10 de mayo de 2012

Conferencias

 

Historia, arte y devoción en torno a la Virgen del Camino

D. Ricardo Fernández Gracia.
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

En los albores del siglo XVII, en plena Contrarreforma y en un clima de exaltación religiosa, en la documentación de la parroquia de San Saturnino se generaliza para una de sus imágenes marianas el título del “Camino”, recogiendo una piadosa leyenda que situaba la llegada de la escultura desde la localidad de Alfaro en 1487, tal y como recuerda la inscripción de la viga del presbiterio del templo y divulgaron en distintas versiones barrocas J. J. Berdún en 1693 en tierras navarras y el famoso jesuita P. Juan de Villafañe en 1726 en su obra de ámbito hispano.

La escultura estuvo en una especie de hornacina, denominada “jaula”, en la mencionada viga hasta que fue colocada en una capilla a los pies del templo y se construyó un camarín para que estuviese convenientemente velada, siguiendo una costumbre de raíces medievales que se perpetuó en Navarra hasta hace algo más de un siglo, en casos tan señeros como la titular de la catedral, Ujué o Roncesvalles. La devoción a la Virgen del Camino fue creciendo sin parar hasta hace unas cuatro décadas. Así se puede comprobar en sus rogativas (1719, 1724, 1728, 1738 y 1770), las fiestas ordinarias y extraordinarias, la construcción de su capilla dieciochesca (1757-1776), los grandes festejos del IVº Centenario (1887), el nombre que se dio en 1964 a la Residencia de la Seguridad Social, hoy dentro del complejo hospitalario de Navarra y el título de Reina y Señora de Pamplona conferido por decreto del arzobispo Cirarda en 1987, en unos momentos en que su popularidad y devoción ya no eran los de otros tiempos. Al respecto, conviene recordar que la centenaria procesión de la Octava, documentada desde 1655, dejó de celebrarse con su periodicidad anual en 1976.


Procesión de 1887

Procesión de 1887

Procesión de 1950

Procesión de 1950

Procesión de 1965

Procesión de 1965


Signo de identidad del burgo de San Cernin y de la ciudad de Pamplona

El periodo que abarca desde el siglo XVII hasta hace unas décadas, la devoción mariana más popular de los pamploneses fue la Virgen del Camino, sin competencia de otras advocaciones, incluida la Virgen del Sagrario, titular de la catedral, con gran culto oficial por parte del Reino, el Regimiento pamplonés y el cabildo catedralicio. Los donativos a la Virgen del Camino en forma de joyas, mantos, dinero y otras preseas no dejan lugar a dudas de ninguna clase, tanto entre los residentes en la ciudad, en sus distintos estratos sociales, como entre los que habían emigrado a otros lugares de la península y particularmente a Indias. Los legados artísticos superaron a los que recibió la ciudad para el adorno del patrón San Fermín. 

Entre las manifestaciones de la devoción en alza hay que mencionar la nueva apariencia de la imagen forrada de plata (1721 y 1848), con su media luna alusiva al emblema del Burgo y al misterio concepcionista de 1675, su rica peana (1702) y, sobre todo, la construcción de la capilla, emulando la Obrería de San Cernin a la misma ciudad de Pamplona, que había hecho lo propio promocionando la de San Fermín en la parroquia de San Lorenzo entre 1696 y 1717. 
El conjunto de la capilla fue posible gracias a los medios aportados por la Obrería parroquial, donativos particulares en especie, joyas, dinero, trabajo personal o mandas testamentarias y el producto de distintas corridas de toros organizadas por la Obrería y permiso del Real Consejo. Asimismo hay que destacar distintos arbitrios, censales de la parroquia, una demanda general por los pueblos navarros autorizada por el Obispo y el Real Consejo, las cuartas que correspondían al cabildo catedral, así como los suculentos donativos de navarros en Indias y las aportaciones de los gremios y cofradías pamploneses.

Coincidiendo con aquel fervor, algunos matrimonios decidieron imponer el nombre de Camino a sus hijos. La primera niña que se documenta es el bautizo de Mª Camino Sierra y Ayerra (22-IV-1769), apadrinada por don Miguel Jerónimo Elizalde, secretario del Consejo de Guerra. La segunda bautizada fue Mª Camino Zamarquilla en mayo de 1773 y en los días siguientes a la colocación de la Virgen del Camino (25-VIII-1776) encontramos cuatro niñas, una hija de los marqueses de Vesolla. Desde entonces, todos los años se registraban varias niñas y algún niño con el nombre, especialmente en torno a la Octava.

De los grandes recuerdos, fundamentalmente del siglo XIX, hay que señalar su patronato sobre los procuradores (1876) y las composiciones musicales para sus Gozos, publicados en Pamplona en siglo anterior. Entre los maestros que los musicalizaron destacan Damián Sanz (1844 y 1854), Mariano García (1854), Mauricio García (1856, 1863, 1864 y 1868), Lázaro Gainza, Goya, Juan Desplán, Antonio Vidaurreta, Martín Dendariarena y Estanislao Luna. Sin embargo, lo más destacado en este aspecto fueron las famosas Sevillanas de Hilarión Eslava (1834) que hicieron las delicias de los pamploneses de generaciones pasadas por la gran expectación que generaban.

Coincidiendo con la Octava de Pascua y la Novena de agosto, se colgaban jaulas con canarios en la barandilla de la cúpula de la capilla. Don Jesús Arraiza recogió el testimonio de cómo su canto se avenía perfectamente con el trino de una estrofa de tiple de los Gozos musicalizados por Mariano García. La costumbre quedó recogida en esta copla de la época: “Si yo fuera jilguero, / pasaría cantando en su asilo, / los días, las noches, / Virgencita del Camino”. Por lo demás, hay que recordar que la presencia de fuentes con agua, árboles de frutas y pájaros fueron algo muy usual en nuestras iglesias, especialmente en los siglos del Barroco, cuando el arte captaba al individuo a través de los sentidos, mucho más vulnerables que el intelecto.


La fiesta de la Octava: bueyes ensogados, gran procesión y demanda 

La parroquia festejó con medios económicos propios algunas fiestas de modo muy destacado, especialmente la de San Saturnino, patrono de la ciudad, Santa Catalina y las Octavas del Corpus y de la Virgen del Camino. Algunas de ellas –San Cernin y la Virgen del Camino- no sólo se conmemoraron litúrgicamente, sino que con fondos de la Obrería –especie de junta de administración y fábrica- se costearon grandes hogueras y unos bueyes ensogados que se corrían por el ámbito del viejo burgo medieval y subían desde la Rochapea los tirabueyes, mientras los clarines y chirimías interpretaban música popular. La utilización del toro con carácter festivo y lúdico posee raíces medievales y el festejo con bueyes ensogados fue práctica usual entre poblaciones y aún cofradías para festejar a sus patronos.

La fiesta litúrgica de la Octava, domingo cuarto de Pascua que pasó posteriormente al quinto, se festejaba con la participación de la Capilla de Música catedralicia en las Vísperas, en la función y en la famosa “siesta” a la hora de Sexta y a modo de velada musical que duraba hasta la función vespertina. Sin embargo la gran visibilidad del día tenía su clímax en la procesión con todo el clero parroquial y acompañamiento de los clarines del Ayuntamiento y, en tiempos más recientes, con la Banda de Música. El rico palio de honor, los extraordinarios ornamentos, la espectacular cruz parroquial, los cetros y el paso ricamente adornado constituyeron en tiempos pasados todo un acontecimiento ciudadano.
Costumbre desaparecida hace poco más de un siglo fue la de la demanda o gran cuestación, que recorría las calles del burgo y de la ciudad.

 

Dª Arantxa Zozaya

La presentación del acto estuvo a cargo de Dª Arantxa Zozaya, del Área de Educación y Cultura del Ayuntamiento de Pamplona

La conferencia tuvo lugar en la propia Capilla de la Virgen del Camino de la parroquia de San Saturnino de Pamplona

La conferencia tuvo lugar en la propia Capilla de la Virgen del Camino de la parroquia de San Saturnino de Pamplona

La conferencia tuvo lugar en la propia Capilla de la Virgen del Camino de la parroquia de San Saturnino de Pamplona


Las imágenes y la devoción

La popularidad de la Virgen de Camino debió mucho a sus representaciones en imágenes grabadas y pintadas. Los grabados se reprodujeron por miles en diversos tamaños y soportes, con planchas abiertas en distintos momentos. Los modelos más difundidos fueron obra del platero Juan de la Cruz en 1721, del pintor aragonés José Dordal en 1796 y del catalán Tomás Padró en 1868. 

Las estampas viajaron en muchas ocasiones hasta las Indias y fueron el reclamo para el envío de piezas artísticas o importantes donativos. Asimismo estuvieron presentes en la mayor parte de las casas de Pamplona y sirvieron de modelo para pinturas, de modo especial el grabado de 1721, el más difundido de todos ellos por aunar a la devoción mariana la de San Fermín y de San Saturnino, que aparecen en la parte inferior de la composición. 

A fines del siglo XVIII se popularizaron los escapularios de la Virgen y posteriormente, en los siglos XIX y XX se acuñaron medallas en diferentes materiales, algunas como emblema de la Corte de la Virgen del Camino. 


Lienzo de la Virgen del Camino. Catedral de Pamplona

Lienzo de la Virgen del Camino. Catedral de Pamplona