Javier, un castillo para un Santo

Capilla del Santo Cristo (siglo XV)

La cuarta puerta que era preciso atravesar para acceder al interior del castillo se sitúa al final del patio de armas y está precedida por una escalinata original de desgastados peldaños, con una solemne base circular y un tramo final recto. La puerta, dotada de arco de medio punto y protegida por matacán y saeteras, conserva el portón original chapeado en hierro. Da paso a un zaguán de recepción, que a la izquierda se abre hacia la Sala Grande, mientras que hacia la derecha comunica con la capilla del Santo Cristo, que da nombre a la torre en la que se enclava.

Se desconoce el uso inicial que tuvo la torre cuando fue construida en el siglo XIII. La iniciativa de la creación de la capilla, por la estética y la cronología de sus elementos, debe atribuirse a las reformas llevadas a cabo por Juan de Jaso, padre de san Francisco Javier, a finales del siglo XV y principios del XVI. Preside la capilla el Santo Cristo de Javier, que es una imagen de finales del siglo XV, aunque la sonrisa del rostro y la rigidez ha llevado a situarla erróneamente en el siglo XIII, en la transición del románico al gótico. Sin embargo, el cuerpo perfectamente vertical, los brazos ligeramente elevados, las manos que se cierran sobre los clavos, los pies guardando prácticamente el eje, la cabeza frontal y ligeramente inclinada a su derecha y, especialmente, la forma del paño de pureza (corto, ceñido a las caderas y con el lateral derecho cruzado y con caída vertical central) lo hacen similar a otros crucificados españoles de las dos últimas décadas del siglo XV (Sigena, clarisas de Palencia).

En la década de 1970 se levantaron la decoración y las pinturas barrocas de la capilla y se descubrieron los frescos originales. El Cristo está rodeado por un impresionante conjunto de pinturas murales tardogóticas. A sus lados tiene los atributos de la Pasión. En los muros laterales se representa la Danza de la Muerte, único ejemplo del tema conocido en España. Varios esqueletos plasman la supremacía de la muerte, la brevedad de la vida y la vanidad de las cosas mundanas. Aunque es un tema netamente medieval, se representa con algunos rasgos formales que anuncian la pintura renacentista, como la perspectiva del tablado que sustenta a las figuras o la presencia de balaustres.

 


Capilla del Santo Cristo (siglo XV)
Foto de Larrión y Pimoulier.