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"Experimentos, con Corea"

07/01/2024

Publicado en

Diario de Navarra

Alvaro Bañón Irujo |

Profesor de Dirección Financiera en la Universidad de Navarra

"No hay que avergonzarse. El sistema capitalista occidental ganó la guerra fría porque es intrínsecamente mejor"

En la segunda mitad del siglo XX, las dos superpotencias se enfrentaron en la península de Corea en uno de los episodios más cruentos de la “guerra fría”. En 1953, la resolución del conflicto consistió en la división de la península en dos, al norte y sur del paralelo 38. Al norte se instauró una dictadura comunista, y al sur, la zona más pobre en aquel momento, una democracia capitalista. Ambas partieron del mismo punto.

¿Cuál ha sido el resultado de este experimento casi de laboratorio? Corea del Sur, la capitalista, además de establecerse cómo una democracia consolidada con todos los derechos, ocupa la posición vigesimonovena del mundo en renta per cápita con treinta mil dólares por habitante, una posición por delante de España.

Corea del Norte, la comunista, compite por el triste honor de ser el país más pobre del mundo con una renta per cápita de seiscientos dólares. Cincuenta veces menor. Podríamos utilizar múltiples indicadores para resaltar las abismales diferencias entre ambos países, recuerden que en 1953 partieron de la misma situación, pero quizá, el más dramático sea la diferencia de altura. Los habitantes de Corea del Sur disponen de una media de altura de entre cinco y ocho centímetros superior que sus vecinos del norte. ¿La razón? Comer con regularidad frente a los problemas del régimen comunista del Norte, que no es capaz de alimentar a sus ciudadanos.

Y, ¿a qué viene esta reflexión histórica? A resaltar que las soluciones socialistas/comunistas en economía no funcionan. No es nada nuevo, nunca lo han hecho. Además de los aspectos morales y éticos, abominables e interminables, las soluciones que plantean son ineficaces en cuanto a la creación y reparto de la riqueza. No se crea riqueza, se destruye.

Durante varias generaciones no ha sido necesario explicarlo en España. Solo hacía falta señalar el ejemplo de la Europa del Este para entender que estos regímenes solo creaban carestía, penurias e indigencia. Además de ser testigos del único muro de la historia erigido por el Gobierno del Este para que sus habitantes no se escaparan del país. Generalmente, los muros se levantan, lamentablemente, para que no entren inmigrantes. El régimen comunista lo levantó como contención ante la huida de centenares de miles de sus habitantes a países capitalistas en busca de prosperidad y libertad, un futuro mejor.

El capitalismo occidental no es perfecto. Hay aspectos que se podrían corregir, pero ha demostrado con creces ser el sistema que más riqueza crea y mejor la reparte. La gente huye de Cuba a Miami, no al revés. Sin embargo, ahora en España, algunos defienden sin pudor las mismas soluciones que llevaron al desastre a aquellos países del este durante la segunda mitad del siglo XX: control de precios en distintos mercados, como por ejemplo el del alquiler, vean si no los datos de lo que ha sucedido; invasión de sectores económicos por la iniciativa pública; interés en la nacionalización de empresas, en especial si son multinacionales; ataques a la propiedad privada; obsesión por la igualdad económica; dimensionar el estado de manera mastodóntica; etc.

Evidentemente, nadie propondrá con claridad la instauración de un régimen socialista o comunista de hoy para mañana. No obstante, paulatinamente se introducen medidas que no solo coartan nuestra libertad, sino que minan la capacidad de generación de riqueza y la motivación de la gente, en especial de los más jóvenes, por emprender, crear valor y ganar dinero. Con la idea que subyace de fondo, mejor ser funcionario y vivir del erario público. Es decir, bajo el control del Estado.

Esto no es ser alarmista o extremista, se trata de constatar la realidad. Últimamente, se acepta como normal que personas de ideología comunista ocupen responsabilidades en el Gobiernos nacional y autonómico. Tenemos una Vicepresidenta del Gobierno que, más allá de frases empalagosas, fue la presidenta del Partido Comunista de España en Galicia. Y no reniega de ello. El anterior Ministro de Consumo, Alberto Garzón, se vanagloriaba de ser un admirador de la antigua República Democrática Alemana, donde más de seiscientas personas fueron abatidas a tiros por los soldados fronterizos del régimen comunista por intentar saltar el Muro de Berlín. Hace unos días, la actual Ministra de Igualdad defendió a Lenin en televisión.

En 2020, el propio Gobierno de Navarra mandó cartas a legítimos propietarios de viviendas vacías, extremo averiguado de manera fraudulenta, amenazándolos con su inclusión en una bolsa de alquiler público. Y lo que fue peor, hubo ciudadanos que lo vieron como una medida “lógica”.

Pregunten si no a los numerosos inmigrantes del este que se han establecido en España en las últimas décadas. Estos les explicarán las “bondades del sistema” que ellos padecieron, su equiparación al Fascismo del Siglo XX y como ambas ideologías deberían de ser perseguidas.

No hay que avergonzarse. El sistema capitalista occidental ganó la guerra fría porque es intrínsecamente mejor: da libertad, crea más riqueza, motiva a crear y porque gracias a esa motivación de emprender y ganar dinero, la sociedad prospera. Recuerden que fueron los propios ciudadanos, con la ayuda de grandes y tan diferentes personajes como San Juan Pablo II, Margaret Thatcher y Ronald Reagan, los que derribaron ese muro de tiranía y pobreza. Solo falta que ahora lo levantemos aquí.