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Vista general del interior hacia occidente

Si nos situamos tras el altar mayor, el centro exacto de la fotografía está ocupado por la ventanita que decoraba el capitel de la sexta imagen. Desde este punto de vista se observa perfectamente la estructura y fisonomía de la capilla erigida en mitad de la nave central.

Y en torno a ella, los volúmenes generales del interior del santuario, dividido en tres naves, la central más ancha y alta, pero sin espacio para acoger un nivel de ventanas sobre los arcos de formeros. Da la impresión de que también en esto, las condiciones ambientales condicionan un tanto la estructura del edificio. A pesar de las intensa iluminación eléctrica, percibimos perfectamente que nos hallamos en un espacio muy oscuro.

En esta vista hacia los pies del edificio, constatamos la fortaleza de los poderosos pilares cruciformes que delimitan sus cuatro tramos, y soportan las bóvedas de cañón y los formeros de separación de las naves. Formas pesadas, rectas, ventanas sin enmarques moldurados, ausencia de capiteles, en un conjunto arquitectónico que carece completamente de decoración. Estamos contemplando otro románico, más antiguo, más esencial y estructural, más robusto y pesado. Llama la atención la potencia de las bóvedas de cañón, resueltas con mampostería muy irregular. Conservan restos de lucido de cal, que anuncia un interior que en origen iría pintado.

Esta severidad estructural contrasta con lo que tenemos a nuestra espalda. Ya es el momento de observar el presbiterio, marco de una de las piezas más singulares del románico: el retablo de Aralar.

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Vista general del interior hacia occidente

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