El palacio de Olite

Los jardines: patios de la Morera y de la Pajarera

La vida cortesana en la Baja Edad Media incluía como espacio imprescindible los jardines. El Palacio de Olite contó con dos tipos: los de gran extensión, que se encontraban fuera del palacio, en la actual huerta del convento de San Francisco, y una serie de ámbitos más recoletos emplazados dentro del recinto palaciego amurallado. Ya hemos mencionado el caso extraordinario del claustrillo o jardín elevado, emplazado junto a la Torre Nueva. Los patios de la Morera y de la Pajarera, situados delante de la Galería Dorada (Gran Torre) y del retrait del rey (al Oeste de la Torre Nueva) son el resultado de la división del antiguo jardín occidental del palacio en dos espacios, llevada a cabo en una de las últimas fases constructivas del reinado de Carlos III (como revela el hecho de que su fábrica no esté trabada con los muros perimetrales). La separación se consiguió mediante la construcción de un grueso muro destinado a alojar una escalera de caracol, que facilitaba la circulación en esta parte del complejo palaciego.

La documentación nos habla de las plantas cultivadas en los jardines, en ocasiones exóticas como los naranjos, así como de la disposición de parterres y “pradeles” cuidadosamente arreglados por jardineros venidos de muy lejos (por ejemplo, Mace de Bretaña). Un complejo sistema de cañerías aportaba el agua, almacenada en la Torre del Aljibe, al otro lado de la Torre Nueva.

Sorprende saber que el rey quiso rodearse de animales admirables que poblaban espacios del palacio: un león suministrado por el rey de Aragón, camellos, avestruces, etc., que en buena medida manifestaban la magnificencia y el gusto del monarca por lo maravilloso. En el palacio también moraban pájaros, que curiosamente quedaron a cargo de un tapicero francés, Lucien Bertolomeu, a quien el rey había contratado para realizar este género de obras textiles tan apreciadas durante la Baja Edad Media.