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Patrimonio e identidad (99). Preparando la Navidad: celebraciones de diciembre

15/12/2025

Publicado en

Diario de Navarra

Ricardo Fernández Gracia |

Cátedra de Patrimonio y Arte Navarro

Hasta hace unas décadas, el tiempo litúrgico de la Navidad terminaba con la fiesta de las Candelas. El dicho popular aún nos recuerda: “Hasta la Purificación, Pascuas son”.  Del mismo modo, el Adviento que precede a las pascuas navideñas, ha estado salpicado tradicionalmente, a lo largo del mes de diciembre, de algunas celebraciones que preconizan la inminente venida del Mesías, si bien la mayor parte de ellas han caído en desuso, al menos con los contenidos y formas que tuvieron en los tiempos pasados.

La fiesta de San Nicolás

En la mayor parte de las catedrales españolas y otras iglesias, se celebraba la fiesta del obispillo el día de Inocentes, el 28 de diciembre. A comienzos del mismo mes, el día de San Nicolás, se elegía a uno de los infantes de coro de la capilla musical en las catedrales y colegiatas o un monaguillo de la parroquia para que ejerciese jurisdicción durante el día 28. De tal costumbre, generalizada en toda España, nos da cuenta el biógrafo de fray Hernando de Talavera, primer arzobispo de Granada, cuando afirma que, en todas las catedrales del siglo XVI, se elegía un obispo el día de san Nicolás, “cuya dignidad duraba hasta el día de Inocentes: en el cual mudándose los oficios de los mayores por los menores, mandando estos y obedeciendo aquéllos…., llegado el día de Inocentes llevaban al obispo desde su colegio al coro, vestido de pontifical, y acompañado de los demás oficiales, los cuales con sus ropas y sobrepellices representaban al nuevo deán y cabildo de la iglesia, y las dignidades y canónigos servían de capellanes y criados del obispo…”.

Ecos de aquellas fiestas celebradas por monaguillos y niños de coro de iglesias y catedrales son algunos personajes del folklore navideño, interpretados por unos como motivo de burla y, por otros, como una representación piadosa. Buen ejemplo de ello es el denominado “obispillo” u “obispo de los niños” del día de san Nicolás, que aún se escenifica en varias localidades navarras, que hablan de unas representaciones del mundo al revés, perfectamente encajadas en el espíritu carnavalesco de las fiestas invernales. El festejo ha sido estudiado, entre otros autores, por Jimeno Jurío y Javier Zubiaur. Este último investigador, junto a Mª Amor Beguiristáin recogieron todo lo relativo al festejo en Muruzábal. En Burgui la Asociación Cultural La Kukula tiene recogido un excelente material gráfico desde 1974.

El festejo tuvo especial vistosidad en algunos pueblos del Valle de Roncal, en donde el obispillo, con su séquito, iba acompañado del regimiento municipal, ataviado a la vieja usanza. Pablo Orduna ha estudiado detenidamente la fiesta en Burgui, Urzainqui y Uztárroz, aportando diversos datos. José Joaquín Pérez Necochea (1772-c.1844), natural de Uztárroz, canónigo liberal y senador, escribió el Asno ilustrado o sea la Apología del Asno (1837). Allí, tratando de las fiestas de locos y tras citar algunos testimonios europeos, escribe: “el registro de alhajas de la iglesia de mi pueblo, donde dice: Item, una mitra de seda bordada para el Obispo de los niños. Item, un pectoral para el Obispo de los niños. Item, una muceta de seda carmesí para el Cardenal de los niños”. A continuación, en primera persona, cuenta su experiencia con estas líneas: “No me chanceo, porque así es puntualmente; y yo mismo he llevado estas investiduras y ejercido estas funciones, echando bendiciones al pueblo, etc. Bien distante mi inocencia de oír su origen, ni que hubiese habido iglesias de categoría, ni que existiesen libros que llamasen mi Episcopado de los Locos. Practícase lo mismo en otros pueblos del país”.

Santa Lucía para las niñas en Sada, desde hace poco más de un siglo

Si los niños tenían su fiesta en el día de san Nicolás, las niñas de Sada, a iniciativa de la maestra de la localidad, vienen celebrando la fiesta de santa Lucía, desde comienzos del siglo XX. Hasta hoy ha llegado, como testimonio singular, el festejo en Sada, en donde también se celebra el obispillo. Las chicas de la localidad, según nos informa el párroco, don Íñigo Serrano Sagaseta de Ilúrdoz, se juntan en la parroquia, antes en su ermita. Tras acudir a misa, una niña se viste de santa Lucía y da la bendición con una cruz de madera que antes se ha pasado por el plato con los ojos de la imagen gótica de la santa. Al dar la bendición, dice: “Santa Lucía gloriosa, te conserve la buena vista”, y la persona bendecida besa la cruz. A continuación, las niñas hacen una cuestación por todo el pueblo y en cada casa se entona el tradicional canto alusivo a la fiesta, con referencias a la santa y a la antigua ermita y se da la bendición a los habitantes de la casa. Finalmente, las niñas comen juntas en la antigua escuela. Las mayores cuidan de las más pequeñas. De lo recaudado dan un donativo al párroco para las misiones. Actualmente, se celebra el festejo el sábado más próximo al día 13 de diciembre.

Las Jornadas

Entre las tradicionales devociones conventuales y familiares figuraban las Jornaditas, que eran una especie de novena de preparación para la Navidad. Hoy, como ayer, siguen celebrando la Navidad con algunos ritos singulares los conventos hispanos e hispanoamericanos. Las Jornadas comienzan el día 16 de diciembre y terminan el día 24, con la lectura de unas consideraciones sobre los tránsitos que hicieron José y María desde Nazaret a Belén. La costumbre, que perdura con fuerza en países como México o Guatemala, también se practicaba en las parroquias y las casas de Navarra hasta el siglo XIX. Conocemos varias ediciones para la práctica de las Jornadas o Posaditas, y sabemos de su escenificación con imágenes de san José y la Virgen en busca de aposento. En México se celebran con gran pompa, en torno a una procesión con luminarias, que parte de la iglesia con las imágenes de María y José y un burro con un ángel. A lo largo del recorrido se pide posada para tan singulares peregrinos, una y otra vez, hasta que finalmente se abre una puerta. 

En nuestro tiempo, en Pamplona, las Carmelitas Descalzas de la Calle Salsipuedes, siguen celebrando las Jornadas, que comienzan el día 16 de diciembre y terminan el día 24, con la lectura de unas consideraciones sobre las jornadas que hicieron José y María desde Nazaret a Belén.

La escenificación principal la llevan a cabo las hijas de santa Teresa, al atardecer del día 23, cuando la comunidad con velas encendidas y cantando se dirige a una de las tribunas, en donde se encuentran las delicadas esculturas dieciochescas de los peregrinos, es decir María y José. Las letrillas de los cantos rezan: “San José que a la Virgen / va acompañando / con amantes suspiros / dice llorando: / ¡Ay de mi vida / mi dulce gloria, / de mi memoria, / prenda adorada, / Ay lo que siento el veros / tan fatigada!…”. En la última estrofa, la priora toma las dos imágenes y entonan otras coplillas de la tradición conventual, una de las cuales dice: “Pastorcita Virgen / Gloria de Belén / de un Príncipe Madre / que también es Rey / Ven a nuestros Valles / del Líbano ven. / Serás coronada, / Reina de Israel…”.  A partir de ese momento, la ceremonia cobra mayor fuerza, pues se va al despacho de la santa, y las celdas de la priora y de todas las monjas, en donde cada una reza, recita un poema o canta un villancico a los visitantes. Al final, en el coro, se realiza el ejercicio correspondiente de las Jornadas. 

Con el relato sencillo, cargado de simbolismo, no nos resulta difícil retrotraernos a los enladrillados y gélidos pasillos conventuales del convento antiguo, en la Plaza del Castillo, pues la tradición perdura con fuerza. Antes y ahora se trataba de preparar los caminos de la Navidad, para deleitar al corazón y a los sentimientos en la venida del Salvador.

La Virgen de la Esperanza

La Virgen de la Esperanza o de la O se celebra el día 18 de diciembre. Se trata de una advocación mariana que se asocia con el Adviento o espera de la Natividad de Cristo, cuando la Virgen estaba embarazada. La razón del nombre "O" es la exclamación admirativa “Oh” que aparece en las siete estrofas de las vísperas que preceden a la Navidad, entre los días 17 y 23. Cada antífona es uno de los nombres de Cristo, uno de sus atributos mencionados en las Escrituras. El día 17: O Sapientia (Sabiduría), el 18: O Adonai (uno de los nombres de Dios en hebreo: Señor mío), el 19: O Radix Jesse (Raiz de Jesé), el 20: O Clavis David (Llave de David), el 21: O Oriens (Amanecer), el 22: O Rex Gentium (Rey de las Naciones) y el 23: O Emmanuel (Dios con nosotros). Las primeras letras de los títulos leídas en sentido inverso forman el acróstico latino “Ero Cras”, que significa “Mañana, yo vendré”, y reflejan el tema de las antífonas. En las Clarisas de Estella, el día en que la abadesa cantaba la O, se distribuían entre la comunidad dos pastillas de chocolate para cada religiosa y una para cada una de las criadas. En casi todos los conventos femeninos de clausura, las religiosas portaban una especie de estandarte con la “O” ornamentada con distintos motivos y las letras del comienzo de la antífona correspondiente a cada día.

En la catedral de Pamplona, “la música”, es decir las voces e instrumentos, acompañaban ese oficio. Por los apuntes del ceremoniero catedralicio del último tercio del siglo XIX, sabemos que “en las primeras Vísperas de la Expectación entona la antífona O Sapientia el Sr. Deán para lo cual acompaña el maestro de ceremonias desde su silla hasta el facistol, y después que se haya cantado toda la antífona lo vuelve a acompañar hasta la escalera del coro de arriba. Los seis días siguientes entonan las O las dignidades o canónigos más antiguos, previa invitación del Sr. Deán o presidente del coro, la que hace por medio del maestro de ceremonias”

La Virgen de la Esperanza cuenta con algunas representaciones exquisitas, pertenecientes al periodo gótico. Recordemos la escultura pétrea de la basílica de la Virgen de la O en Pamplona, en la demarcación parroquial de San Lorenzo, en el barrio de Sandu Andía, procedente del convento de la Merced. Contó con una cofradía y tuvo un hospital. El obispo don Martín de Zalba concedió indulgencias a quienes ayudasen a su edificación en 1384. En la segunda mitad del siglo XVIII se agrandó el templo, que se derribaría en 1987, construyéndose otro que armoniza escasamente con su entorno.

Un magnífico ejemplo pictórico es la tabla titular del retablo de la capilla de los Villaespesa de la catedral de Tudela, obra de 1412 del pintor zaragozano Bonanat Zaortiga. En este caso la imagen de la Virgen grávida de gran tamaño, está rodeada de ángeles que sostienen una tela de fondo, mientras los patronos de la capilla, el canciller Villaespesa y su mujer doña Isabel de Ujué, de pequeño tamaño, rezan a sus pies.

Durante el siglo XVI conocemos documentalmente algunos ejemplos, con tipologías dependientes de la Virgen apocalíptica, como la escultura que Domingo de Segura hizo para Obanos en 1554, con el sol en el vientre de la Virgen. En la época barroca se construyó en Valtierra un templo mariano bajo la advocación de la Virgen de la Esperanza, que cuenta con un rico retablo barroco y un excepcional camarín con pinturas del Barroco decorativo. Otras ermitas de la misma advocación se encuentran en Ugar y Ciriza. La única parroquia de la Expectación de Nuestra Señora es la de Munárriz.