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“Si algo ha marcado mi vida en la Universidad ha sido el acompañamiento espiritual y humano que he recibido”

Ángel Loredo (Monterrey - México, 1989) se licenciará en Teología Moral el 25 de mayo y a mediados de junio volverá a su ciudad natal para servir en su diócesis


FotoChus Cantalapiedra/

23 | 05 | 2021

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Ángel Loredo nació en Monterrey (México) hace 31 años. Es el menor de tres hermanos de una familia católica. Llegó a España a finales de agosto de 2019 para estudiar la Licenciatura en Teología Moral. Ha sido uno de los alumnos internacionales de la Universidad que se vio atrapado en la pandemia por COVID- 19 al poco de comenzar sus estudios. El 25 de mayo celebrará su graduación. Un acto muy entrañable para él dado que, además, este curso ha sido el delegado de la promoción.

Preguntado por su vocación señala que, aunque siempre había sido un “joven de parroquia” y que su familia era muy religiosa, fue algo muy repentino. Estaba cursando el primer año de la carrera de Ingeniería y tras participar en un retiro vocacional al que le había invitado su párroco, tomó la decisión. “Había hecho apostolado visitando enfermos y sirviendo a personas necesitadas. Pensé que, si entregarme a los demás a través del servicio era lo que más me gustaba, por qué no ser sacerdote y hacerlo siempre. Poco a poco, a lo largo del camino de vocación se fueron manifestando los signos de Dios”, explica.

Recuerda los primeros días en España con la incertidumbre de la novedad, las diferencias culturales y gastronómicas e incluso las variantes en el idioma. Tan sólo hacía dos años que había sido ordenado sacerdote. Sin embargo, siempre se ha guiado por su máxima: “Cuando Cristo te invita a ser feliz, no debes tener miedo”.

Asegura que si algo ha marcado su vida en la Universidad ha sido “el acompañamiento espiritual y humano” que ha recibido. “También la fraternidad sacerdotal entre compañeros que te hace sentir en familia”, señala. Y recuerda que esta estancia ha supuesto un reto académico y le ha permitido conocerse mejor como sacerdote, al estar lejos de su patria. “También he vivido la riqueza de la Iglesia católica al residir con otros 17 sacerdotes de diferentes continentes como Europa, América, África y Asia; y vivir de cerca la fe del pueblo español y su devoción por la Virgen María”, recuerda.

Dentro de unos días volverá a su tierra y es consciente de que su formación en Pamplona no hubiera sido posible sin la ayuda de Dios y de los benefactores que lo han hecho posible: tanto económica como espiritualmente. “También quiero agradecer a los profesores por la formación que me han dado y al obispo de mi diócesis por su confianza en mí”, concluye.

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