El monumento conmemorativo en Pamplona

Monumento a Julián Gayarre

  • Autor: Fructuoso Orduna. Arquitecto: Víctor Eusa.

  • Materiales y técnica: mármol blanco y piedra.

  • Medidas: Conjunto: 1.200 cm; Diámetro de la linterna: 1.000 cm; Imagen: 250 cm.

  • Ubicación: Jardines de la Taconera. Paseo central.

  • Fecha de instalación: 5 de julio de 1950 (inauguración).

En 1947, el escultor roncalés Fructuoso Orduna recibió un encargo de la Diputación Foral para elaborar una escultura dedicada a Julián Gayarre (Roncal, 1844-Madrid, 1890), tenor de fama mundial aclamado en los mejores escenarios hasta el momento de su muerte.

El diseño del monumento y labor arquitectónica en piedra corrieron a cargo del arquitecto Víctor Eusa, en tanto que la ejecución en mármol blanco fue realizada por Orduna. Consta de un robusto pedestal cilíndrico cuya parte baja recorre una taza de fuente, decorado por catorce figuras esculpidas en relieve organizadas en dos grupos que simbolizan la glorificación de la carrera del tenor roncalés y el sentimiento de dolor que causó su muerte, separados por los escudos de Navarra y del Roncal. Buen conocedor de la tradición arquitectónica occidental, quizás Eusa quiso trasladar a la capital navarra el espíritu de la Linterna de Lisícrates, levantada en Atenas en el siglo IV a. C.; en ambos casos, la obra se concibe como una exaltación a la música.

Culmina el conjunto la estatua de Julián Gayarre, al que Orduna representa en su interpretación de la ópera Los pescadores de Perlas, del compositor francés Georges Bizet, en el Teatro Real de Madrid la noche del 8 de diciembre de 1889, cuando se le quebró la voz y no pudo dar la nota con que tantos triunfos alcanzó a lo largo de su carrera musical. El tenor viste una casaca que deja ver una anatomía musculada en brazos y piernas; sujeta con su mano izquierda una espada ceñida a la cintura, en tanto que adorna su muñeca derecha con un brazalete. La maestría con que ejecutó Orduna la obra se observa en la gallarda actitud del personaje, en la serena altivez de su rostro, y en el virtuosismo con que está tallado hasta el más mínimo detalle. Por su parte, en los relieves del cuerpo inferior el artista nos brinda una escultura modelada con firmeza, recia de forma y sometida al más exigente rigor compositivo.

 

 

  • Bibliografía

     

    • AZANZA LÓPEZ, J. J., El monumento conmemorativo en Navarra. La identidad de un Reino. Col. Panorama, nº 31, Pamplona, Gobierno de Navarra, 2003.

    • AZANZA, J. J., MURUZÁBAL, J. M., URRICELQUI, I. y ZUBIAUR, F. J., Guía de escultura urbana en Pamplona, Pamplona, Ayuntamiento de Pamplona, 2009.