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¿Desaparecerán las crisis bancarias con el euro digital?

24/05/2025

Publicado en

Expansion

Antonio Carrascosa Morales |

Profesor del Máster de Banca y Regulación Financiera de la Universidad de Navarra

El debate sobre el euro digital se extiende a aspectos tales como la eficiencia de los sistemas de pagos, la inclusión financiera, la autonomía estratégica y… las crisis bancarias. Hay autores que afirman que las crisis bancarias desaparecerán con el euro digital. Hay que entender que el escenario en el que están pensando es el de desaparición de los depósitos del público en bancos privados, es decir, que esos depósitos estarían en euros digitales, que son un pasivo del Eurosistema (Banco Central Europeo y bancos centrales de la zona euro) al igual que lo son los euros físicos. De esta forma, la actividad bancaria de intermediación financiera ya no descansaría sobre unos depósitos bancarios “inseguros” e “inestables”, especialmente en momentos de incertidumbre. Una vez hayan desaparecido los depósitos bancarios, habrán desaparecido las crisis bancarias. Me temo que la realidad es más compleja.

Si los depósitos bancarios estuvieran en el centro, las crisis bancarias, una menor participación de aquéllos en el pasivo de los bancos, debería suponer una reducción de las crisis. Pues bien, esa reducción no se ha producido, como han comprobado, por ejemplo, O. Jordà, B. Richter, M. Schularick y A. Taylor (Bank capital redux: solvency, liquidity, and crisis). Estos autores nos recuerdan que, en 1950, los depósitos eran prácticamente los únicos elementos del pasivo bancario y ese peso comenzó a descender significativamente en los años 70. Justo antes de la crisis financiera de 2008, los depósitos representaban, en Estados Unidos (EE. UU.), un 65 % de los pasivos totales bancarios. Y eso no impidió una gran crisis bancaria.

Si los principales culpables de las crisis fueran los depósitos bancarios, la generalización del seguro de garantía de depósitos (aunque no tenga una cobertura completa) habría reducido extraordinariamente las crisis bancarias. De nuevo, la realidad nos dice otra cosa: según K. Rogoff y C. Reinhart (This Time is Different), desde principios de los años setenta, el número de países con seguro de depósitos se ha multiplicado por más de diez. Al mismo tiempo, el número de crisis bancarias ha aumentado: la proporción de países que experimentaron una crisis pasó de menos del 1 % en 1950-73 a más del 17 % en 1974-2008.

La evidencia empírica (por ejemplo, Jordà et al.) nos dice también que la relación préstamos/depósitos no es un buen predictor de crisis bancarias y señala que los otros pasivos financieros son cada vez más un factor de riesgo para los bancos. En el mismo sentido, G. Gorton (Information, liquidity and the ongoing panic of 2007) ha argumentado que el pánico financiero de 2007 no puede explicarse en EE. UU. sin considerar la crisis de confianza en el mercado de activos colateralizados (repos), que se expandió a bancos, fondos monetarios y otros operadores del mercado.

Como puede apreciarse, los depósitos no son los únicos que pueden generar crisis financieras. Cada vez es más claro que cualquier “pasivo exigible” –es decir, cualquier pasivo que sea reembolsable a la vista– puede generar una crisis financiera. Para D. G. Gorton y A. Metrick (How to make banks stable), una crisis de confianza grave en los mercados financieros podría generar una fuga, no de depósitos, sino de inversores (liquidarían sus posiciones), hundiendo el precio de dichos instrumentos y dificultando la absorción de nuevas emisiones de las entidades de financiación en dicho mercado.

Un ejemplo, en EE. UU., de entidades sin depósitos y con apelación al mercado para financiar sus operaciones crediticias han sido los market-based lenders, como “Lending Club”, que no prosperaron porque, como era de esperar, cuando comenzaron a surgir problemas en la calidad de los activos de las entidades prestamistas (correspondientes impagos), se produjo una fuga de inversores, no de depositantes. Parece claro que, en ese escenario (demasiado apelación a los mercados), la financiación privada de la actividad económica sería más costosa y, muy probablemente, sería menor que en la actualidad (con mayor papel de los depósitos).

Por tanto, en un mundo de bancos sin depósitos también serían posibles las crisis bancarias. ¿Por qué? Además de los argumentos ya expuestos, la literatura financiera ha encontrado otros: asunción de riesgos excesivos, problemas de gobierno corporativo, fraudes, desregulación inadecuada, fallos supervisores, etc. En muchas crisis, los problemas básicos han estado más en el activo que en el pasivo de los bancos.

Las autoridades han intentado reducir los riesgos bancarios con diferentes instrumentos regulatorios: requisitos estrictos de solvencia, apalancamiento, liquidez, gobernanza, etc. Lo curioso es que algunos defensores del euro digital consideran que estas regulaciones son un privilegio de la banca, que desaparecerán con la generalización del euro digital. Expresamente citan el seguro de garantía de depósitos, la financiación del Eurosistema a los bancos y el bail-out de bancos en quiebra con el dinero de los contribuyentes. Pues bien, los seguros de garantía de depósitos son financiados por el propio sistema bancario con contribuciones en función del riesgo de las entidades; la financiación del Eurosistema se realiza a entidades solventes, con previa aportación de colateral y exigiendo un tipo de interés; y la creación de la Unión Bancaria incluye un marco de resolución bancaria para evitar los bail-outs, que ha obligado a los bancos a contribuir a un fondo europeo de resolución (unos 80.000 millones de euros) y mantener una elevada cantidad de pasivos, que no necesitan las entidades, y que puedan ser fácilmente objeto de un bail-in.

Si esa regulación fuera un privilegio para los bancos, éstos presionarían para su refuerzo, hecho muy alejado de la realidad. Las próximas medidas de la Administración Trump van a ser claramente desreguladoras, lo que contradice la hipótesis del privilegio.

Es claro que en la actividad de financiación de la economía se asumen riesgos, incluso si los depósitos pasaran en su totalidad al banco central: aunque se comenta que el dinero público está libre de riesgo, hay que matizar que esa característica se refiere al riesgo de contraparte del emisor, es decir, los depósitos mantendrían siempre su valor nominal, ya que el Estado/Banco Central no quiebra por definición (otra cosa sería la pérdida de valor real de esos depósitos). No obstante, en ese escenario, el Eurosistema estaría sujeto, como inversor, a los riesgos financieros básicos (riesgo de crédito, tipo de interés y de mercado), ya que, si incrementamos el pasivo del Eurosistema con esos euros digitales, se incrementaría también su activo con instrumentos cuyo precio puede variar y ocasionar pérdidas al Eurosistema. Un ejemplo lo tenemos en las pérdidas recientes de muchos bancos centrales, como consecuencia de las subidas de tipos de interés y reducción del precio de los bonos públicos en sus balances.

En el fondo, la diferencia entre un banco comercial privado y el Eurosistema es que éste no puede quebrar, pero lo que hace es socializar las pérdidas en las que puede incurrir (dejando de repartir dividendos a los gobiernos).

Para finalizar, señalaré una cuestión fundamental: si se sustituyeran completamente los depósitos bancarios por euros digitales, las necesidades de adquisición de activos por el Eurosistema serían enormes, por lo que, si sólo se invirtiera en deuda pública de países europeos, podría incumplirse el principio de no financiación monetaria del déficit público. Si ampliara sus inversiones al sector privado, surgirían problemas políticos serios para el Eurosistema al tener que decidir a qué empresas financiar y a cuáles no. Esto requeriría la asignación de ahorro a la inversión que hace la banca ahora, acabando haciendo otros intermediarios financieros privados (también sujetos a crisis) y el Eurosistema tendría que gestionar riesgos financieros novedosos para esas entidades.