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Ha fallecido el profesor D. Lucas Francisco Mateo Seco

Juan Chapa, decano de la Facultad de Teología, traza una semblanza

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D. Lucas Francisco Mateo Seco. FOTO: Manuel Castells
15/02/14 12:47

Después de más de cuarenta años de servicio a la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, a la que continuó prestando su ayuda tras su jubilación, el Señor ha querido llamar a su presencia al profesor Lucas Francisco Mateo Seco, a nuestro querido "don Lucas", o "don Francisco", o "don Paco Lucas",  u otras variantes de sus nombres por los que era llamado y que aceptaba con buen humor.

En 1992, con motivo de la celebración de los 25 años de la Facultad, el profesor Mateo Seco, el más joven de los profesores que habían venido a Pamplona en 1967 para dar comienzo a la Facultad, se preguntaba: "¿Cómo fueron los comienzos? Divertidos, trabajosos, esperanzados. Teníamos la seguridad de que Dios no nos dejaría de su mano. Y la ilusión de servir a la Iglesia no sólo con la buena voluntad, sino también con una obra bien hecha. Eso era lo que verdaderamente importaba".

Don Lucas se trasladó a Pamplona con la ilusión de sacar adelante el proyecto con el que San Josemaría Escrivá soñaba. La historia de don Lucas es inseparable de la historia de la Facultad, a la que se dedicó con alma y cuerpo, movido por un gran amor a la Iglesia y al sacerdocio. Porque la pasión de su vida fueron su sacerdocio y la Sociedad Sacerdotal de la Santa Cruz a la que él pertenecía, y la sólida formación espiritual e intelectual de los sacerdotes.

Desde que poco después de ordenarse fuera profesor y formador del Seminario de Sevilla y durante su tiempo como profesor de la Facultad, hasta los últimos días de su vida, don Francisco no perdió la ilusión de forjar buenos cristianos y buenos teólogos. Y lo hizo poniendo su memoria privilegiada, su mente lúcida, su vitalidad, su sentido común, su incansable capacidad de trabajo, su energía, sus dotes de gobierno y sus muchas otras cualidades al servicio de la Facultad y de las personas –profesores, alumnos y personal no docente– que trabajaban y estudiaban en ella.

Los que hemos tenido la suerte de conocerle hemos sido testigos de su afán por hacer las cosas bien y de su ilusión por soñar cosas grandes. Él lo hizo yendo por delante. Su prestigio a nivel nacional e internacional como teólogo especulativo en el área de la teología trinitaria, la cristología y la mariología, y como reconocido experto en Gregorio de Nisa da fe de que a la buena voluntad y confianza en Dios supo añadir el trabajo bien hecho.

Y todo ello con una gran discreción y alegría. Si don Lucas consideró los comienzos de la Facultad "divertidos" es porque nunca perdió el buen humor. Él, con su muchas veces fingida exageración andaluza, transmitía optimismo y alegría, y enseñaba a quitar hierro a lo dramático o difícil para continuar mirando hacia delante con esperanza. No es extraño que con su mirada y su sonrisa se hiciera querer tanto por todos los que le trataban por razones de su trabajo académico o de su intensa labor pastoral que nunca dejó.

Don Francisco vivió con pasión la aventura de la teología, de la Facultad, de la Universidad, de todo lo que emprendía. Y fue también un hombre fiel. Fiel a su vocación, a la Iglesia, a la Universidad. Hasta pocos días antes de fallecer estuvo disponible en su habitación de la Clínica para ayudar con su buen hacer y su gran experiencia a quien lo necesitara. En los meses en que pasó a residir en el Centro Residencial no dejó de recibir a todo el que buscaba orientación. Las limitaciones de salud no le hicieron menguar su dedicación a aconsejar en los más variados temas a los profesores jóvenes y menos jóvenes que le visitaban. No cejó de animarles a que llegaran más lejos que él, a que trabajaran con profesionalidad e ilusión, de contagiarles su amor por la teología y la Facultad que él había visto en San Josemaría.

Cuando la Universidad de Navarra le concedió la medalla de oro por los servicios prestados no hizo más que tratar de agradecer modestamente lo que don Lucas había hecho por ella. Todos los que trabajamos en la Facultad hubiésemos querido mostrarle tanto entonces como ahora nuestra deuda de gratitud y darle también con esa medalla las gracias por tantas, tantas cosas más. Por eso, de parte de todos, don Francisco, muchísimas gracias de verdad. Siga ayudándonos desde el cielo.