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“Estos diez años de sacerdote han sido los más maravillosos de mi vida”

Wuillis Azuaje tiene 39 años y estudia la Licenciatura en Derecho Canónico. Es de Venezuela, donde si Dios quiere regresará en junio cuando termine su último curso

14 | 04 | 1921

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Cuando Wuillis Azuaje (Trujillo-Venezuela,1981) llegó a Pamplona el 13 de septiembre de 2018 era la primera vez que cruzaba el Atlántico. Dos compañeros de la Residencia San Miguel de la capital navarra le esperaban aquel jueves por la noche en la estación de autobuses de la capital navarra. Como venezolano le llamó la atención el carácter de los navarros, la cantidad de personas que se veían paseando por las calles y la variedad de Iglesias bonitas de la ciudad. También el número de eucaristías que diariamente se celebran en su parroquia (San Miguel): “Nueve todos los días”.

Actualmente estudia el último curso de la Licenciatura en Derecho Canónico y cuando regrese a Puerto Cabello, ciudad donde era párroco antes de venir a estudiar a la Universidad de Navarra, será el primer canonista de su diócesis.

Wuillis Azuaje es el séptimo de ocho hermanos y aunque se había educado en el catolicismo e incluso tenía varios familiares sacerdotes, asegura que su vocación la fue descubriendo poco a poco. Tuvo una mala experiencia en catequesis de primera comunión, lo que hizo que se distanciara un poco de la fe y no recibiera el sacramento hasta ser adolescente. Por casualidad conoció un grupo de formación católica en su instituto, donde comenzó a acercarse poco a poco a Dios y volvió a la parroquia. “Éramos unos cincuenta jóvenes y lo pasábamos fenomenal”.

Recuerda que en 1998 tuvo la ocasión de conocer a un sacerdote del Opus Dei que fue a su Iglesia a dar una charla sobre el beato Josemaría Escrivá. “Nunca había escuchado hablar de él ni del Opus Dei, pero me quedé impresionado de ver a alguien vestido con sotana y tan sonriente. En mi cabeza se había grabado la imagen de aquel sacerdote, el rostro de San Josemaría y la curiosidad de conocer el Opus Dei. En la Iglesia hay muchas cosas maravillosas que desconocemos”, señala.

Cuando tenía 17 años, y a través de un amigo, visitó el seminario, empezó a asistir a la pastoral vocacional, “aunque todos me decían que no era el más indicado para entrar al seminario porque era un bochinchero (alborotador)”.

“Poco a poco fui perdiendo el miedo y dándome cuenta de que ser sacerdote es un sueño que tiene que cumplir con la ayuda de otros, no se puede soñar solo. Para mí fue clave la ayuda de mi director espiritual y de los compañeros del seminario. Estos diez años de sacerdote han sido los más hermosos de mi vida”, señala.

Se siente muy agradecido por la ayuda que ha recibido de los benefactores para formarse en la Universidad de Navarra. Y, preguntado por sus planes de futuro, asegura que son los que el obispo de su diócesis tenga para él: “Dentro de unos años me gustaría verme como en 2010 cuando me ordené, feliz y con fuerza para desgastarme por mi parroquia. Hay algo muy importante en el sacerdocio: el respeto y la obediencia al obispo y el amor a su diócesis”.