El palacio de Olite

Torre Ochavada

Una de las últimas intervenciones de gran calado emprendidas por Carlos III consistió en la edificación de nuevas estancias cercanas a la Gran Torre pero independientes de ella. El aspecto escalonado y la planta octogonal de la Torre Ochavada, que recibió siglos más tarde el nombre de Torres de las Tres Coronas, han llamado la atención. La presencia de una chimenea y de un habitáculo junto a su entrada lleva a pensar en un uso residencial por parte del soberano. Sabemos que el interior de la torre estuvo revestido de madera en suelo y paredes, fruto del trabajo del carpintero francés Estevenin le Riche. Por el exterior, sorprende la superposición de pasajes almenados, como si fuera un castillo en miniatura. La planta y el revestimiento traen a la memoria las torres de esquina de la Grand Tour de Vincennes, el palacio edificado en el extrarradio de París por los reyes de Francia durante la segunda mitad del siglo XIV, que Carlos III conocía a la perfección a causa de sus repetidas estancias en la capital francesa. Es posible que el monarca, consciente de que los acontecimientos conflictivos de 1410 hacían muy difícil su regreso a París, hubiera deseado evocar mediante esta torre las estancias de los palacios parisinos que tanto admiraba.

A los pies de la torre, en la zona más umbría del exterior palaciego (a la sombra de la Gran Torre), se eleva el remate de un pozo de hielo subterráneo cubierto por una bóveda de perfil parabólico. No se han localizado referencias documentales a la existencia de una construcción de este género en el palacio medieval y sí, en cambio, a intervenciones en su fábrica durante el siglo XVII, cuando este tipo de edificaciones parecen abundar en Navarra y otros territorios. Su aspecto actual es resultado de una recuperación llevada a cabo durante el siglo XX.