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Sentido de la vida y salud mental

11/03/2023

Publicado en

ABC

Manuel Casado |

Catedrático emérito de la Facultad de Filosofía y Letras

Saltan a diario a los medios noticias alarmantes sobre la salud mental: ansiedad, depresiones, suicidios, angustia, anomalías alimentarias. No rara vez algunos de esos trastornos van acompañados de adicciones: a juegos, sustancias, redes sociales, pornografía… En ocasiones se atribuyen estos desarreglos a diferentes causas, asociadas a la falta de bienestar material y social: secuelas de la pandemia del covid y los confinamientos, estrés laboral, problemas familiares, crisis económica...

La sensación de alarma sanitaria parece evidente. Pero las crisis tienen también la virtud de llevarnos, a empujones, a preguntarnos por los motivos desencadenantes o coadyuvantes. Pienso que gran parte de la culpa reside en la flagrante carencia de sentido del vivir. Hace unos años escribía el pensador británico Theodore Zeldin que nunca ha habido tanta gente que desconozca "el propósito de su existencia. Las viejas creencias se están derrumbando y amenazan con dejarnos desnudos, desprotegidos, sin ninguna certidumbre personal a la que aferrarnos". Hoy se observa una "atrofia de los sentimientos metafísicos", manifiesta en la "perfecta indiferencia hacia las preguntas fundamentales" de la existencia humana, con la conclusión, por parte de muchos, de que no vale la pena vivir.

Pero “es una prerrogativa y un privilegio del ser humano no solo buscar sentido a su vida sino incluso el hecho de preguntarse si existe tal sentido. Ningún otro animal se plantea esa cuestión”, escribió el psiquiatra Frankl, superviviente de campos de concentración nazis, y que, a partir de esa experiencia, publicó El hombre en busca de sentido.

Vivimos saturados de medios, pero faltos de fines. Es cierto que la ciencia y la tecnología facilitan nuestras vidas y llenan de comodidades nuestros hogares. Pero en vano les pediremos cómo colmar el tiempo que ganamos con los medios que nos brindan. Para responder a esas preguntas hay que leer a los filósofos y poetas; contemplar las obras de arte. Y los creyentes, empaparnos de la vida y el mensaje de Jesucristo.

Los comportamientos ansiosos revelan con frecuencia un vacío vital. San Agustín, que conoció múltiples y apasionadas experiencias, concluyó que solo Dios aquieta las ansias del corazón humano. Es cierto que abundan consejos buenistas, "positivistas", en libros de autoayuda. Son evasivas. Cualquier recurso que rehúya la aceptación de la realidad, y llevarse bien con ella, es una salida en falso. Como escribe Rosini, "la vida, aunque nos fastidie aceptarlo, es un partido de tenis en el que nunca nos toca sacar. Saca siempre Otro. La bola de la realidad llega con su efecto y su dirección, que es la que es".

Hoy los verdaderos revolucionarios son quienes se atreven a preguntarse por el sentido de su existencia, aunque la mentalidad dominante haya prohibido hacerse esa pregunta, con la oferta atosigante de entretenimiento. Pero, si "el secreto de la existencia consiste en saber para qué se vive" (Dostoievski), quizá compense pararse a pensar de vez en cuando –y la inminente Semana Santa es buen momento– para tratar de averiguarlo. Probablemente sea el tiempo mejor empleado. También para nuestra salud.