24 de octubre de 2007

Ciclo de conferencias

IV JORNADAS BARROCAS EN CORELLA

Artes y devociones conventuales en Corella durante los siglos del Barroco

D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

 

Los estudios dedicados por José Luis Arrese al arte religioso de Corella y a las biografías de personajes destacados de aquella ciudad, pusieron de manifiesto el triunfo de las artes del Barroco en Corella, al amparo de unas circunstancias de carácter político, económico y religioso. Entre estas últimas hay que destacar la presencia de tres destacadas órdenes religiosas –Carmelitas Descalzos en sus ramas masculina y femenina, Mercedarios y Benedictinas- que desplegaron en sus iglesias y fuera de ellas -por todo el espectro urbano- unas devociones que trajeron consigo el desarrollo de unas iconografías, patentes en imágenes, cuadros y piezas de artes suntuarias, todavía presentes en templos, colecciones particulares y otras instituciones de la localidad. 

Particular interés mostraron aquellas órdenes religiosas en divulgar las advocaciones de la Virgen que les eran propias, en pleno periodo de la Reforma Católica, tras el Concilio de Trento. Los hijos de Santa Teresa promovieron el culto y la iconografía de la Virgen del Carmen, desde los excelentes ejemplos escultóricos del Carmen y de Araceli, hasta los escapularios bordados y grabados, pasando por un sinfín de lienzos y capillas o escaparates que reproducen con fidelidad altares con todo tipo de adornos. Otro tanto hicieron los Mercedarios con la Virgen de la Merced y las Benedictinas con la Virgen del Socorro, tan divulgada en los monasterios de los hijos e hijas de San Benito. Por lo que se refiere a la Virgen del Carmen y de la Merced, de nada sirvió la Bula de Urbano VIII de 1642 por la que prohibía que se vistiese a María con hábitos de las órdenes religiosas. 

Una advocación mariana de carácter local, la Virgen de Araceli, fue asociada a las Carmelitas Descalzas desde el mismo momento de su fundación, en 1722, con lo que las religiosas se convirtieron en “camareras perpetuas” de la imagen, velando por su adorno y culto. Estampas grabadas a buril, litografías, primitivas fotografías, pequeños altarcitos, escapularios, novenas, música y piezas de oratoria dan buena cuenta de todo el mundo festivo organizado en torno a aquel simulacro mariano.

Otras destacadas iconografías en la ciudad derivaron del impulso devocional dado por los citados institutos religiosos a sus prohombres y fundadores. Así, los Carmelitas divulgaron el culto y las imágenes de Santa Teresa, San Elías y San Juan de la Cruz, los Mercedarios hicieron lo propio con San Pedro Nolasco, San Ramón Nonato y Santa María de Cervelló y las Benedictinas con San Benito, Santa Escolástica, San Plácido o Santa Gertrudis. Lienzos de primera calidad importados desde la Corte, en donde mejor arte se consumía, salidos de los pinceles de Pedro Orrente, Claudio Coello, José Ximénez Donoso y Espinosa de los Monteros dan buena cuenta de los gustos y niveles artísticos alcanzados en la ciudad a lo largo de los siglos XVII y XVIII.

Todas aquellas imágenes, las de grandes artistas, las de otros de menor categoría y las de carácter popular, cobraron una especial dimensión, en unos momentos en que la mayor parte de la masa social no sabía leer y los medios de difusión de la cultura iban necesariamente por los caminos de la expresión plástica y de la oratoria.

Junto a las piezas artísticas de arte figurativo, no se puede dejar de mencionar un importantísimo repertorio de partituras musicales –himnos, gozos o arias- dedicadas a la exaltatio gaudium en las festividades de todos aquellos modelos de santidad que, a veces con competencia, se esforzaban por divulgar los religiosos establecidos en Corella durante aquellos siglos del Barroco que, como es sabido, trata de cautivar mediante los sentidos, siempre más débiles que el intelecto.