3 de junio de 2016

En torno al patrimonio cultural en el valle de Baztán

Prohombres baztaneses en la promoción de las artes durante la Edad Moderna 

Dña. Pilar Andueza Unanua
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

Si recorremos las parroquias del valle de Baztanllama la atención la presencia de numerosas esculturas del siglo XVIII salidas de las gubias del escultor Luis Salvador Carmona, el mejor escultor español de su tiempo, y descubrimos igualmente en las sacristías diversas piezas llegadas desde la Villa y Corte, la Nueva España o Guatemala. No menos sorprendente es hallar la mole edilicia del convento de clarisas de Arizkun, de raigambre madrileña. A la vista de estos bienes culturales de primera fila hay que preguntarse cómo es posible que en la periferia de la península, en un valle recóndito y de difíciles accesos, se consumiera en el siglo XVIII el mejor arte que por entonces se producía en los territorios de la monarquía hispánica.

La respuesta la hallamos una vez más en lo que Caro Baroja denominó “la hora navarra del XVIII”, fenómeno que también favoreció la frenética actividad constructiva desarrollada en el valle en torno a casas y palacios desde finales del siglo XVII y buena parte del Siglo de las Luces.La emigración de numerosos baztaneses por aquellas fechas, su servicio a la monarquía en altos puestos de la administración, el ejército y la Iglesia, o su dedicación a importantes negocios, propiciaron la formación de importantes patrimonios que revirtieron en buena medida en su tierra natal, regresaran o no a ella. La casa y la familia dejada atrás se vieron beneficiadas por su generosidad. Pero también sus profundas convicciones religiosas y su piedad cristiana, así como la magnificencia a la que muchos se creían obligados por la condición económica y social alcanzada, propiciaron que muchos de aquellos emigrados desde sus lugares de destino –fundamentalmente Madrid e Indias- remitieran obras de artey remesas monetarias para reconstruir o mejorar las parroquias donde habían recibido las aguas bautismales, dotarlas con retablos e incluso fundar conventos. Estas dádivas, además, daban buena cuenta ante sus paisanos del poder alcanzado. Cabe resaltar el papel jugado en este sentido por los tíos solteros o que, casados, no tuvieron descendencia, y resulta de gran importancia para analizar todo este fenómeno la política matrimonial muy endogámica en el valle, que permitió la progresión social de numerosas familias.

Aunque la nómina de baztaneses que responden a estos perfiles es muy amplia, resaltaremos algunos de los más destacados. Entre los personajes más relevantes en la promoción de las artes destacó de manera especial Juan Bautista Iturralde, nacido en la casa Iturraldea de Arizkun. 

 

Juan Bautista Iturralde y su esposa Manuela Munárriz
(Convento de clarisas de Arizkun)

 

Amigo y socio de Juan de Goyeneche, se asentó en Madrid antes de 1699 y se dedicó con gran éxito a los negocios. Entre ellos tuvo en sus manos el abastecimiento de víveres, pólvora y armamento del ejército entre 1712 y 1729, si bien su negocio más rentable fue el préstamo que hizo a Felipe V de un millón de pesos escudos, a cambio del cual el monarca le cedió en 1725 sus rentas del reino de Granada. En 1739 fue nombrado Secretario de Estado y Despacho universal de Hacienda y obtuvo el título de marqués de Murillo. Además de sufragar la reconstrucción de su casa nativa en 1716, fundó junto a su esposa Manuela Munárriz, un patronato de obras pías en 1731, lo que supuso la erección de numerosas fundaciones de tipo religioso, educativo y asistencial. Merced a ello en Arizkun ambos patrocinaron el convento de Nuestra Señora de los Ángeles de clarisas en 1736, si bien las gestiones se habían iniciado en 1731. Las trazas, que llegaron desde Madrid y parecen obra de Fausto de Manso, permitieron la construcción de un convento monumental, en el que sobresale la fachada de gran dinamismo y color. Los diseños de los retablos también parecen obra madrileña, si bien fueron ejecutados por José Pérez de Eulate en 1736, ajustándose a modelos barrocos de José Benito de Churriguera.

Convento de Nuestra Señora de los Ángeles de Arizkun


En Azpilkueta la figura de Martín de Elizacoechea resultó fundamental para la localidad. Nacido en la casa Dorrea en 1679, estudió en la universidad de Alcalá y siguió carrera eclesiástica, lo que le llevó en 1716 a la Nueva España. Tras pasar unos años en la ciudad de México donde fue canónigo de su catedral, maestrescuela, chantre, arcediano y deán, fue nombrado obispo de Durango en 1736, desde donde pasó a ocupar la mitra de Valladolid de Michoacán algunos años después. La correspondencia mantenida con su familia ha permitido conocer a fondo su papel como protector de su familia y, especialmente, como promotor de las artes. No sólo financió la reconstrucción de su casa, sino que atendió también la llamada que le hizo el rector de la parroquia de Azpilkueta ante el deterioro que presentaba el templo y envió diversas remesas que permitieron erigir de nueva planta la parroquial de San Andrés entre 1750 y 1752, siguiendo los planos de Juan Miguel de Goyeneta. Con su dinero se pudo también encargar a Luis Salvador Carmona las esculturas que habrían de presidir los retablos: el titular San Andrés, la Virgen del Rosario y Santa Bárbara. Aquellos muebles fueron ejecutados hacia 1760 por Silvestre de Soria, el arquitecto, tallista y escultor navarro más importante del siglo XVIII, formado en el taller del Palacio Real de Madrid. Quizás fueron sufragados por Francisco Indaburu, sobrino político de Elizacoechea, natural de la casa Echartenea de Azpilkueta, que fue tesoro de la reina. 

Tallas de Nuestra Señora del Rosario, San Andrés y Santa Bárbara,
obras de Luis Salvador Carmona en la parroquia de Azpilkueta


Los hermanos Jáuregui, naturales del palacio cabo de armería de Oharriz en Lekaroz, hijos de Matías de Jáuregui y Juana María de Aldecoa, que habían casado en 1695, fueron providenciales para la parroquial de su localidad. Desconocemos quién sufragó sus retablos, ejecutados nuevamente por Soria entre 1762 y 1767 y dorados por Pedro Antonio de Rada. Francisco Martín de Jáuregui, hombre de negocios asentado en Madrid, no sólo financió la construcción del palacio familiar en 1748, sino que sufragó las esculturas de San Bartolomé, San Matías y Santa Catalina de la parroquia, obras de Carmona, venidas desde Madrid. Al patrocinio de su hermano Pedro Fermín, arcediano de cámara de la catedral de Pamplona, gran promotor de las artes en la citada seo, se debe la Virgen del Rosario, un San Juanito y un Niño Jesús redentor, también carmonescos. Consta en los libros de fábrica que regaló asimismo un ornamento, un conjunto de cáliz, patena, vinajera y campanilla, un Lignun Crucis y dos relicarios. Ambos hermanos financiaron el dorado de los dos retablos colaterales. Finalmente a un tercer hermano, Agustín, que llegó a ser virrey del Perú en 1780, se debe un extraordinario palio bordado en oro, con sus varales de plata, que remitió desde Lima.

Martirio de San Bartolomé, de Luis Salvador Carmona
Parroquia de Lekaroz