17 de mayo de 2006

Ciclo de conferencias

PINTURA Y FOTOGRAFÍA

El discurso creativo del fotógrafo Miguel Goicoechea

Dra. Celia Martín Larumbe

 

Asfaltadores

Miguel Goicoechea, Asfaltadores.
 

El fotógrafo navarro Miguel Goicoechea (Alsasua 1894-Pamplona 1980) se nos presenta como una figura excepcional y de gran interés en el panorama del arte navarro contemporáneo. Su capacidad para generar una obra de gran potencia y calidad le hizo pasar de ser un aficionado a la Fotografía más, a consolidarse como figura reconocida en el medio especializado nacional de su tiempo. 

Son varias las razones que justifican esa caracterización como excepcional en Navarra. Eligió un medio artístico minoritario tanto a nivel local como nacional; dentro de ese medio se decantó por una corriente creativa minoritaria, el pictorialismo, y por un tipo de técnicas de gran dificultad, las tintas grasas transportadas; con estas técnicas abordó temas marginales desde un tratamiento formal y estético personal, definiendo un estilo totalmente reconocible y original, que evolucionó del impresionismo al expresionismo.

Además de mantener una trayectoria de producción fotográfica sostenida, estuvo presente como artista y como teórico en los principales foros de la Fotografía española de su tiempo. Fue una presencia habitual en los salones y exposiciones fotográficas de la época (1920-1940), y desarrolló una intensa labor teórica a partir de 1927 en las más relevantes revistas especializadas adscritas al círculo fotográfico catalán: El Progreso Fotográfico, Foto y Art de la Llum. 
La Guerra civil abró una nueva fase en su obra. Por razones obvias los circuitos de difusión desaparecieron, las sociedades dejaron sus actividades, muchos fotógrafos murieron, se exiliaron, o tuvieron que dejar su vinculación a la Fotografía. Desde razones políticas, hasta las puramente materiales de escasez de productos, etc, confluyeron en la dispersión de esta excepcional generación de fotógrafos artísticos. 

Goicoechea mantuvo su trabajo en el periodo de guerra, aunque las condiciones materiales fueran complicadas. A partir de 1940 el fotógrafo navarro se vio condenado al aislamiento y la falta de materiales para su trabajo. Tuvo entonces que iniciar nuevas opciones para mantenerse activo, influido por el contacto con una nueva generación de fotógrafos. Durante un periodo largo de tiempo 1940-1950, trabajó en estudio, básicamente retratos y composiciones con objetos y naturalezas muertas. Los procedimientos técnicos cambiaron: utilizaba papeles industriales a la gelatina de plata de revelado químico. Sólo volvemos a encontrar la pulsión y el sentimiento original de su obra en el momento en que retoma las viejas técnicas de interpretación, las gomas y las tintas grasas transportadas, a partir de 1950 hasta fines de 1960.

En estas obras finales, ya realizadas con total libertad, sin atender a condicionantes para su publicación, exposición o presentación a concurso alguno reaparece el genio creativo verdadero del autor. Eran copias realizadas para él, en las que el asunto apenas es una excusa para expresar su desasosiego vital.