1 de abril de 2009

Ciclo de conferencias

CASAS SEÑORIALES Y PALACIOS DE NAVARRA

Mansiones para la burguesía urbana de los siglos XIX y XX

D. José Javier Azanza López
Universidad de Navarra

 

La aproximación a la arquitectura señorial navarra de la segunda mitad del XIX y primeras décadas del XX resulta de especial relevancia por varios motivos. En primer lugar, por tratarse de un período de entidad al contar con un nutrido catálogo de realizaciones que se convierten en buena prueba de las corrientes arquitectónicas vigentes en este momento en el panorama nacional. En segundo, por el relativo desconocimiento de la arquitectura señorial del momento, circunscrito casi exclusivamente a la ciudad de Pamplona, pero que deja de lado la realidad arquitectónica de otros puntos de la geografía navarra. Finalmente, por la amenaza de destrucción que se cierne sobre algunas de estas construcciones y que en determinados casos desgraciadamente ya se ha consumado, habiendo desaparecido así una parte de nuestro patrimonio artístico-monumental.

Nuestro interés por los promotores que sufragan y habitan las casas de este período nos lleva a establecer básicamente tres categorías. Por una parte se encuentra la nueva burguesía compuesta por terratenientes, propietarios e industriales, que conforman una élite social y económica, pero también política e ideológica, por cuanto en muchos casos desempeñaron relevantes papeles en el ámbito de la política, cultura y educación. A ellos se suman los “americanos” que, sobre todo desde la Navarra Atlántica pero también desde otros muchos puntos de la comunidad, partieron en estos momentos hacia América; el resultado de su enriquecimiento y retorno es un rico legado urbanístico y monumental patente en iglesias y cementerios, edificios escolares y asistenciales, diversas dotaciones y obras de infraestructura y, principalmente, en sus casas y residencias señoriales. Por último, debemos mencionar las fortunas ajenas a Navarra, apartado en el que destaca la figura de María Diega Desmaissiéres y Sevillano y López de Dicastillo, Condesa de la Vega del Pozo y Duquesa de Sevillano, heredera de una de las mayores fortunas de la época con inmensas propiedades en territorio español y francés.
 

Villa Lónguida. Murillo de Lónguida

Villa Lónguida. Murillo de Lónguida
 

El análisis del lenguaje formal y las corrientes arquitectónicas de este momento plantea una realidad compleja, rica y variada en matices, en la que las influencias se entrecruzan para crear una amalgama arquitectónica en la que en muchas ocasiones no resulta sencillo definir ni establecer unos límites precisos. El Historicismo en su vertiente neomedievalista encuentra en Navarra sus mejores ejemplos en los palacios de la Condesa de la Vega del Pozo, en Dicastillo, y de Ramiro de Maestu en Marañón, ambos con reminiscencias del neogótico inglés. Por su parte, la tradición islámica como “revival” se manifiesta en Villa Lónguida, en Murillo de Lónguida, relacionada con proyectos catalanes y aragoneses de finales del siglo XIX interpretados en clave neomudéjar.

En el complejo universo del Eclecticismo con sus distintas variantes se inscriben numerosos ejemplos, desde aquellos que se ajustan fielmente al denominado estilo II Imperio o Napoleón III (Casa Camona de Tafalla), hasta los que hacen del mismo una interpretación más libre (Manuelenea y Paularena en Elizondo, Echandi Enea en Bera de Bidasoa, Villa Madrid en Eulate, Casa Preciados en Tudela). A los anteriores se une un conjunto de edificios de fisonomía dispar caracterizados por la riqueza y multiplicación de volúmenes arquitectónicos, la presencia de galerías o miradores acristalados, o la profusión ornamental (Villa Marichu en Villava, Villa Paz en Cintruénigo –desaparecida-, el Palacio Uranga en Burlada, Villa Isabel y Pepita Enea en Lesaka, Casa Alfaro en Fitero, etc.).
 

Casa Manuelenea. Elizondo

Casa Manuelenea. Elizondo
 

El Modernismo, que cuenta con interesantes ejemplos en ciudades como Pamplona, Tafalla, Estella, o Viana, da paso al Regionalismo arquitectónico del primer tercio del siglo XX, que en el caso de Navarra se encuentra estrechamente vinculado al País Vasco en su interés por componer en un contexto nuevo la imagen ideal del caserío vasco, del que recupera sus rasgos distintivos que se difunden con rapidez merced a la publicación de álbumes como L’Habitation Basque, del antropólogo y etnógrafo Louis Colas. El Regionalismo calará en los valles comarcanos del Bidasoa, pero también en la capital Pamplona, tanto en los edificios proyectados por arquitectos como José Martínez de Ubago o Serapio Esparza para el barrio de San Juan, como en los construidos en el Segundo Ensanche, algunos con el sello de Víctor Eusa, circunstancia que pone de manifiesto capacidad del arquitecto pamplonés para desenvolverse en diferentes lenguajes arquitectónicos en función de las demandas del promotor.
 

Chalet de Pedro María Irurzun. Pamplona

Chalet de Pedro María Irurzun. Pamplona