5 de octubre

Conferencias

EL BARROCO EN VILLAFRANCA

El arte de la platería en Villafranca

D. Ignacio Miguéliz Valcarlos
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

El arte de la platería en Villafranca constituye un capítulo de relativa pobreza dentro del panorama artístico de la villa. Y más cuando los siglos del Barroco, momento en el que dicha población experimentó un gran florecimiento, coincide con una época de esplendor dentro de este arte, cuando cualquier obra empleada tanto en la liturgia como en el adorno de las imágenes e iglesias era susceptible de ser realizada en plata. Así, en lo arquitectónico Villafranca vivió un momento de esplendor a lo largo del siglo XVIII, testigo de lo cual es la riqueza de su arquitectura, tanto eclesiástica, como civil. En el caso de la primera hay que citar las iglesias de Santa Eufemia y de El Portal, o el convento de los Carmelitas Descalzos, mientras que ejemplo de la segunda son los palacios de la Encomienda, de Bobadilla y del conde de Rodezno entre otras. Sin embargo en lo tocante a la platería apenas queda reflejo de esa pujanza, ya que el ajuar argénteo conservado por las parroquiales de Villafranca apenas alcanza a una quincena de piezas. Sin embargo, gracias a las noticias documentales conservadas podemos ver como esta falta de obras se debe más a las pérdidas sufridas a lo largo de la historia que a la falta de encargos.

Así, gracias a esta documentación sabemos que en 1582 la parroquial de Santa Eufemia encargó al platero Hernando de Oñate el viejo una cruz procesional. A este encargo siguieron otros, como una calderilla y un portapaz al maestro pamplonés Simón de Yoldi en 1693; una lámpara para el altar mayor a Manuel de Cearrote, artífice de Tudela, en 1701; custodia, cetros y cirios labrados por  el artífice tudelano José Ochoa en 1761; una lámpara para Nuestra Señora del Portal por el tudelano José Caballero en 1763; una fuente de plata comprada a Ramón Remírez en 1773, cuatro lámparas para Nuestra Señora del Rosario por el maestro pamplonés Pedro Antonio de Sasa en 1805 para sustituir a las perdidas durante la Guerra de la Convención; o la cruz, cetros y candeleros encargados en 1818 para sustituir a las desaparecidas durante la Guerra de Independencia, y que constituyen el último encargo documentado de la parroquial. Junto a estos datos se conservan sendos inventarios de bienes de la iglesia de Santa Eufemia del siglo XVIII que nos muestran la acumulación de alhajas de plata por parte de dicha parroquial.

Sin embargo, y tal y como hemos mencionado, sabemos que los tesoros eclesiásticos de Villafranca sufrieron grandes perdidas a los largo de las contiendas que se sucedieron desde finales del siglo XVIII hasta mediados del siglo XIX, las de la Convención (1794-1795) e Independencia (1808-1814), libradas contra los franceses, y la Primera Guerra Carlista (1833-1840). Así, en las dos primeras sabemos que por un lado las iglesias villafranquesas fueron saqueadas por los ejércitos franceses, y su plata incautada para pagar impuestos y gastos de guerra, tanto por parte del Ayuntamiento y del Gobierno Central, como de los franceses.

Debido a todo ello en la actualidad son muy pocas las piezas conservadas, y todas ellas obedecen a las tipologías habituales en los tesoros eclesiásticos, siendo principalmente cálices, todos navarros salvo uno procedente de la Real Fábrica de Platería Martínez de Madrid. Igualmente no todas son argénteas, ya que varias obras son de metal, en su mayoría correspondientes a la segunda mitad del siglo XIX y al siglo XX. De esta forma, de las piezas que han llegado hasta nuestros días destacan dos, el cáliz realizado por Hernando de Oñate el mayor en el último tercio del siglo XVI, probablemente vinculado a la ejecución de la cruz procesional que se le encargó en esas fechas. Y por otro el relicario de Santa Eufemia, enviado desde Roma en 1796 por don Javier Jiménez de Tejada, caballero y Comendador de Villafranca por la Orden de Malta, y sobrino de Francisco Jiménez de Tejada y Eslava, Gran Maestre de la misma, y quien anteriormente había sido también comendador de Villafranca y Gran Prior en Navarra de dicha Orden.

Lámina 1. Cáliz. Madrid. Real Fábrica de Platería Martínez. Primer cuarto del siglo XIX

Lámina 2. Cáliz. Pamplona. Hernando de Oñate el mayor. Último tercio del siglo XVI

Lámina 3. Relicario de Santa Eufemia. Roma. Anónimo. 1796.