1 de febrero de 2012

Ciclo de conferencias

PAMPLONA Y SAN SATURNINO

San Saturnino, mito y realidad

D. Roldán Jimeno Aranguren.
Universidad Pública de Navarra

 

Al abordar la historia de los santos de los primeros siglos cristianos se superponen dos niveles hagiográficos: uno objetivo, fruto de la sucesiva depuración crítica de las fuentes que se ha venido realizando fundamentalmente a partir del siglo XVI y hasta la actualidad, y otro popular, enraizado en la tradición erudita y pietista local, con las variantes y añadidos que en cada lugar se han ido configurando a lo largo de la historia sobre la leyenda hagiográfica nuclear. Es lo que ocurre en Pamplona con el relato de la vida de San Saturnino. 

La primera parte de la conferencia repasará las primeras fuentes que dan cuenta de la existencia del obispo tolosano cuyo culto se constata en la Galia en la segunda mitad del siglo III. Su Passio fue conocida en Hispania en el mismo siglo V en que fue elaborada, fruto de la expansión de la monarquía visigótica a la Península. Las noticias de la vida de San Saturnino fueron ampliadas en la Galia durante los siglos sucesivos, singularmente a partir del VI, cuando se magnificó su figura, alterando su cronología y relacionándolo personalmente con San Juan Bautista y el apóstol San Pedro. El culto a San Saturnino en Pamplona data del último cuarto del siglo XI, titulando la parroquia que daría nombre al nuevo burgo francígena fundado en Pamplona durante el reinado de Sancho Ramírez (1076-1094), impulsado por el obispo Pedro de Roda (1083-1115). El prelado de origen francés habría sido el artífice de la advocación, por su vinculación con la abadía tolosana, hecho al que se pudo sumar el decisivo aporte repoblador del burgo procedente de la Provenza, cuya lengua occitana dejó su huella en la denominación San Cernin. Por la misma época, Pedro de Roda entregó al cabildo tolosano de Saint-Sernin la iglesia parroquial de Artajona con todos sus bienes raíces, diezmos, primicias y los derechos episcopales sobre la misma (1084), dando así comienzo al priorato de San Saturnino.

En segundo lugar se abordará la leyenda amienense de San Saturnino y San Fermín y su traslado a Pamplona. Resulta difícil precisar el nacimiento del culto a San Fermín, pues las propias Actas, de historicidad dudosa, han generado una gran controversia historiográfica desde época moderna. El primer testimonio fehaciente de su culto cabe situarlo en la Picardía francesa a finales del siglo VIII. Sin embargo, el primer testimonio hagiográfico que sitúa a San Saturnino en la vida de San Fermín corresponde a un manuscrito de origen amienense datado en el siglo X u XI, compuesto de tres partes. La leyenda fue incorporando nuevos elementos hagiográficos hasta alcanzar el siglo XIII, cuando fue plasmada en el leccionario proveniente de la abadía de Saint-Martin-aux-Jumeaux, el breviario de Amiens y el Ordinarius Liber Ecclesiae Ambianensis. Cuando la vida de San Saturnino fue recogida por Jacobo de la Vorágine en la Leyenda dorada del siglo XIII, no mencionó la evangelización de los vascones, y en la dedicada a San Fermín, mencionaba a Honesto, pero no al obispo de Toulouse. Ambas biografías tendrán una importancia trascendental pues, en adelante, los principales hagiógrafos no asociarán, salvo en ocasiones puntuales, las figuras de Saturnino y Fermín, cuya imbricación se reducirá prácticamente a los autores amienenses y navarros.

Finalmente, se abordó la evolución de la leyenda en Pamplona, hasta 1611, desde que ésta llegara a la capital navarra en 1186.