4 de octubre

Ciclo de conferencias

SANTUARIOS EN TIERRA ESTELLA

Arquitectura de coplillas y gozos. Santuarios marianos en Tierra Estella

D. José Javier Azanza López
Universidad de Navarra


 

Santuarios marianos en Tierra Estella: el origen de la devoción

Navarra asiste desde el siglo XII al arraigo de la devoción mariana con el auge de santuarios y ermitas presididos por una imagen de la Virgen bajo distintas advocaciones a la que se acude en peregrinación con rezos y gozos. Así puede constatarse en Tierra Estella, donde el origen de la devoción mariana tiene en muchos casos carácter legendario, de manera que la leyenda adorna el culto: la imagen fue escondida en tiempos de la invasión musulmana para evitar su profanación y después milagrosamente encontrada. Más allá de la realidad histórica, las leyendas permiten confirmar tres aspectos: que el principio del culto a la Virgen data de muchos siglos atrás; que algún hecho extraordinario debió de ser el motivo de haberle erigido santuarios en su honor; y que en el transcurso de los siglos, singulares son los favores concedidos por la Virgen a las localidades que se acogen bajo su protección.

Leyenda e historia se funden en la aparición del Virgen del Puy de Estella en mayo de 1085 a unos pastores de Abárzuza que cuidaban su ganado, los cuales guiados por unas misteriosas luces como de estrellas hallaron la imagen de la Virgen en el interior de una gruta; así queda recogido en la coplilla: “Esta es la Estrella / que bajó del cielo a Estella / para regalo de ella”; y también en la leyenda de un lienzo del siglo XVII custodiado en el convento de concepcionistas recoletas de la ciudad: “Soy la Estrella / bajada del cielo al suelo / a dar luz a Estella / para ser Patrona de ella”.

Lo hace igualmente en el descubrimiento de las imágenes de los Remedios y del Milagro de Luquin por un labrador que araba el campo con su yunta de bueyes (Fig. 1), cuando la reja topó con una gran piedra que, al descorrerla, dejó al descubierto una oquedad en forma de gruta que ocultaba a las dos Vírgenes cautivas, como recoge la copla local: “Asombrados quedaron sus ojos / al mirar de la Virgen su faz / en las dos piadosas efigies / que auguraban la dicha y la paz”. También, en el singular suceso de la terca mula que transportaba sobre sus lomos una imagen de la Virgen hasta Los Arcos, pero que llegada al lugar donde hoy se levanta la ermita de Santa María de Gracia de Cárcar no quiso dar un paso más, leyenda que se repite en otros ejemplos de Tierra Estella como la Virgen de las Angustias de Lodosa. Por su parte, la devoción a la Virgen de Mendigaña de Azcona tiene su origen en la milagrosa aparición de María a una piadosa vecina que se encontraba enferma, anunciándole, a la vez que la sanaba, que en la cima del monte se encontraba escondida su imagen, donde debía ser venerada.
 

El culto popular: gozos y coplillas, novenas y romerías

Tras el descubrimiento, la devoción y culto a María se adornan con himnos, gozos y coplillas, poesía popular que se canta en las romerías, novenas y fiestas propias de cada Virgen, principalmente en los meses de mayo y septiembre, en las que sus hijos rezan y solicitan el favor de la Madre que aparece como: árbol frondoso, fértil palma, bella rosa, sabroso néctar, perla hermosa, águila que enseña a volar a sus polluelos, luna sin mengua, luz brilladora en la noche, nube en día fogoso, divino imán, brillante y hermoso faro de mares y nieblas, acueducto y canal de todas las gracias, nuestro refugio, escala al cielo… Todos son piropos a María.

En muchos casos los fieles no olvidan los remedios recibidos de la Virgen ante las calamidades públicas, como recogen las coplillas a la Virgen de Mendigaña: “En sequías, apuros y pestes / muchos pueblos venían aquí, / a pedirte, ¡oh María” socorro, / porque todos confían en Ti” (Fig. 2). En parecidos términos se dirigía desde el púlpito a su auditorio en 1783 el religioso que predicó el Sermón del Nacimiento de Nuestra Señora: “Acudamos, pues, aquí en todas nuestras necesidades, que aquí hallaremos el socorro en todas nuestras calamidades… Esta Señora es la que nos alcanza la fertilidad de los campos, la abundancia en las cosechas… Ella nos libra de la peste, de la piedra, de los rayos y de otros infortunios que merecemos por nuestras culpas. De este dichoso monte vela como soberana Atalaya sobre los pueblos y sus moradores y nos convida acudamos a ella en todas nuestras adversidades”. Por todo ello, dicen sus gozos: “Sois, Virgen de Mendigaña, / nuestro amparo y nuestro honor, / Rogad, Virgen Soberana / por nosotros al Señor. / Sois nuestra amante patrona, / nuestra dicha y nuestro amparo / brillante hermoso faro, / que alumbra el pueblo de Azcona”. Y el himno “Oh María” le canta: “Soberana del cielo, Señora, / que en Azcona tienes un altar, / este pueblo ferviente te implora / acogido a tu amor maternal”.

En Luquin, el canto popular recuerda: “Dos santas tenemos / las dos una son / porque solo es una / la Madre de Dios”. En septiembre se celebra la solemne novena a los Remedios y Milagro, a las que se piropea en sus gozos: “En Remedios poderosa, / de Milagros obradora; / Dispensadnos, gran Señora, / vuestra influencia amorosa. / En Luquin está la fuente / de la salud y de la vida; / por todo el orbe esparcida / sigue grata su corriente, / remediando diligente / la sed que al débil acosa… / Tu fama, dulce pregón, / publica tus maravillas / en Álava y las Castillas, / en Navarra y Aragón; todos aliviados son / por tu protección piadosa. / En su capilla se ostenta / la muestra de sus portentos; / allí se encuentran a cientos / dones que el hombre presenta; / y al contemplarlos se aumenta / la admiración asombrosa”.

También los carcarenses acuden en romería a la ermita de su patrona, la Virgen de Gracia, concursando con bellas carrozas adornadas y cantándole himnos: “Dulce, Madre que inspiras nuestro acento / dulce, dulce Madre de amor / mira a este tu pueblo que canta / y fe de amante te dice amor… / Hoy este pueblo te aclama su Reina, / ¡Oh Virgen de Gracia! Su gloria y honor. / Suenen los vivas, digamos Gloria, / Gloria a María nuestro blasón”.
 

Las imágenes marianas: María, Madre e Intercesora

Las protagonistas a las que acuden los fieles con sus cantos e himnos, gozos y coplillas, son imágenes marianas talladas en madera policromada que muestran a María como Virgen y Madre, la mayoría de los siglos del Gótico. Así, la Virgen de los Remedios de Luquin (Fig. 3) es una imagen del segundo tercio del siglo XIII, aunque todavía perviven en ella resabios románicos; también gótica del siglo XIII es la Virgen de Mendía de Arróniz, si bien en 1951 fue chapada en plata excepto cara y manos; y en la primera mitad del siglo XIV se fecha la Virgen de Gracia de Cárcar, en tanto que a la segunda mitad corresponden la Virgen de los Remedios de Sesma y la Virgen de Mendigaña de Azcona. Cronología más tardía presenta la hermosa talla de la Virgen del Milagro de Luquin (Fig. 3), obra renacentista con reminiscencias flamencas de la primera mitad del siglo XVI, enriquecida con una vistosa policromía rococó del siglo XVIII en la que destacan escenas marianas como la Anunciación y la Visitación inscritas en medallones de rocalla. Y barroca del siglo XVII es la Virgen de Montserrat de Lodosa.
 

Un nuevo santuario para la imagen y el culto

Si bien la devoción mariana en Tierra Estella encuentra su origen en la Edad Media, la llegada de la Edad Moderna no significó una disminución de la misma; antes al contrario, los siglos del Renacimiento y del Barroco suponen una etapa de florecimiento y revitalización del culto mariano, que tiene su reflejo en las innumerables cofradías dedicadas a la Virgen, así como en las romerías, procesiones y novenas celebradas en su honor. Como consecuencia de esta devoción, un nutrido conjunto de santuarios y ermitas marianas se construyen ahora de nueva planta o remodelan sus estructuras; son edificios de gran valor devocional cuya silueta se recorta en ocasiones en bellos parajes, enriquecidos con yeserías, retablos y pinturas que les confieren gran suntuosidad.

El nuevo santuario para la imagen encuentra su razón de ser en las reducidas dimensiones o mal estado de conservación del primitivo que carece de las condiciones necesarias para el culto, como leemos en la solicitud de licencia para edificar un nuevo templo que en 1704 elevaron al Obispado los patronos de la basílica de los Remedios y Milagro de Luquin, conservada en el Archivo Diocesano de Pamplona: “La basílica es muy pequeña para los concursos que suelen ser muy numerosos especialmente en las festividades de Nuestra Señora, así de vecinos del dicho lugar como de forasteros de todo el reino y otras partes por lo muy milagroso de las Santas Imágenes que se hallan colocadas en dicha basílica consagrada a su culto y veneración, y por la grande devoción a ellas de los fieles así de sanos como de enfermos en busca de la salud y remedio espiritual y temporal de unos y otros, con la fe y devoción grande que tienen a las dichas santas imágenes”.

¿Dónde se construyen estos nuevos santuarios? Por lo general ocupan el mismo emplazamiento que la ermita anterior a la que sustituyen, aunque puntualmente buscan un lugar más amplio para poder levantar un edificio más capaz (Remedios y Milagro de Luquin). Se encuentran en el casco urbano de la localidad, o muy próximo a él (Montserrat de Lodosa); con frecuencia, en la parte más alta de la población, a modo de atalaya o faro espiritual (Mendía de Arróniz, Mendigaña de Azcona, Remedios de Sesma); y también pueden emplazarse a cierta distancia del casco urbano, ubicación que facilita las romerías y peregrinaciones al santuario (Gracia de Cárcar).

La financiación del nuevo santuario es una empresa colectiva a la que contribuyen en mayor o menor medida todos los vecinos como expresión de amor filial, con sus limosnas y legados testamentarios ya sea en metálico o en especie, ofreciendo trigo en verano y otros productos como uvas en otoño. En ocasiones los legados provienen de otros puntos de la península y de Indias, obsequio de aquellos hijos que, lejos de su lugar de origen, habían hecho fortuna en el mundo de la administración, de la milicia o de los negocios; buena parte de los caudales madrileños y americanos enviados a las localidades de Tierra Estella tuvo como destino sus basílicas y santuarios, prueba palpable de que los estelleses mantienen vivo el recuerdo a su patrona. De esta manera, Bernardo de Nagusia envía desde Madrid un donativo para Mendía de Arróniz, y lo mismo hace desde Cádiz Martín García de Embila para Remedios y Milagro de Luquin. Entre los legados procedentes de Indias deben señalarse los de Lorenzo Hermoso de Mendoza, Regidor perpetuo y Justicia Mayor de Caracas, para Mendía de Arróniz, y del capitán José de Royo (Lima) y Juan Jerónimo Solano (México) para Remedios de Sesma; el primero envió además un legado de plata labrada compuesto por dos coronas y un frontal de altar.

En cuanto a los artífices que tomaron parte en la construcción del edificio y su posterior ornato, la larga nómina incluye a algunos de los principales maestros activos en Navarra en los siglos XVII y XVIII, también de procedencia guipuzcoana, riojana, aragonesa e incluso francesa, con especial protagonismo para Juan Antonio San Juan, veedor de obras del Obispado de Pamplona, quien llevó a cabo tanto el diseño de trazas como labores de reconocimiento y tasación de obras.

Centrando nuestro interés en la arquitectura de los nuevos santuarios, la mayoría presenta planta de cruz latina configurada por nave única, crucero marcado y cabecera recta, siguiendo muy de cerca los modelos de la arquitectura conventual; a este esquema obedecen las ermitas de Cárcar, Luquin, Lodosa y Sesma. Por su parte, Mendía de Arróniz muestra planta en forma de cajón, configurada como un rectángulo alargado cuya nave de cinco tramos se prolonga en la cabecera, estando ausente el crucero. Y Mendigaña de Azcona se resuelve en forma de cruz griega con el eje longitudinal ligeramente alargado, nave de dos tramos, crucero de gran desarrollo y cabecera recta, dando sensación al interior de espacio centralizado. No resulta habitual en los santuarios estelleses la existencia del camarín, espacio privado para la imagen practicado tras el ámbito de la cabecera con la que conectaba a través del altar mayor, presente en todo caso en Nuestra Señora de Codés y San Gregorio Ostiense de Sorlada, así como en la desaparecida basílica del Puy de Estella.

En alzados, los tramos de la nave se articulan por un orden de pilastras rematadas en capiteles (elegantes los de Remedios y Milagro de Luquin con la presencia de cabezas de querubines) sobre los que apoya una cornisa moldurada. En su cubrición se emplean bóvedas de medio cañón con lunetos para los tramos de la nave, brazos del crucero y cabecera, en tanto que sobre el crucero central voltea una media naranja sobre pechinas decoradas con temas marianos que en el caso de Mendía de Arróniz ceden su espacio a los Evangelistas, con san Lucas como pintor de la Virgen. Digna de mención por su carácter novedoso es la cúpula alunetada que se eleva sobre el tramo central del crucero de Mendigaña de Azcona, así como la profusa ornamentación pictórica y de yeserías vegetales que recubre los muros y cubiertas del santuario para convertirlo en uno de los mejores ejemplos del barroco decorativo navarro (Fig. 4). No podemos olvidar tampoco en el capítulo de alzados las soberbias rejas de hierro forjado que en muchos casos delimitan los espacios de la nave y el presbiterio.

Al exterior se impone el dominio de los volúmenes geométricos simples y rotundos, a modo de cajas fuertes que protegen el preciado tesoro del interior. Escapan a esta sobriedad las portadas, que concentran el interés monumental y decorativo. No faltan en ellas elementos arquitectónicos como baquetones moldurados, pilastras cajeadas y columnas, así como una placa de follaje vegetal tan decorativa como simbólica, la hornacina que alberga una imagen pétrea de la titular y el ático de remate que con frecuencia se convierte en espadaña. Así se muestran Montserrat de Lodosa, Remedios de Luquin y Mendía de Arróniz, esta última la de mayor monumentalidad merced a sus cuatro columnas gigantes sobre potente basamento (Fig. 5), ejecutada en las primeras décadas del siglo XVIII por los canteros Francisco de Ibarra y Francisco de Sarasúa conforme a las trazas de Vicente de Frías, quien años atrás había diseñado también la excepcional portada-cascarón de la basílica de San Gregorio Ostiense de Sorlada. Por su parte, Mendigaña de Azcona guarda resabios de la arquitectura conventual en su austera configuración rectangular, en tanto que Remedios de Sesma desarrolla una fachada mixtilínea de ladrillo en la que se inscribe una portada de piedra con epigrafía alusiva a la construcción del edificio.
 

El ornato del santuario: un programa de exaltación mariana

Al interior, el ornato del santuario despliega un programa de exaltación mariana a través de retablos, esculturas y pinturas que se convierten en toda una letanía de amor a la Virgen. El punto de partida se encuentra en el retablo mayor, en muchos casos piezas de gran categoría encargadas a los principales retablistas de la época, con columnas salomónicas, estípites y profusión decorativa. La imagen de la Virgen ocupa el espacio central, en tanto que por el resto de sus calles se distribuyen esculturas, relieves y pinturas con escenas de la vida de María para configurar un programa iconográfico al que con frecuencia se suman san Joaquín y santa Ana, padres de la Virgen, que flanquean la hornacina central. Dignos de mención por su calidad son los retablos mayores de Mendigaña de Azcona (segunda década del siglo XVIII, cercano al estilo de Juan Ángel Nagusia) y de Remedios y Milagros de Luquin (Lucas de Mena, primer cuarto del siglo XVIII).

Además del retablo mayor, otros retablos y pinturas se disponen en los brazos del crucero y en la nave, en ocasiones bajo la advocación de los patronos de la localidad, pero también con significación mariana. Destacan en este sentido la pareja de lienzos enviados en 1686 a Mendía de Arróniz por Domingo de Nagusia, natural de la localidad y avecindado en Madrid, donde era agente de negocios para los pleitos mantenidos en la Corte, y también depositario y administrador de los bienes libres del IX almirante de Castilla Juan Alfonso Enríquez de Cabrera desde 1665 hasta 1683, año de la muerte del almirante. Uno de ellos muestra a la Virgen entre ángeles, en tanto que el segundo presenta a Cristo entre ángeles vestido de jesuita, tipo iconográfico que sigue la visión de la venerable Marina de Escobar y que adquirió particular relevancia en la primera mitad del siglo XVII en el foco vallisoletano de la mano del pintor Diego Valentín Díaz, al que siguieron Diego Díez Ferreras y Felipe y Manuel Gil de Mena. Por su parte, en Remedios y Milagro de Luquin cuelgan sendos lienzos de la Asunción y la Visitación, obra del pintor alavés o riojano Ramón Garrido, activo en la primera mitad del siglo XIX en localidades como Elciego (Álava) y Muniain de la Solana (Navarra).

Al mobiliario se suma en Mendigaña de Azcona la pintura mural, con un programa iconográfico que además de incluir referencias a la letanía lauretana invoca la protección de María en sendas escenas que la muestran como Salvadora en los peligros de la travesía de la vida para llegar a buen puerto (“Sta. Maria succurre miseris… et a periculis cunctis libera nos”; “Ave Maris. Amica Stella naufragis”) y como firme defensora del castillo de la fe (“Virgo potens sicut Turris David. Mille clypei pendent ex ea…”). Completa el programa su aparición a la vecina enferma indicándole el lugar donde se encontraba su imagen (“Elegi et sanctificavi locum istum…”). Y se prolonga en la sacristía con un nuevo conjunto de escenas de simbología mariana, a las que se suman otras de significado eucarístico.
 

Exvotos: agradecidos a María por el favor recibido

Capítulo especial lo constituyen los exvotos, que suelen abundar en los santuarios recordando los milagros realizados por la imagen titular. Si bien existe una gran variedad tipológica (figuras de cera que reproducen partes del cuerpo humano, ropas, cartas, armas, medallas, etc.), centramos nuestro interés en esta ocasión en los exvotos en los que el donante opta por la pintura como vehículo de expresión para referirse al prodigio, dando lugar a cuadros de dimensiones medianas y formato vertical en los que es mayor el valor devocional que el artístico; no en vano, su objetivo principal era el agradecimiento, pero también dejar memoria del suceso, contribuyendo a la fama de la Virgen intercesora y generando una reacción emocional en quienes lo contemplaban.

En Mendía de Arróniz se conservan dos pequeños lienzos de exvotos fechados en 1749 y 1772 respectivamente (Fig. 6). El primero de ellos recoge el testimonio del médico de la localidad Agustín de Zeaorrote, quien aquejado de la dolorosa enfermedad del vólvulo o cólico miserere curó milagrosamente por intercesión de la Virgen de Mendía; pensemos en el valor psicológico añadido de este exvoto en el que ni más ni menos que un médico valida la “medicina milagrosa” de la Virgen. El segundo corresponde al religioso carmelita Miguel de Arviza, también desahuciado por enfermedad y sanado por el retrato de Nuestra Señora de Mendía que le ofrecieron sus padres.

De igual forma, en Remedios y Milagros de Luquin se localizan sendos exvotos de 1797 y 1840 que tienen como protagonistas a Benito Oliban, quien habiendo caído por una ventana a la calle quedó como muerto hasta que sus padres los ofrecieron a Nuestra Señora de los Remedios y sanó, y al vecino de Urbiola Fidel Osés, que se curó de una grave enfermedad tras encomendarse a la Virgen. A ellos se suma un tercero que reviste especial significado por tratarse de un “milagro colectivo”, en el sentido de que relata la salvación del naufragio de un navío, como recoge la cartela que lo acompaña: “Naufragio evitado por intercesión de la V. de los Remedios y del Milagro, siendo Capitán de Navío D. Pedro de Colmenares. Año 1794”. Aunque no hemos encontrado una alusión directa al suceso, sí tenemos constancia por las publicaciones de la época de que en 1794 Pedro Colmenares había ascendido de capitán de fragata a capitán de navío, con posterior base en Cartagena; y que de septiembre de 1794 a septiembre de 1796 fue capitán del San Fermín, un navío de 74 cañones botado en el puerto de Pasajes en 1782, y que quizás pudiera identificarse con el del acontecimiento de la pintura.
 

Conclusión

“Del desierto de la vida / es María árbol frondoso / que al viajero pesaroso, / ofrece dulce acogida; / a todo el mundo convida / con su sombra deliciosa. / Si miráis nuestro desvelo / por gozaros algún día, / y sois Vos, dulce María, / la escala que guía al Cielo, / suavizar podréis el suelo / de senda tan espinosa”.

Así imploran los hijos de Luquin el favor de su Madre María, acogiéndose a la sombra de su refugio y protección en el santuario que testimonia la devoción de todo un pueblo. Y, como ellos, tantos otros vecinos de innumerables localidades de Tierra Estella que han sabido transmitir, de generación en generación hasta nuestros días, una fe popular hecha de leyendas y milagros, de coplillas y gozos, de novenas y romerías, de tallas medievales y santuarios barrocos. Todo un legado devocional y patrimonial de gran valor que debe conservarse para mantener vivas las señas de identidad que durante siglos han caracterizado a los habitantes de Tierra Estella.
 

Fig. 1. Luquin. Basílica de Nuestra Señora de los Remedios y del Milagro. Aparición de las sagradas imágenes. Foto: J. J. Azanza.

Fig. 2. Coplillas a la Virgen de Mendigaña de Azcona.

Fig. 3. Luquin. Imágenes de Nuestra Señora de los Remedios (segundo tercio del siglo XIII) y del Milagro (primera mitad del siglo XVI). Foto: J. J. Azanza.

Fig. 4. Azcona. Basílica de Nuestra Señora de Mendigaña. Interior y retablo mayor. Foto: J. J. Azanza.

Fig. 5. Arróniz. Basílica de Nuestra Señora de Mendía. Portada. Foto: J. J. Azanza.

Fig. 6. Arróniz. Basílica de Nuestra Señora de Mendía. Exvotos. Foto: J. J. Azanza.

 

Para saber más

Arraiza, Jesús, Santa María en Navarra. Devoción. Leyenda. Historia, Pamplona, Caja de Ahorros Municipal de Pamplona, 1990.
Azanza López, José Javier, Arquitectura religiosa del Barroco en Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1998.
Clavería Arangua, Jacinto, Iconografía y santuarios de la Virgen en Navarra, Madrid, Gráfica Administrativa, 1942.
Fernández Gracia, Ricardo, El retablo barroco en Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2003.
Fernández Gracia, Ricardo, Andueza Unanua, Pilar, Azanza López, José Javier y García Gainza, María Concepción, El arte del Barroco en Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2014.
Fernández-Ladreda, Clara, Imaginería medieval mariana en Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 1989.
Fernández-Ladreda, Clara, Guía para visitar los santuarios marianos en Navarra, Madrid, Encuentro, 1989.
García Gainza, María Concepción, Heredia Moreno, Carmen, Rivas Carmona, Jesús y Orbe Sivatte, Mercedes, Catálogo Monumental de Navarra, II*. Merindad de Estella, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1982.
García Gainza, María Concepción, Heredia Moreno, Carmen, Rivas Carmona, Jesús y Orbe Sivatte, Mercedes, Catálogo Monumental de Navarra, II**. Merindad de Estella, Pamplona, Institución Príncipe de Viana, 1983.
Laviñeta Samanes, Silvio y Ciordia Muguerza, Javier, La Virgen de Luquin, Pamplona, Gráficas Iruña, 1970.
Salve. 700 años de arte y devoción mariana en Navarra (cat. exposición con textos de Clara Fernández-Ladreda y María Concepción García Gainza), Pamplona, Gobierno de Navarra, 1994.
Tarsicio de Azcona, Azcona de Yerri. El pueblo, su parroquia, sus ermitas, Pamplona, Lamiñarra, 2011.