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¿Hace Dios la tragedia?

01/11/2023

Publicado en

Revista Ecclesia

Francesca Aran Murphy |

Profesora de Teología Sistemática de la universidad de Notre Dame (Indiana)

Desde la Antigua Grecia, los clásicos parecen atribuir la tragedia directamente al hado o, cuando menos, a un dios afrentado. La visión de Dios como origen de lo trágico puede provocar numerosas objeciones, pues postula una idea desordenada y maniquea de la divinidad. Además de que una vida sin tragedia sea seguramente lo más parecido al cielo que el ser humano es capaz de imaginar. Esta es la visión negativa de la tragedia: el resultado de un desastroso exilio desde un lugar dorado en la época prelapsaria, cuando los hombres, tras la caída, habrían añadido la capacidad para la tragedia al habituarse a la violencia y la rivalidad.

Pero, ¿y si concibiésemos la tragedia como algo positivo? Porque en ella se representa la dignidad humana. Porque el héroe trágico es alguien que sufre y aprende del sufrimiento. Casandra, Dido o el Rey Lear son sublimes en su disposición al abandono y la pérdida, en su poder consciente y voluntario de sacrificarse. Podríamos decir, de hecho, que el mártir es en carne y hueso aquello a lo que se parece la tragedia positiva. No es una víctima, participa de buen grado en la disposición divina. En su solitaria solidaridad con los de su especie, el héroe trágico cura una cultura y genera un bien positivo para todos. Esquilo, Sófocles o Shakespeare nunca pretendieron representar perdedores, sino héroes: Ifigenia, Edipo, Hamlet, Macbeth o Madame Butterfly encarnan la humanidad en su apogeo. Si apreciamos, además, que los héroes trágicos son individuos únicos, mientras que los protagonistas de la comedia no son más que ejemplos de un tipo, convendremos entonces en que la tragedia es una virtud, no un defecto. Y que, en tanto característica de la naturaleza humana, el sentido trágico de la vida precede al propio mal.

La “Primera Tragedia” sería la de un Dios haciendo que todo en la creación sea trágico, sin negatividad alguna. Es la tragedia positiva de la ley de la vida creada mediante el sacrificio, imitando el amor desinteresado y la entrega de sí propios del Dios Trinitario. Este género, por tanto, nos acerca a la divinidad. Si nos fijamos en la revelación, veremos que el conocimiento de Dios es contrario a las inferencias racionales sobre la causalidad. Jesús, en su Pasión, es un Dios voluntaria y eternamente crucificado por su creación. Cristo no conoce la tragedia únicamente por el hecho de hacerse hombre, Él conoce la sublime tragedia del puro abandono en su naturaleza divina y eterna. La noble capacidad para la tragedia está impresa en la naturaleza humana porque nuestra naturaleza humana está configurada por y sobre el Hijo. Pero el “Adán” original, al desechar la identidad y el carácter que Dios le había dado, introdujo en la acción trágica una fealdad de la que originalmente carecía, convirtiendo la historia humana en la tragedia negativa tal y como la conocemos hoy: una acción bella y fea a la vez. Esta es la naturaleza humana que Cristo viene a redimir, sin borrar su nobleza.

Decir que Dios está en el origen de la tragedia, e incluso decir que hay un Cordero Crucificado desde antes del principio de los tiempos, no significa en ningún sentido literal atribuir la tragedia a Dios. Nuestros géneros y experiencias fluyen unidireccionalmente desde Él: Dios define lo que entendemos por tragedia y no al revés. En la Biblia, pareciera como si la humanidad primitiva percibiera a Dios predominantemente en su aterrador rostro. Tras la caída veía a Dios, metafóricamente hablando, de espaldas. El salmista hebreo a menudo suplica a Dios que muestre su rostro, como si ese rostro fuera en efecto conocido, pero no revelado. En Cristo crucificado vemos la culminación de lo que podríamos llamar metafóricamente el lado oscuro de Dios. En el Hijo de Dios resucitado de entre los muertos vemos algo completamente nuevo y glorioso. Igual que el arte imita los cuerpos naturales, así la –trágica– historia humana es eco e imagen del Dios trinitario.