MECENAS, PROMOTORES Y PATRONOS DE LAS ARTES EN TUDELA

27 de agosto de 2014

En torno a los santos patronos
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

 

Los variados votos que las ciudades hicieron para conmemorar y honrar a los santos que habían protegido contra todo tipo de calamidades tuvieron distinto devenir con el paso del tiempo. Algunos votos como el de San Saturnino en la ciudad de Pamplona de 1611 derivaron en el patronato del citado santo sobre la ciudad y algo parecido ocurrió en Tudela con Santa Ana. En 1530 en la capital de la Ribera “tomaron voto de, a perpetuamente guardar y celebrar la festividad de Señora Santa Ana en cada un año a perpetuo con procesión muy solemne y devota y llevando en la procesión la santa imagen de la Señora Santa Ana con las iluminaciones que parecieren a los señores alcalde y regidores…”. Décadas más tarde desde el Regimiento se consumaría el patronato en el que hay que señalar algunas fechas importantes en un signo de identidad y de devoción que fue in crescendo con el paso del tiempo, en el que se integraron todos los elementos propios de la fiesta: música, campanas, gigantes, pólvora, toros y grandes sermones, éstos en el incomparable marco de la colegial, catedral desde fines del siglo XVIII.



Procesión de Santa Ana


Los hitos de la devoción a la patrona Santa Ana se pueden señalar en unas fechas concretas. En 1589, el Regimiento encarga el busto de Santa Ana Triplex a Juan de Ayuca, según el modelo de Blas de Arbizu teniendo en cuenta que “a todos es notorio el voto tan solemne que en el año mil quinientos treinta hizo la dicha ciudad….”. En 1590 aprobaron la obra Rolan Mois y Domingo Fernández de Yarza, escultor de Zaragoza. Entre 1590 y 1591 la doró y policromó Juan de Lumbier. En 1656 llegaba desde la seo de Zaragoza la preciada reliquia de la santa que se recibió con arcos triunfales y todo tipo de festejos civiles y propiamente religiosos. En 1680 el cabildo otorgó la concesión del patronato de la capilla a favor de la ciudad y pocos años más tarde, entre 1712 y 1725 se construyó la capilla en un auténtico alarde de hacer la “capilla más ostentosa que puede haber en toda la comarca”, según se recoge en las actas municipales de 1712. La construcción de la capilla de Santa Ana de Tudela, emblemático edificio de la ciudad, se puede dividir en tres etapas. La primera que abarca de 1712 a 1716, en la que se eligieron el sitio y las trazas y se previnieron los materiales de piedra, yeso y ladrillo; la segunda, entre 1716-1720, en que se construyó propiamente la fábrica, y la tercera, entre 1723 y 1725, en que se procedió a decorar con yeserías el conjunto y se colocó el zócalo de piedra y la reja. En todo ese proceso los superintendentes del cabildo colegial y municipal estuvieron al tanto de todos los detalles y contrataciones necesarias para el buen fin de las obras. 

En torno a 1735 los tudelanos en un memorial en defensa de su jurisdicción decanal frente al obispo de Tarazona escriben sobre la capilla encendidos párrafos, simulándola como un auténtico caelum in terris: “Obra digna de un monarca y con las fuerzas solas de este pueblo costeada, y sin haber sido necesarias más Indias que los erarios ocultos de devoción finísima explicados aquí por las cuantiosas cotidianas limosnas que piden más de treinta mil pesos consumidos en esta fábrica. No es de nuestra facultad el dibujar los primores milagrosos. En dos palabras puede decirse, sin exageración que su pavimento y zócalo a un estado de alto es todo piedras preciosísimas y lo restante de oro. Sus estatuas compiten con las de Phidias, sus tallas, follajes, trofeos militares, molduras, esculturas y dorados forman toda aquella hermosa varia hermandad que puede desearse para el cielo, pudiendo figurarnos que si la gloriosísima Santa Ana no habitase ya en el empíreo, elegiría para paraíso de sus delicias esta celebérrima capilla, que ha sido admiración de las naciones extrañas que han logrado verla y han puesto en sus elogios las lenguas todas de los curiosos de nuestra España. Aquí en la patrona Santa Ana tenemos para arrastrar al mundo (mejorada la idea de Dinócrates en el gran templo de Arsinoo), más verdadero imán que con más suave fuerza atrae las almas a su adoración obsequiosa”.

La iglesia mayor de Tudela fue la sede de las grandes celebraciones en honor a Santa Ana y a otro patronatos que avaló en municipio con su presencia. Sus pétreos muros se revistieron de retablos e imágenes, de modo muy especial, a partir de la Baja Edad Media y a lo largo de las centurias siguientes, singularmente en pleno Barroco, correspondiendo con una estética caracterizada por la integración de las especialidades artísticas, fundiéndolas en un todo, y por la captación del espectador a través de los sentidos, siempre más vulnerables que el intelecto. Muchas de las imágenes antiguas y modernas tenían que ver con los patronatos de las diferentes capillas que pertenecían a instituciones, gremios, cofradías o nobles patricios.

Las artes integradas se constituyeron en un vehículo de transmisión de doctrina y práctica de poder en un ámbito que trascendía al propio templo, por ser una domus artium además de domus capituli. El regimiento de la ciudad celebró en su interior las grandes ceremonias y fiestas, expresión sublime de cuanto conforma la cultura del Barroco. Música, campanas, fuegos artificiales, protocolo, ceremonial, color, magnificencia y teatralización se dieron cita en numerosos días a lo largo del año y también en ocasiones extraordinarias.

El cabildo con sus hábitos y los regidores con el traje de golilla hasta 1863 en que dejaron de usarlo, con protesta del cabildo, ponían todo su esmero en la solemnización de las fiestas votivas y patronales. Los munícipes engalanaban su traje con las veneras, utilizadas desde 1622, en las que figuran el escudo de la ciudad y la figura de San Pedro ad vincula, por considerar que en su día quedó liberada la ciudad del yugo musulmán. Unas ricas mazas y todo un protocolo municipal contribuían a la imagen del Regimiento.
 

Venera de los regidores de Tudela, utilizada desde 1622

 

La ciudad contó con otros votos. Entre los más celebrados el de la Inmaculada Concepción que hizo en 1619 y solemnizó anualmente en la colegial, amén de con un torneo en 1620, quizás el de mayor importancia de los celebrados en la ciudad en los siglos de la Edad Moderna. La corporación municipal acordó que fuese fiesta de guardar en 1646, y salirse en cuerpo de comunidad de la iglesia si el predicador “por su ignorancia o cualquier otra causa” dejaba de proclamar el misterio inmaculista el cabildo instaló un nicho con su imagen en la puerta del templo, el canónigo Murgutio colocó un retablo en su honor, hubo numerosas fundaciones en conventos de la ciudad y en 1736 se fundó el convento de Capuchinas bajo la doble advocación del Sagrado Corazón de Jesús y la Purísima Concepción.


Relacion de las fiestas que hizo Tudela en honor a la Inmaculada Concepción. 1620
 

En 1627 declaró por su patrona a Santa Teresa, tras celebrar solemnemente su beatificación unos años antes. En este caso parece que el acuerdo no tuvo gran trascendencia, quedando la fiesta especial en el Carmen Descalzo, donde se describe su fiesta a mediados del siglo XVIII así: “En su día hace ostentación de tener sus corazones tan capaces como su Santa Madre en la prolijidad del culto y curiosidad del adorno y en la magnificencia de música, sermón, Santísimo expuesto y siesta por la tarde, con que es ociosa la advertencia al concurso cuando Santa Teresa se lleva al mundo entero”.

Asimismo, como cabeza de la facción javierista del reino de Navarra, Tudela hizo un voto a San Francisco Javier en 1626, jurando hacer “el culto y honra que a tan gran patrón es debida, siguiendo en esto la disposición de derecho y sagrados cánones”. 

Una relación de las fiestas votivas con su correspondiente procesión a fines del Antiguo Régimen es la siguiente: San Sebastián (20 de enero) con misa cantada en la capilla de San Jerónimo y asistencia de la ciudad; San Gregorio (12 de marzo) también con presencia del Ayuntamiento; San José (19 de marzo); San Jorge (19 de abril); San Gregorio Ostiense (9 de mayo) tras cantar la misa en su ermita y bendecir los campos; San Julián (22 de abril) con misa cantada en la ermita de Santa Quiteria; Santa Ana, patrona de la ciudad, San Pedro ad vincula (1 de agosto), considerado como patrono de la ciudad, tras cantar la misa en la parroquia de su titularidad; Octava de la Asunción, titular del templo colegial; San Marcial (31 de agosto) con misa en su iglesia; Santa Catalina (25 de septiembre) con misa en su capilla; Inmaculada Concepción (8 de diciembre) por la tarde y San Nicasio (14 de diciembre) con misa en la Merced. Por último señalaremos que Julio Segura advierte que la Virgen de los Remedios que contaba con una hermosa capilla en San Nicolás, patronato de los Aperregui, era considerada asimismo copatrona de la ciudad.

PROGRAMA

Martes, 26 de agosto
Tres retablos excepcionales para tres promotores
Dña. Mercedes Jover Hernando. Museo de Navarra

Los grandes mecenas del Renacimiento, espejo de humanismo
Dña. María Concepción García Gainza. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Miércoles, 27 de agosto
En torno a los santos patronos
D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Patronos y mecenas de la platería de Tudela
D. Ignacio Miguéliz Valcarlos
UNED Pamplona

Patronos y patronatos en la Colegial (visita guidada)
Dña. María Josefa Tarifa Castilla. Universidad de Zaragoza

Jueves, 28 de agosto
Urbanismo y arquitectura civil
D. Carlos Carrasco Navarro. Doctor en Historia del Arte

Los prohombres de la Ilustración
D. Pablo Guijarro Salvador. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Monarquía, patronos y religiosas en la Compañía de María (visita guiada)
D. Ricardo Fernández Gracia
Cátedra de Patrimonio y Arte navarro