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Ricardo Fernández Gracia, director de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Fernando Galbete. In memoriam

mar, 27 dic 2016 10:38:00 +0000 Publicado en Diario de Navarra

Desde estas líneas deseo dejar constancia de una faceta de la personalidad de Fernando Galbete, recientemente fallecido, sobre la que es preciso insistir y dejar especial recuerdo. Se trata de su implicación con la conservación, conocimiento y difusión del patrimonio artístico de la Comunidad Foral.

Indudablemente, Fernando fue muy consciente de que el patrimonio cultural, además de remitir a lugares de la memoria, constituye un vínculo entre generaciones y resulta fundamental a la hora de estudiar la identidad de los pueblos. Soy testigo de cómo esa pasión por los monumentos y su contemplación multidisciplinar, le hizo preparar salidas con amigos a los que pacientemente, como él sabía, conducía por distintos rincones de Navarra, en un pequeño autobús, aprovechando los fines de semana. Sin duda, in situ, es el mejor de los modos para entender y comprender el significado de los bienes culturales. Gozaba y disfrutaba entre nuestros paisajes, por las naves de nuestras iglesias y, como buen conductor del grupo, aportaba sus muchos saberes y organizaba todo, hasta el mínimo detalle. Entre aquel grupo, las horas pasaban sin sentir.

Como patrono de la Fundación Fuentes Dutor supo pedir consejo a personas preparadas y conocedoras de nuestro acervo cultural para intervenir, de modo muy especial, en el conjunto catedralicio de la capital navarra: sala capitular, retablo de las Navas, sacristía, puerta del Amparo… etc., de modo que esas partes de la seo pamplonesa volvieron a recuperar su notable esplendor. Todas esas actuaciones no dejan de ser, al día de hoy, un ejemplo de cómo las instituciones privadas pueden colaborar junto a las públicas en la rehabilitación del patrimonio artístico y cultural.

Consciente de que aquellas acciones no podían ni debían quedar en la mera intervención y restauración, animó y promovió desde la citada Fundación ciclos de conferencias sobre los bienes citados, e incluso publicaciones especializadas y de investigación para su difusión en ámbitos más académicos. Asimismo, fue interlocutor con la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro, de la Universidad de Navarra, para colaborar en la edición del volumen dedicado a la catedral de Pamplona de los Cuadernos de la Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro (2006) y más recientemente, para patrocinar la edición del estudio del Crucificado de Alonso Cano (2015) que, procedente de Lecároz, se encuentra hoy en la iglesia de San Antonio de Capuchinos de Pamplona.

Su imagen y recuerdo resultan evocadores: mirando con atención y contemplando sin prisas una pieza en una exposición, o preparando la pregunta emanada de su innata curiosidad …. Fernando Galbete, siempre constante y generoso, escuchaba con paciencia e interés,  apoyaba con la palabra y, si era posible, con los medios. Además tenía ganas, muchas ganas de culminar proyectos. Estoy seguro que, desde el más allá, estará mirando, con cierta reserva, estas líneas, porque gustaba del anonimato, la discreción y la prudencia que, al decir del Padre Gracián, “se conoce en la seriedad, que está más acreditada que el ingenio”.

A su lado, con reflexión y sin afectaciones, se entendía y aprendía con prontitud. Combinaba a la perfección la pasión y el disfrute y ese binomio quedaba reafirmado en su semblante. En latín, lo expresaríamos sintéticamente con la frase: Cor gaudens exhilerat faciem.

A María Cruz y sus hijos, les diría con Santa Teresa: “Si en medio de las adversidades persevera el corazón con serenidad, con gozo y con paz, esto es amor.