San Miguel de Aralar

Vista presbiterio y cabecera

La vista de la cabecera se enriquece con el juego de volúmenes que aportan los cilindros absidales, sus correspondientes bóvedas de horno y el cimborrio central. Esta estructura que pasa del cuadrado del tramo al octógono de la cubierta mediante cuatro trompas en abanico tiene en Navarra su máxima expresión en el monasterio de Azuelo. Como ya se ha citado, su remate superior fue reconstruido en el siglo pasado. No obstante, conservaba parte de su nivel inferior.

La vista de la capilla mayor está completamente monopolizada por el bellísimo retablo de esmaltes dedicado a María y el Niño. Debemos esforzarnos para desviar la mirada hacia los elementos arquitectónicos de la cabecera. De nuevo todo es muy simplificado. Sólo destacan las tres ventanas simétricas y de medio punto, y las bóvedas de cañón y horno del presbiterio. Las características de esta parte del edificio se pueden situar poco antes de 1074, data de la primera consagración del templo.

Es el momento de concentrarnos en el retablo románico, que en el centro de la imagen brilla dentro de la urna de vidrio que lo protege. Y no es para menos.