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2015_12_09_CIE_Opinion_medio_ambiente

Jordi Puig i Baguer, Profesor del Grado de Biología Ambiental y del Máster en Biodiversidad, Paisajes y Gestión Sostenible

Urge promover la conciencia y el compromiso ambiental

    

mié, 09 dic 2015 10:43:00 +0000 Publicado en Sur, Hoy Extremadura, Ideal de Granada e Ideal de Jaén

La riqueza natural y humana del medio ambiente y la magnitud de los problemas a los que se enfrenta no hacen fácil sugerir en qué líneas de acción debería centrarse un gobierno, en lo relativo a medio ambiente. Acaso lo menos práctico y más eficaz sea pedirle que se centre en la educación y en el examen de su propia ejemplaridad, desde cada ámbito de su acción de Gobierno.

Nuestra sociedad está impregnada de un desarraigo urbano, hecho cultura, que nos distancia de percibir en qué medida somos naturaleza y pertenecemos a ella. Ni reconocemos lo que le debemos al mundo natural que recibimos, ni somos conscientes de cómo lo devaluamos con nuestro modo de vida. Deberíamos aprender tanto a encontrarnos en la belleza de lo natural, como a descubrirnos humanos mediante el compromiso de respetarlo.

Pero ¿cómo lograr que estos principios no se queden en meros enunciados generales? Al fin y al cabo de un Gobierno se espera que tome decisiones en lo concreto. Tal vez haya que pedirle que promueva, en la educación, los aspectos centrales ya señalados: la conciencia y el compromiso ambiental. Al Gobierno corresponderá diseñar los incentivos que vayan transformando las conductas. La movilidad bien puede ser un campo y ejemplo.

Para respetar lo natural se requiere descubrir a la conciencia su valor. Y abrir los ojos para ver qué conductas propias lo maltratan. Si hay que vencer la insostenibilidad e insolidaridad consumistas, habrá que despertar en quienes deben zafarse de su opresión el disfrute de riquezas mayores que la seducción de la compra por la compra. ¿Somos capaces de enseñar que nos enriquece más compartir el disfrute de la belleza natural y la moderación que su consumo? Si no lo logramos no habrá política ambiental eficaz. De ahí la importancia de la educación.

Respecto al compromiso, a la adecuación voluntaria de la propia conducta a un valor descubierto, tal vez haga falta aprender que en él reside la riqueza humana. Toda acción de Gobierno que tienda a fomentarlo ayuda a recuperar el terreno perdido de humanidad que el consumismo erosiona. Urge, en particular enseñar que la distribución injusta de los bienes de la tierra se alimenta de nuestro consumismo. Y que, lo veamos o no, cada consumo es un acto moral. Porque puede alimentar el modelo de sociedad que convive, permite o causa la pobreza de otras personas o pueblos de la Tierra a la vez que el impacto ambiental. Como ha recordado Francisco, todo está conectado.