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Esta portada, que se encuentra en el lado de la epístola, en el tramo anterior al muro hastial, fue iniciada por Juan de Goyaz en 1549, y su construcción se dilató en el tiempo hasta 1570, siendo tasada por el veedor de obras Juan Vallejo. Su fabrica atravesó tres fases sucesivas, la primera entre 1542 y 1552, a cargo del cantero guipuzcoano Juan de Goyaz, natural de Albiztur pero residente en Bañares, maestro de obras reales con Carlos I, quien dio la traza de la portada, validada por el provisor Andrés Ortiz de Urbina. A la muerte de Goyaz se hizo cargo de las obras el cantero vizcaíno Juan Ochoa de Arranotegui, natural de Arrazua, que entre otras cosas se había encargado de la tasación de las obras de la universidad de Oñate y del retablo de Peñacerrada. Este maestro dirigió las obras entre 1552 y 1566, trabajando con él otros canteros, como su hermano Pedro, su hijo Juan II, Sebastián y Juan de Orbara, así como los escultores Arnao de Bruselas, Andrés de Araoz, Nicolás de Venero y Gaspar de Vitoria. Finalmente entre 1566 y 1570, las obras fueron dirigidas por el hijo del anterior Juan II Ochoa de Arranotegui, en colaboración con Juan de Orbara.

Se trata de una portada escenográfica que se articula a manera de arco de triunfo, con una gran hornacina de medio punto central, recuerdo de la realizada por Bramante en el patio del Belvedere en los palacios vaticanos en 1506. Presenta cinco calles de diferente anchura, distribuidas en un alto zócalo, dos cuerpos y ático, con mayor protagonismo de la calle central en forma de exedra, cubierta por una bóveda de cuarto de esfera decorada por medio de casetones decrecientes. En ella se distribuye una rica iconografía en la que se mezcla lo sacro con lo profano, junto a elementos a candelieri y grutesco, todo ello de gran complejidad. Estas esculturas y relieves hay que ponerlos en relación con la escultura riojana del momento, mientras que los elementos decorativos proceden de repertorios del manierismo fantástico. Probablemente el inductor de esta iconografía fue Juan Bernal Díaz de Luco (1495-1556) obispo de Calahorra–La Calzada, prelado que había participado en el Concilio de Trento y que contaba con una importante biblioteca en la que reunía obras de ciencias naturales y astrología, tanto de los clásicos como de autores contemporáneos, entre los que se contaban los tratados de Serlio y Palladio.

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aula_abierta_itinerarios_17_bibliografia

  • ESTEBAN LORENTE, J.F., “El arco de ingreso de la colegiata de Santa María de Viana. Horóscopo de Cristo”, Berceo, 130, 1996, pp. 177-178.

  • ESTEBAN LORENTE, J.F., “Los dioses paganos en las iglesias españolas del siglo XVI”, Boletín del Museo e Instituto Camón Aznar, LXXXII, Zaragoza, Instituto Camón Aznar, 2000, pp. 157-190.

  • FERNÁNDEZ GRACIA, R., (coord.), ECHEVERRIA GOÑI, P.L., y GARCÍA GAINZA, M. C., El arte del Renacimiento en Navarra, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2005, pp. 111-114.

  • GARCÍA GAINZA, M. C., HEREDIA MORENO, M. C., RIVAS CARMONA, J. y ORBE SIVATTE, M., Catálogo Monumental de Navarra. V. II**. Merindad de Estella, Pamplona, 1980, pp. 559-564.

  • GONZÁLEZ DE ZÁRATE, J. M., “Aproximaciones a la lectura iconográfica del programa mitológico en la portada de Santa María de Viana”, Primer Congreso General de Historia de Navarra, anejo 11, Pamplona, Príncipe de Viana, 1988, pp. 179-196.

  • LABEAGA MENDIOLA, J.C., Viana monumental y artística, Pamplona, Príncipe de Viana, 1984, pp. 229-236.

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