APERTURA DE CURSO 2020/21

Discurso

Alfonso Sánchez-Tabernero
Rector de la Universidad de Navarra

 

Excelentísimo Consejero de Universidad, Innovación y Transformación Digital del Gobierno de Navarra
Excelentísimo Presidente del Parlamento de Navarra
Excelentísimo Alcalde de Pamplona
Excelentísimo Rector de la UPNA
Excelentísimo Arzobispo de Pamplona-Tudela
Excelentísimas Autoridades, colegas del claustro académico, alumnos, señoras y señores,

Gaur goizean, Nafarroako Unibertsitatearen kurtso irekieran, gurekin batera zaudeten, gure lagun maiteok.

Hace doce meses iniciábamos el curso académico… y el político, empresarial, judicial, deportivo… con la idea de que, tras el verano, comenzaba un periodo normal, con las rutinas ya conocidas, los hitos que se suceden cada año: la llegada de los alumnos, la reanudación de la actividad parlamentaria, las empresas que ponen en marcha sus nuevos planes, el balón que echa a rodar en El Sadar y en los demás campos de fútbol…

Pero en enero recibimos unas noticias inquietantes de una enfermedad que se extendía desde la ciudad de Wuhan. El día 3 de ese mes la BBC la calificó de “virus misterioso”. Dos días después, la OMS afirmaba que “no se han reportado pruebas de transmisión significativa de persona a persona”. El día 11 se produjo la primera víctima mortal en China. El 31 tuvimos noticia del primer enfermo de coronavirus en España: un turista de nacionalidad alemana en La Gomera.

En febrero la situación empeoró: el día 11 la OMS bautizó el coronavirus de Wuhan con el nombre de “covid-19”. Un día más tarde se canceló el Mobile World Congress de Barcelona: cada vez parecía más claro que la pandemia iba a dejar profundas secuelas sanitarias, sociales y económicas. El día 22 se produjo el confinamiento de 18 ciudades en el norte de Italia.

El 3 de marzo se confirmó en Valencia el fallecimiento del primer paciente con coronavirus en España. El día 11 nuestro país superaba los 2.000 contagios y los 47 fallecidos. En esa misma fecha la OMS declaraba que el coronavirus ya podía definirse como una “pandemia” y que convenía “tomar acciones más agresivas e intensas”. El 14, el Gobierno anuncia el estado de alarma en España, que durará 98 días.

Parece razonable que nos planteemos ahora cómo hemos reaccionado ante este hecho tan dramático como inesperado y, sobre todo, que pensemos cómo debemos actuar en el futuro.

Leo un relato esclarecedor: al principio, “nada podían hacer los médicos por su desconocimiento de la enfermedad, que trataban por primera vez: al contrario, ellos mismos eran los principales afectados por cuanto que eran los que más se acercaban a los enfermos: tampoco servía de nada ninguna otra ciencia humana. Elevaron asimismo súplicas en los templos, consultaron a los oráculos y recurrieron a otras prácticas semejantes; todo resultó inútil y acabaron por renunciar a estos recursos, vencidos por el mal”[i]. Este texto, escrito por Tucídides, se refiere a la peste que asoló Atenas en el año 430 antes de Cristo, y de la que él mismo enfermó, pero sustancialmente coincide con los hechos que hemos vivido nosotros 2.500 años más tarde.

En efecto, también ahora la pandemia nos cogió por sorpresa, cuando pensábamos que podíamos controlar nuestro destino. De modo imprevisto, el virus ha causado cientos de miles de muertes, ha hecho que casi la mitad de los habitantes de la Tierra hayamos vivido varias semanas confinados en nuestras casas, ha paralizado la actividad económica, ha generado temor e incertidumbre en todo el mundo. Ha sido muy variada la respuesta de los gobiernos, las empresas, los hospitales, los centros académicos, las ONG, las familias: unas instituciones han actuado con acierto y rapidez; otras, en cambio, han sido más lentas o erráticas.

En la Universidad de Navarra entendimos muy pronto que la crisis exigía clarificar nuestras prioridades: en primer término, decidimos proteger la salud de nuestros empleados y estudiantes y mantener los puestos de trabajo; después, nos propusimos seguir realizando nuestra tarea con la máxima calidad posible, en condiciones muy complejas; y, finalmente, quisimos afrontar la pandemia con una mirada solidaria, con la idea de ayudar a las personas más vulnerables.

Con estos principios claros, cerramos los campus muy pronto, fomentamos el teletrabajo y transformamos –en un fin de semana- la enseñanza presencial en docencia online. Durante el confinamiento impartimos 24.000 horas lectivas online y realizamos 68.000 exámenes de modo no presencial.

La Clínica trató a 1.600 pacientes con covid-19 de los que más de 500 fueron hospitalizados. En Madrid, donde la pandemia fue más severa, se triplicó el número de plazas de UCI disponibles y se consiguió una tasa de recuperación de enfermos hospitalizados del 95%.

Como antes señalaba, la reacción ante la crisis ha sido también solidaria: la Universidad puso a disposición de las autoridades sanitarias toda su capacidad asistencial, así como la posibilidad de hacer test PCR en nuestros laboratorios. Estudiantes de medicina y enfermería ayudaron en residencias y centros sanitarios; y otros muchos profesionales y alumnos de la Universidad se involucraron en diversas iniciativas de servicio.

Junto a los principios, el segundo pilar de nuestra actuación frente al covid-19 lo ha constituido el compromiso de los empleados. El viernes 13 de marzo cerramos los campus y el lunes 16 estábamos teletrabajando e impartiendo docencia online. Ese fin de semana el trabajo colaborativo de la comunidad universitaria –profesores, servicios informáticos y de calidad e innovación, directivos…- hizo posible un rápido proceso de aprendizaje.

En una reunión del Rectorado con los decanos de las facultades propusimos una meta ambiciosa: “el objetivo –les dijimos- es que los alumnos nos pongan un diez”. Aunque ya lo hice al acabar el curso pasado, vuelvo ahora a agradecer a todos los profesionales de la Universidad de Navarra ese extraordinario compromiso. Así hemos podido realizar nuestra tarea del mejor modo posible en una situación tan adversa.

Con idéntica actitud trabajaron los profesionales de la Clínica. Durante bastantes semanas, muchos de ellos tuvieron que realizar largas jornadas laborales para atender a los enfermos de covid-19; 209 profesionales se contagiaron de esa enfermedad mientras atendían a los pacientes. Como el resto de profesionales sanitarios, se han hecho merecedores de nuestro aplauso y de nuestra gratitud permanente.

La comunicación también ha sido clave durante la crisis sanitaria. En momentos de incertidumbre es frecuente que surja la inquietud, el temor, las dudas. En la Universidad hemos procurado anticiparnos: nuestra idea ha sido detectar las preocupaciones de cada público objetivo –profesionales, estudiantes, pacientes, familias…- y proporcionarles información frecuente, clara y precisa, de modo que pudieran hacer planes basados en datos fiables.

Además, nos propusimos contribuir al debate público: sólo durante los meses del estado de alarma nuestros profesores e investigadores publicaron más de 100 artículos de opinión en medios nacionales e internacionales y la Universidad fue citada como referencia en más de 5.200 noticias. Como curiosidad, cabe señalar que nuestra estrella mediática de la pandemia ha sido el profesor López Goñi, voz habitual en cadenas de televisión y emisoras de radio. Su artículo “Diez buenas noticias sobre el coronavirus” superó en dos meses los 21 millones de lectores.

Comenzamos ahora un nuevo curso con la convicción de que nos hemos preparado del mejor modo posible para afrontar lo desconocido. “Prepara2”. Ese es el lema con el que hemos lanzado nuestro plan para los próximos meses. Estamos preparados porque vamos a ofrecer docencia presencial con la calidad que exigimos a todos los programas de la Universidad. Pero, a la vez, hemos diseñado varios escenarios que nos permiten actuar con flexibilidad: algunas semanas quizás la docencia deba ser online para algunos o para todos los estudiantes. Si nos proponemos que la Universidad de Navarra sea uno de los mejores lugares del mundo para estudiar, ahora añadimos una coda: “particularmente, en tiempos de incertidumbre”.

Ante el virus no debemos reaccionar con miedo y tampoco con frivolidad. No podemos vivir atemorizados, recluidos en nuestras casas, porque esa actitud tendría graves consecuencias sociales, económicas y educativas. Pero tampoco podemos comportarnos de modo imprudente, sin tomar las medidas preventivas más eficaces. En este aspecto, los universitarios debemos ser particularmente ejemplares. La prudencia para cumplir con rigor todas las normas es la forma fundamental de ser solidarios en estos tiempos de pandemia.

Recientemente hemos elaborado una “Guía de salud” que prevé diversas medidas: pruebas PCR gratuitas para todos los profesionales y estudiantes al inicio del curso, vigilancia médica permanente, rastreos aleatorios del covid-19 y adaptación de los espacios para que la actividad académica sea segura, entre otras. Pero, insisto, ninguna de esas medidas tendrá eficacia sin el comportamiento personal responsable.

El mes pasado, el Papa Francisco apelaba a ese sentido de responsabilidad: “de una crisis (…) –afirmaba- salimos mejores o salimos peores. Nosotros debemos salir mejores, para mejorar las injusticias sociales y la degradación ambiental. Hoy tenemos una ocasión para construir algo diferente”[ii].

El covid-19 está causando graves dificultades económicas en muchas familias. Para paliar ese impacto negativo, hemos incrementado nuestra partida de becas. Con la ayuda de muchos benefactores –buena parte de ellos antiguos alumnos- los recursos destinados a becas han crecido de 4,5 millones de euros a 6,5 millones. Este aumento nos ha permitido que los alumnos que en este curso recibirán algún tipo de apoyo económico de la Universidad pasen de 2.000 a 3.000.

Durante el confinamiento muchos de nosotros sacamos del desván la bicicleta estática, que llevaba tiempo acumulando polvo, seleccionamos algunos buenos libros y vimos quizás más cine del habitual. Yo volví a disfrutar esos días con una de las películas que más veces he visto en mi vida: Casablanca. Como recordarán, los dos protagonistas son Rick (Humphrey Bogart) e Ilsa (Ingrid Bergman). Pero hay un tercer personaje inolvidable: me refiero al capitán Louis Renault (interpretado por Claude Reins). Renault es la máxima autoridad militar en Casablanca. Ha ascendido por su actitud colaboracionista con los nazis en la época de la Francia de Vichy. Su cinismo parece no tener límites. En un momento dado alguien le pregunta: “pero usted, ¿de qué lado está?”. Y Renault responde sin ambages: “Confieso que carezco de convicciones”.

Me he detenido en esa escena para recordar que –frente a la actitud del capitán Renault- sólo con unos principios bien determinados podemos conseguir que nuestra trayectoria sea coherente. Esos valores deben ser inspiradores, tienen que ayudarnos a elegir bien; actúan como puntos de apoyo, nos recuerdan las prioridades.

Estas últimas semanas del verano, con algo más de tiempo para mirar al horizonte, he detectado que, en la Universidad, las crisis nunca nos han llevado a aparcar los proyectos: si eso hubiese sucedido, probablemente continuaríamos resolviendo problemas y seguiríamos quizás en la Cámara de Comptos esperando tiempos mejores. Nunca hemos actuado así: siempre hicimos compatible la defensa y el ataque: apagamos fuegos y, a la vez, ponemos en marcha nuevas iniciativas.

También ahora nos proponemos que la crisis sanitaria y económica no paralice los proyectos. Por este motivo quiero anunciar que estamos realizando los trámites necesarios para construir en el campus de Pamplona, en cuanto sea posible, un nuevo Edificio de Ciencias, con dos zonas diferenciadas: en la primera se ubicarán las aulas y laboratorios que permitirán el crecimiento de las facultades de Medicina, Enfermería, Ciencias y Farmacia y Nutrición; la segunda zona acogerá el nuevo Museo de Ciencias, que se dedicará a la investigación, educación y comunicación de la naturaleza y el medio ambiente. Confiamos en que en esta aventura contemos con un importante apoyo público y con la ayuda de muchas instituciones y empresas comprometidas con la biodiversidad y el desarrollo sostenible.

Anunciaremos también otras iniciativas cuando, en los próximos meses presentemos nuestro proyecto Horizonte 2025.

Hace un año en esta misma aula magna, cuando ninguno de nosotros sospechábamos que las mascarillas iban a tener gran protagonismo en nuestras vidas, comenté que en la Universidad tradición y modernidad van de la mano, como los colores complementarios, que son opuestos, pero sólo ellos, al mezclarse, pueden producir determinados contrastes y armonías. De modo quizás más poético lo expresaba Mahler cuando indicaba que “la tradición no es adorar las cenizas sino preservar el fuego”[iii].

En la Universidad de Navarra estamos orgullosos de nuestro pasado, de la tarea realizada, de la ciencia producida, de los estudiantes bien formados, de los principios y valores que impulsan nuestro modo de trabajar. A la vez, buscamos respuestas innovadoras a los problemas contemporáneos, intentamos detectar y corregir nuestros errores y nos proponemos no pactar con la mediocridad. Sólo así es posible que los estudiantes que vienen a la Universidad vivan una experiencia memorable; sólo así los pacientes que acuden a la Clínica pueden percibir que son atendidos de modo extraordinario; sólo así produciremos conocimientos científicos que cambien el mundo de manera relevante, por ejemplo, con terapias o vacunas frente al covid-19.

Acabo ya. Pero antes quiero agradecer a Juan Manuel Mora y a Isidro Abad su excelente trabajo en el Rectorado. Juanma regresa a su querida Roma tras trece años como Vicerrector de Comunicación y Desarrollo: en ese tiempo la Universidad ha conseguido que su marca sea mucho más conocida y valorada en todo el mundo. Isidro se jubila después de ser nuestro Gerente desde 2008: con él hemos afrontado crisis con gran serenidad, hemos ganado en eficiencia y hemos fortalecido la situación financiera de la Universidad. Agradezco también a Gonzalo Robles su disponibilidad para sustituir a Juanma Mora tras diecisiete años como Secretario General. Y doy la bienvenida al Rectorado a Álvaro Balibrea, nuevo Gerente, y a Jesús Mari Ezponda que se incorpora como Secretario General. Confieso que estoy feliz de trabajar con este gran equipo: para mí, el mejor del mundo.

Agradezco también a la Asociación de Amigos y a muchas personas generosas su ayuda inestimable para que la Universidad de Navarra sea capaz de prestar cada día un mejor servicio a la sociedad. Muchas gracias.

 

[i] Tucídides. Historia de la Guerra del Peloponeso, Gredos, Madrid, 1990.

[ii] Papa Francisco. Audiencia General. 19 de agosto de 2020.

[iii] Michael Denham. Reverberating Word: Powerful Worship, Wipf and Stock Publishers, 2018.