Publicador de contenidos

Volver 20240318_OP_ARQ_Roberto_ercilla

Roberto Ercilla, arquitecto clave y gran académico

18/03/2024

Publicado en

Diario de Navarra

Francisco Mangado |

Profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra

Ha muerto el arquitecto y amigo Roberto Ercilla. Llevaba su enfermedad de manera discreta y sin molestar. Para él la enfermedad y la muerte formaban parte de la vida. Esa vida que él veía como realidad que había de abordarse desde el equilibrio entre un realismo optimista y un sentimiento aplicable a las cosas más importantes.

Roberto Ercilla ha sido un arquitecto clave en el devenir de la arquitectura del País Vasco. En unos años, fundamentalmente los años ochenta y noventa del siglo pasado, en que la arquitectura más glosada en esta tierra aparecía básicamente alineada con un neoclasicismo retórico e imposible, asumió la decisión de desarrollar una arquitectura en clave moderna en su más amplio sentido de la palabra. Una arquitectura que, sabiendo reconocer la realidad de su tiempo, se nutrió de una visión atenta a la realidad de su entorno, demostrando que la cultura arquitectónica en su querido País Vasco, sin perder identidad, podía dialogar con otras maneras de pensar más abiertas. Sus obras, profusamente divulgadas y premiadas en diversos ámbitos, fueron apreciadas y calificadas de gran calidad arquitectónica, pero también, y quizás más importante, como manifiestos de una manera de hacer la arquitectura de calidad, libre de adscripciones impuestas desde la “oficialidad”. Su trabajo abrió camino y devino en referente para toda una generación de jóvenes arquitectos vascos.

Roberto no era consciente, o no quería serlo dada su modestia, del valor docente que su obra adquiría en aquellas circunstancias, negándose reiteradamente a aceptar las invitaciones del entorno académico. Finalmente, se incorporó como profesor a la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Navarra, desarrollando desde entonces hasta su muerte, durante más de veinte años, un trabajo que resulta difícil de glosar. Su esmerada atención, crítica y con  paciencia, dedicada a cada uno de sus alumnos, lo convirtió en uno de los profesores preferidos y un referente de la citada Escuela. Su generosidad le permitió dar respuesta de calidad en cualquiera de las diferentes responsabilidades académicas a las que fue llamado, trabajando y enseñando prácticamente hasta el último día, pues sabía que siempre podría seguir haciendo y construyendo arquitectura, ahora ya, con la ayuda unos alumnos que lo conservan en su memoria y en sus manos.

Desde la Escuela de Arquitectura queremos recordar la memoria de un profesor y, sobre todo, de un amigo que hizo de la ilusión por la arquitectura y de la dedicación al alumno, superando la simple y pura transmisión de conocimiento, un ejemplo de vida hasta el final. Descanse en paz.