmente en el siglo XVII. No obstante, la proliferación de conventos en Pamplona por aquellas fechas vino a sumarse a cenobios, parroquias y otros establecimientos religiosos que ya existían desde la Edad Media distribuidos por la Navarrería, el burgo de San Cernin y la Población de San Nicolás.

Los franciscanos y los mercedarios se instalaron en el Campo del Arenal, extramuros, junto a la parroquia de San Lorenzo, durante la primera mitad del siglo XIII. Allí permanecieron hasta que, tras la conquista de navarra, el virrey ordenó en 1521 su derribo ante la amenaza francesa. A partir de entonces los franciscanos pasaron a la calle Cuchillerías donde el emperador les había cedido la Torre del Rey, mientras los mercedarios compraron la que había sido sinagoga judía y otras casas y huertas donde levantaron su monasterio. Durante la Guerra de la Independencia ambos edificios fueron convertidos en cuarteles, así como en prisión y hospital respectivamente. Su fin llegó de la mano de la desamortización de Mendizábal. 
 

Portada del desaparecido convento de la Merced
Julio Cía 
(Archivo Municipal de Pamplona) 

 

De origen medieval fue también el desaparecido monasterio de Santa Engracia, primer cenobio de clarisas erigido fuera de Italia, merced a la bula fundacional otorgada por Gregorio IX en 1228, recibiendo desde entonces y a lo largo de los siglos el apoyo de los monarcas y la nobleza, así como del alto clero. La Guerra de la Convención supuso el derribo del cenobio en 1794 ante la posibilidad de que fuera tomado por los franceses. Y el mismo fin tuvo el convento de trinitarios, quienes en el siglo XVII se instalaron en el término de Costalapea, en unas casas que les cedieron Juan de Ibero, oidor del Consejo Real, y su esposa, donde hoy se alza el convento de las oblatas. Su iglesia acogió en su retablo mayor el lienzo de la Fundación de la Orden de la Trinidad, obra de Carreño de Miranda, en colaboración con Francisco Rizzi. Con la demolición los frailes pasaron al convento de la desaparecida orden de San Antón Abad -antonianos-, en la confluencia de las calles Nueva y San Antón, quienes a su vez habían abandonado su emplazamiento primitivo con motivo de la construcción de la ciudadela, permaneciendo en la calle San Antón a la que dieron nombre hasta 1791, momento en que Pío VI extinguió la orden. La desamortización de Mendizábal destinó el edificio a vivienda de viudas de militares y pensionistas. 
 

Señalados con un círculo el monasterio de Santa Engracia y el convento de trinitarios, ambos extramuros, junto al Arga, derribados con motivo de la Guerra de la Convención en 1794


En el solar que en la actualidad ocupa el Gobierno de Navarra, cerrando la plaza del Castillo, se situó en la primera mitad del siglo XIII una comunidad de dominicos sobre una ermita dedicada al apóstol Santaigo. La conquista de Navarra y la construcción del nuevo castillo de Fernando el Católico le obligó a abandonar aquella ubicación y trasladarse al barranco que había detrás de la Casa de la Jurería o Casa de la Ciudad, donde los dominicos levantaron una majestuosa iglesia a la que se añadió, ya en época barroca, un gran claustro. La desamortización convirtió el edificio inicialmente en cuartel de infantería y posteriormente en hospital militar. Hoy el claustro y sus dependencias acogen el Departamento de Educación del Gobierno de Navarra, mientras los dominicos regentan la iglesia desde 1914.

En 1247 el obispo Pedro Ramírez de Gazólaz entregó la ermita de San Pedro de Ribas, situada junto al Arga, a unas religiosas que, ubicadas en Barañáin, se regían por la regla de San Agustín. La comunidad dio origen a las conocidas Agustinas de San Pedro. Aunque en 1587 solicitaron permiso para trasladarse dentro de la ciudad, no lo lograron. Llegado el siglo XVIII fue erigido un nuevo conjunto monástico formado por iglesia y dos claustros, que las monjas abandonaron avanzado el siglo XX para trasladarse al otro lado del río a un edificio diseñado por Fernado Redón. El monasterio pasó a convertirse en Museo de Educación ambiental. 

Autorizados por el Papa a pasar al interior de la ciudad en 1356, los carmelitas calzados eligieron para instalarse la Rúa de los Peregrinos, actual calle del Carmen a la que dieron nombre, documentándose obras a lo largo de varios siglos y hasta el siglo XVII. Destinado a hospital de las tropas francesas durante la Guerra de la Independencia, fue utilizado como hospital militar y cuartel de infantería tras los decretos desamortizadores de Mendizábal. En 1898 pasó a manos del ayuntamiento que procedió a derribarlo, vendiéndose el solar resultante entre diversos particulares. 
 

Vista general de Pamplona con el convento desaparecido de carmelitas calzados. C. 1880
Autor desconocido 
(Archivo Municipal de Pamplona) 

 

La actual parroquia de San Agustín se erigió en 1882 sobre lo que había sido el convento de agustinos calzados quienes antes de mediar el siglo XIV se hallaban ya en Pamplona en la rúa de San Clemente, donde adquirieron casas, huertas y corrales. La construcción del complejo se prolongó durante toda la centuria e incluso el comienzo de la siguiente. La desaparición definitiva como especio monástico se produjo de la mano de la política desamortizadora de Mendizábal. El convento fue vendido y la iglesia convertida en almacén de artillería. Con la restauración alfonsina el templo pasó al obispado donde se erigió la que parroquia más moderna del casco histórico, en la que tiempo después se hicieron obras de manos de Florencio Ansolega y Víctor Eusa. 

La obra teresiana vino a Pamplona de la mano de la madre Catalina de Cristo quien fundó la primera casa carmelita en Pamplona en 1583 en unas casas de la calle Jarauta. En 1597 solicitaron los terrenos donde había estado levantado el castillo de Fernando el Católico, que les fue cedido. A partir de 1603 levantaron su convento donde permanecieron hasta el siglo XIX, momento en el que su cenobio fue derribado para levantar la Diputación y el Teatro. Las monjas se ubicaron definitivamente el nuevo convento que construyeron en la calle Salsipuedes de manos de Ansoleaga.

En 1577 llegaron los primeros predicadores de la Compañía de Jesús a la ciudad. El maestre de campo Juan Pineiro de Elío que les cedió unas casas en la calle del Condestable viejo, actual calle Compañía. Allí los jesuitas fundaron el colegio de la Anunciada en 1580, gracias a los donativos de la nobleza, que permaneció hasta la exclaustración de Carlos III en 1767. En 1782 y hasta 1831 se destinó a seminario. Con la desamortización decimonónica pasó a poder del ejército y sirvió también como escuelas. Tras haberse hecho cargo de su iglesia durante algunos años, los jesuitas la cedieron al obispado que en 1951 instaló allí la parroquia de San Juan Bautista. Avanzado el siglo XX las dependencias se habilitaron como Escuela de Idiomas y en fechas recientes su iglesia en Albergue de peregrinos.
 

Iglesia del desaparecido colegio de jesuitas


Finalmente debemos referirnos al monasterio de la Visitación de María, que perteneció hasta hace pocos años a las salesas. Fue una religiosa navarra, Juana Baleztena, la que tuvo la iniciativa de abrir un cenobio en Pamplona. En 1900 se dio inicio a su nuevo monasterio de manos de Florencio Ansoleaga sobre el que había sido palacio del marqués de Castelfuerte y cinco casas más en la calle de San Francisco, desarrollando en el interior una arquitectura neogótica y un exterior con un lenguaje ecléctico. 
 

Iglesia del desaparecido convento de salesas