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“La unidad de la que Jesús habla en el Evangelio no es la simple armonía entre Iglesias cristianas separadas, sino la unidad visible de todas”

"La unidad de la que Jesús habla en el Evangelio no es la simple armonía entre Iglesias cristianas separadas, sino la unidad visible de todas"

El teólogo José Ramón Villar habló sobre el ecumenismo en la actualidad, con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos

18/01/12 14:51
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El profesor José Ramón Villar. FOTO: Manuel Castells

José Ramón Villar, teólogo de la Universidad de Navarra, habla en esta entrevista sobre cuestiones actuales en torno al ecumenismo, con motivo de la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, que se celebra del 18 al 25 de enero de 2012 bajo el título 'Todos seremos transformados por la victoria de nuestro Señor Jesucristo'.

 

 

1. ¿Qué nos quiere decir con este lema el Consejo Mundial de Iglesias?

El lema se encuentra en la exhortación de san Pablo a dar gracias a Dios por que "por medio de nuestro Señor Jesucristo nos concede la victoria" (1Co 15, 57). La victoria a la que se refiere san Pablo no es una victoria o una promesa de éxito al estilo humano. Se refiere a la  "transformación" personal mediante la fe en que Jesús con su resurrección ha vencido el mal, el pecado y la muerte. Para hacer propia esa victoria del Señor, el creyente ha de "configurarse" a Él. Esta "transformación" afecta a todas las Iglesias y comunidades cristianas, y conduce al servicio a la humanidad, y a la unidad cristiana a la que aspiramos según la oración de Jesús: "Que todos sean uno como tú Padre en mí, y yo en Ti".

2. ¿Por qué es necesario que los cristianos hablen con una voz común?

Resulta natural que quienes creemos en Jesús ofrezcamos un testimonio común del Evangelio ante los problemas actuales. Esto se hace más urgente ante la pérdida del sentido de Dios en no poca gente sumergida en un clima irreligioso adverso, y a veces también desorientada o frustrada. Los esfuerzos de los cristianos por la unidad suponen también proponer el testimonio común y gozoso de la esperanza en la "transformación por la victoria de Cristo", sin ceder a la presión irreligiosa, tanto en el ámbito personal como en el eclesial.

3. ¿La unidad se puede entender simplemente como la mera ‘suma de las iglesias' o se trata de algo más?

Lo decisivo de la tarea ecuménica es tomar conciencia de la contradicción dramática que supone la desunión para los cristianos, a la que no podemos acostumbrarnos. La unidad de la que Jesús habla en el Evangelio no es la simple armonía entre Iglesias cristianas separadas que caminan en paralelo, sino la unidad visible de todos en una única Iglesia. Naturalmente, esta unidad es compatible con la diversidad de tradiciones, ritos y formas que enriquecen a la Iglesia, sin afectar a la comunión en una misma fe.

4. En este momento, las relaciones entre los cristianos son muy fluidas. ¿Es posible que se puedan superar las separaciones en un futuro?

La meta por la que trabaja el ecumenismo es llegar a profesar juntos la misma fe en torno a la celebración eucarística. Las divergencias en la interpretación de la fe que llevaron históricamente a la separación entre Iglesias y grupos cristianos son de distinta relevancia. Hay mucha cercanía, por ejemplo, entre católicos y ortodoxos; y existe una mayor distancia entre protestantes y católicos. Los diálogos teológicos emprendidos desde hace décadas entre los cristianos han llevado a precisar las cuestiones pendientes de clarificar. Aunque los resultados no nos permitan todavía alcanzar la meta de la plena comunión, el hecho de que haya diálogo, aprecio mutuo, relaciones personales fluidas, colaboración práctica entre las Iglesias, etc., es muy importante porque supone avanzar hacia la unidad.

5. ¿Cuáles son las principales dificultades a las que se enfrenta el diálogo entre los cristianos en la actualidad?

Las cuestiones de diálogo son diferentes según las Iglesias de que se trate. Entre la Iglesia católica y las Iglesias ortodoxas se ha logrado avanzar sobre el lugar que ocupa el sucesor de Pedro, el Papa, en la Iglesia universal, pero el acuerdo no es total. Entre católicos (y ortodoxos) y las comunidades protestantes las cosas son más complicadas, porque las divergencias en la fe son más profundas (sobre la Escritura, Iglesia, los sacramentos, el sacerdocio, etc.). Además, el protestantismo actual es extremadamente variado. Junto con las Iglesias históricas luteranas y reformadas, existe una gran fragmentación (evangélicos, baptistas, pentecostales, etc.) con actitudes diversas hacia el ecumenismo, incluso contrarias.

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