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Equilibrio espiritual y psicológico

15/09/2022

Publicado en

Alfa & Omega

José María Pardo Sáenz |

Director del Programa de Experto en Psicología y vida moral

Lo psicológico y lo espiritual son como dos ojos, que se complementan el uno al otro. El uno le sirve al otro en la percepción de la totalidad de la vida y de sí mismo. Pero si un ojo no está funcionando bien o está cerrado, resulta difícil que se pueda tener una percepción realista de la vida y una adecuada comprensión de la persona. Al separar lo psicológico de lo espiritual, no se está mirando la persona total. Quizá por este motivo hay mucha gente que sufre innecesariamente.

La armonización de lo bio-psicológico y lo espiritual ciertamente es un desafío para el ser humano. Muchos de los psicólogos especializados en ciencias del comportamiento no tienen el conocimiento y la formación del campo espiritual, mientras que a los versados en lo espiritual les falta a menudo el conocimiento y la comprensión suficientes de lo bio-psicológico. Y este es uno de los objetivos del panel ‘Equilibrio y salud psicológica en el sacerdote’ que se abordará en las VII Jornadas de Actualización Pastoral de la Universidad de Navarra, en el que intervendrán los psiquiatras Marian Rojas Estapé y Carlos Chiclana.

En los Evangelios nos encontramos una armonía entre lo humano y lo espiritual de Jesús. De hecho, ambos están tan íntimamente entrelazados que a menudo no nos damos cuenta ello: Jesús es el maestro de la enseñanza espiritual y también el doctor del comportamiento humano. Nos confía: “Seguidme. Yo soy el camino, la verdad y la vida. Yo soy la luz”. Nos llama a seguirle emocional y espiritualmente.

En las páginas del libro sagrado podemos contemplar a Jesús con una extraordinaria sensibilidad: llora, se entristece, es compasivo, se enoja (ira, rabia), resulta herido, desilusionado, orante, se conmueve, es aseverativo, cariñoso. Todos sus sentimientos son parte de su enseñanza “espiritual” sobre el amor, la esperanza, la fe, el perdón, la oración a Dios Padre, la sanación, el abandono de los valores materiales para buscar virtudes como la sencillez, la misericordia, la castidad, la obediencia, el amor a los enemigos, la construcción de la paz. Al enseñar en ambos planos, Jesús nos muestra que ambos se funden.

Creer, aceptar y confiar en Dios, requiere aceptar y confiar también en nosotros mismos. Cuando los psicólogos nos señalan que nos amemos a nosotros mismos, apuntan a la esencia del desarrollo emocional y espiritual. Los filósofos griegos recomendaron: «Conócete a ti mismo». Freud dijo: «sé tú mismo». Cristo nos enseñó esto y mucho más: «ama a tu prójimo como a ti mismo». Y desde ahí amaremos a Dios, al mundo y a los demás por Dios.

La psicología nos enseña un comportamiento saludable, la totalidad de lo emocional y el crecimiento maduro, y cómo podemos elevarnos por encima y más allá de nosotros mismos. El cristianismo, la teología, nos enseña la redención, la reconciliación y la resurrección. Las dos, psicología y teología, de forma totalmente compatible, se encuentran en la persona humana, apoyándose y complementándose una a la otra.

La psicología puede servir para promover una comprensión más profunda de nosotros mismos, lo que nos capacita para un mejor seguimiento de Cristo. Cuanto más entendamos la dimensión humana de la existencia, mejor podremos integrar la enseñanza divina en nuestras vidas. No debemos, pues, temer a la psicología, sino escucharla.

Quiero finalizar esta tribuna con unas palabras de un hombre que supo armonizar estas dos dimensiones del ser humano: Juan Bautista Torelló, médico psiquiatra y sacerdote. Estas letras están recogidas en su libro Psicología y vida espiritual (2008). Nos confía el autor: “Los directores espirituales (podríamos hacerlo extensible a las personas que se ocupan de la formación y del gobierno) deben conocer los resortes básicos de la psicología y de la psicopatología. No porque tengan que meterse a psicólogos o psiquiatras aficionados –lo que sería un fraude para quienes buscan en ellos consejo precisamente espiritual y no tanto psicológico–, sino, en primer lugar, porque tratan con personas. Y las personas poseen esencialmente una dimensión psíquica, no solo son almas ni cuerpos”.