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2026_01_29_COM_Desinformacion_Electoral

Desinformación electoral, problema antiguo con nuevas herramientas

Un estudio de la Universidad revela que las estrategias de desinformación electoral se repiten en todo el mundo, con métodos que evolucionan con el tiempo

29 | 01 | 2026

Engañar a los votantes es una práctica tan antigua como las elecciones mismas. Ya en la antigua Grecia, la manipulación electoral mediante sobornos, coerción y falsificación de información era una preocupación central de la ciudadanía. Veinticinco siglos después, el problema persiste en un contexto donde los ciudadanos están expuestos constantemente a la desinformación.

Un nuevo estudio de Ramón Salaverría, Jordi Rodríguez-Virgili y Aurken Sierra, investigadores de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, examina en profundidad este fenómeno global en un capítulo publicado en el libro Disinformation. A Multi-Disciplinary Analysis. La investigación analiza los objetivos más recurrentes de la desinformación electoral, los procedimientos más extendidos a escala global y sus graves consecuencias políticas a corto y largo plazo.

"Durante las elecciones, a veces aparecen actores malintencionados que buscan influir en los votantes con técnicas de manipulación y mediante la difusión planificada de falsedades. Para contrarrestar esa amenaza, necesitamos conocer cuáles son las tácticas más comunes y cómo funcionan", explica Ramón Salaverría, autor del estudio. Los investigadores han analizado episodios recientes de desinformación electoral en países como Eslovaquia, España, Estados Unidos, Brasil, México, Colombia y Taiwán, entre otros, que ilustran cómo ciertas tácticas de manipulación se repiten en todo el mundo cuando comienza una campaña electoral.

Objetivos y métodos de la manipulación

El estudio identifica varios objetivos comunes de la desinformación electoral. El primero es la desmovilización del electorado: cuando una baja participación favorece a un actor político, se detectan mensajes manipulados que buscan desalentar el voto generando desconfianza en el proceso. También ocurre lo contrario, aunque con menor frecuencia: la hipermovilización de ciertos sectores mediante la creación artificial de una percepción de urgencia o amenaza.

Otro objetivo frecuente es fomentar la división y polarización del electorado, exacerbando diferencias ideológicas y sociales para debilitar la cohesión social. Además, la desinformación busca erosionar la confianza en las instituciones democráticas y desacreditar a partidos o candidatos específicos mediante información falsa o difamatoria.

Entre los métodos más recurrentes destaca la falsificación de información: creación y difusión de contenidos falsos como declaraciones, imágenes, vídeos y audios manipulados. Los investigadores documentan el uso creciente de deepfakes generados con inteligencia artificial. En las elecciones de Taiwán de 2024, por ejemplo, circuló un vídeo manipulado que mostraba al candidato William Lai supuestamente con varias amantes. En Estados Unidos, una llamada robótica con una voz sintetizada que imitaba a Joe Biden desalentó la participación en las primarias.

Cuatro grandes narrativas de desinformación

El análisis revela una taxonomía de narrativas desinformativas utilizadas en elecciones. La más frecuente son las acusaciones de fraude electoral, que incluyen denuncias sobre manipulación de software, papeletas falsificadas, o voto de personas fallecidas. Los casos paradigmáticos de Donald Trump en 2020 y Jair Bolsonaro en 2022 ejemplifican cómo estas narrativas socavan la confianza democrática.

La segunda gran narrativa implica falsificaciones o ataques a candidatos y partidos: desde declaraciones manipuladas hasta situaciones completamente inventadas, como el caso "Pizzagate" en las elecciones estadounidenses de 2016, donde se acusó falsamente a Hillary Clinton de estar vinculada a una red de tráfico infantil.

El tercer tipo son las encuestas preelectorales falsas, utilizadas para crear percepciones favorables a determinados candidatos. Finalmente, está la manipulación de la agenda temática, especialmente en temas sensibles como inmigración, inseguridad o impuestos.

Consecuencias para la democracia

"Los eventos de enero de 2021 en el Capitolio estadounidense y los de 2022 en Brasil demostraron cómo la desinformación puede polarizar la sociedad, erosionar la confianza en las instituciones democráticas y desestabilizar el sistema político en su conjunto", señala Jordi Rodríguez Virgili, autor del capítulo.

El estudio subraya que las consecuencias de la desinformación electoral son diversas y se agrupan en tres categorías principales: la confianza ciudadana en las elecciones, los efectos a nivel sistémico y las respuestas de los Estados ante su propagación. La complejidad de los procesos electorales y la tendencia de algunos ciudadanos a desconfiar de las instituciones expone las elecciones a diversas formas de manipulación.

En respuesta a esta amenaza, múltiples países han implementado cambios legales. La Unión Europea ha adoptado medidas significativas, incluido el Código de Prácticas sobre Desinformación y la propuesta de Regulación sobre transparencia de la publicidad política. Francia promulgó en 2018 una ley contra la manipulación de información que permite órdenes judiciales para prohibir la difusión de desinformación en línea.

"El problema de la desinformación en época electoral es muy grave y tiene una dimensión global. Desde los primeros días de la democracia, los trucos utilizados por los mentirosos para engañar a los votantes eran similares; ahora sabemos que estas tácticas se repiten en todos los rincones del planeta", concluye Aurken Sierra.


Referencias:

Salaverría, R., Rodríguez-Virgili, J., & Sierra, A. (2025). Disinformation and Elections. En Disinformation. A Multi-Disciplinary Analysis. Ed. Springer. https://doi.org/10.1007/978-3-032-00480-2_12 

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