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EL BARROCO EN NAVARRA. EL PLACER DE SENTIR Y EL GOZO DE CELEBRAR

16 de septiembre de 2015

La construcción de una imagen de poder: urbanismo, casas y palacios
Dña. Pilar Andueza Unanua. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Urbanismo y casas consistoriales
Si el Renacimiento apenas dejó huellas en el urbanismo navarro, los siglos del Barroco configuraron, por el contrario, en gran medida los cascos históricos de nuestras villas y ciudades, participando de las ideas que se fueron imponiendo en todos los territorios de la monarquía hispánica durante los siglos XVII y XVIII y compartiendo por tanto elementos comunes. Entre ellos cabe destacar el carácter conventual de no pocos núcleos urbanos como Pamplona, Tudela o Corella, y la apertura de plazas, algunas de gran entidad, escenario de la fiesta barroca. Sobresalen la plaza del Castillo en Pamplona, las plazas de los Fueros de Estella y Corella, y, sobre todo, la de Tudela, ejecutada entre 1687 y 1691 y presidida por la Casa del Reloj, única plaza cerrada que responde a un plan previo. Ligadas a la fiesta taurina, en algunas plazas se levantaron también balcones de toros, como en Viana y Los Arcos.

La plaza de los Fueros de Tudela es el ejemplo más sobresaliente de plaza mayor barroca en Navarra

La plaza de los Fueros de Tudela es el ejemplo más sobresaliente de plaza mayor barroca en Navarra
 

Lógicamente Pamplona, como capital del reino y como plaza fuerte, siguió afianzando su sistema defensivo en torno a su ciudadela y murallas, acomodándose a los constantes avances de la artillería. Al carácter defensivo y conventual unió en el siglo XVIII la renovación de su urbanismo y su arquitectura civil, pública y privada, provocando con ello una monumentalización de la ciudad, en la que participaron tanto particulares como autoridades. 

Entre los conjuntos urbanísticos más significativos y bellos de Navarra figura Villafranca. Las actuaciones desarrolladas durante la primera mitad del siglo XVIII conformaron el actual paseo de Vadillo, con un telón de fondo formado por la majestuosa volumetría de la parroquia de Santa Eufemia, el palacio de los Bobadilla y el convento carmelita de Nuestra Señora del Carmen. Desde esta zona se enlaza además con otros espacios urbanos barrocos como la plaza de los Fueros y la plaza presidida por la Casa consistorial.

Los siglos del Barroco fueron también propicios para levantar nuevas casas consistoriales. En ellas no solo se tomaban decisiones y se albergaban servicios municipales variados, sino que también ofrecía una imagen simbólica de autoridad local. En prácticamente todas ellas están presentes los balcones y el escudo de armas municipal. Su construcción estuvo ligada en muchas ocasiones a intervenciones urbanísticas como ocurrió en Larraga o Leitza. Entre las más monumentales figuran la de Viana y la de Pamplona. 

Casas y palacios
Aunque todavía quedan algunas lagunas para establecer definitivamente el perfil de los promotores de la arquitectura señorial del siglo XVII, resulta muy nítido y preciso para los que levantaron casas y palacios desde finales de esa centuria y a lo largo del Siglo de las Luces: hombres de negocios, comerciantes y emigrantes son los protagonistas. En prácticamente todos los casos se aprecia una estrategia vital similar. Una vez enriquecidos, siguieron un mismo iter tratando de emular a la vieja nobleza, dando para ello los pasos oportunos. En una sociedad tan visual como la barroca no solo había que ser noble, sino también parecerlo. En su proceso de ascenso social la construcción de una casa familiar, de aspecto señorial, ricamente amueblada y alhajada, se convirtió en el símbolo indiscutible de su nueva posición triunfal. La nueva residencia se convirtió en un elemento propagandístico y de proyección social, llamado a erigirse en la memoria e imagen del linaje.

Entre las casas levantadas por emigrantes con dinero amasado en Indias podemos destacar los edificios pertenecientes a los marqueses de San Miguel de Aguayo, los marqueses de la Real Defensa, el de los Navarro Tafalla o los Guendica, todos ellos en Pamplona. Fuera de la capital los ejemplos son numerosos: el palacio de Zubieta, la casa Indianoetxea de Betelu, la casa Osambela de Uitzi, la casa Dorrea en Azpilkueta, el palacio Jarola en Elbete, a casa Calzada en Almandoz, la casa Indacoetxea de Irurita o el palacio Jauregia en la misma localidad baztanesa. En latitudes más meridonales , la casa de los Munárriz en Estella o la de los García de Salcedo en Milagro constituyen ejemplos señeros. 

La casa Calzada de Almandoz se levantó en 1751  merced al dinero remitido desde La Habana por el brigadier Juan Bautista Echeverría 

La casa Calzada de Almandoz se levantó en 1751 
merced al dinero remitido desde La Habana por el brigadier Juan Bautista Echeverría 

 

Por su parte son numerosas las casas que fueron posible gracias a los negocios y el comercio desarrollados por sus promotores, bien en Navarra o en otros lugares: el palacio Borda de Amaiur, la casa Echeverzea en el mismo pueblo, Lamiarrita e Iturraldea en Arizkun, el palacio de Oharriz de Lekaroz o Arizkunenea y Arozarena de Elizondo. En Pamplona destacan las casas de los Goyeneche y los Urtasun. En Corella sobresalen la de los Sesma y los Virto de Vera y en Cintruénigo las de los Ligués y los Loygorri. Los Ezquerra, los Labastida y, especialmente los Huarte, destacaron por sus construcciones en Tudela.

Los Loygorri, enriquecidos con el comercio lanar, erigieron en 1756 su casa principal en Cintruénigo

Los Loygorri, enriquecidos con el comercio lanar, erigieron en 1756 su casa principal en Cintruénigo

 

Morfológicamente Navarra presenta una arquitectura señorial con una gran variedad tipológica que no hace sino reflejar su riqueza paisajística y geográfica. Mientras los valles norteños optaron por la piedra de sillería para sus fachadas (como los palacios Ascoa de Elbete, Sagardía de Ituren o la casa Urdanibea de Lesaka, o diversas construcciones en Ochagavía) o los muros enfoscados con sillares en esquinas y enmarques de vanos, tan repetidos en Cinco Villas, Bertiz Arana, Baztán o Larráun, en la Ribera fue obligatorio el empleo de ladrillo ante la falta de buenas canteras, que en muchos casos se acompañó de la construcción de una galería de arquillos en el remate del edificio, como se ve en la casa de los Navascués en Cintruénigo. Por su parte en la Zona Media hubo frontispicios enteramente pétreos, pero lo más habitual fue combinar la piedra para la planta baja y el ladrillo para los distintos pisos, como se comprueba en el palacio del marqués de Vallesantoro en Sangüesa. En todos estos edificios barrocos destaca su portada centrada, sin gran aparato, los grandes balcones con vuelo, sus ricas forjas cinceladas, aleros de gran desarrollo, a veces con ménsulas muy talladas, y el omnipresente escudo de armas que proclama la nobleza de sus moradores. 

La piedra fue el material más empleado en el norte, como se ve en el palacio Ascoa de Elbete

La piedra fue el material más empleado en el norte, como se ve en el palacio Ascoa de Elbete

En la Ribera triunfaron las construcciones en ladrillo, como en la casa Navascués de Cintruénigo

En la Ribera triunfaron las construcciones en ladrillo, como en la casa Navascués de Cintruénigo

En la Zona Media fue habitual la combinación de piedra y ladrillo, como en la casa del marqués de Vallesantoro en Sangüesa

En la Zona Media fue habitual la combinación de piedra y ladrillo,
como en la casa del marqués de Vallesantoro en Sangüesa


Aunque la pervivencia de los modelos constructivos dificulta el estudio de estos edificios, se constata una evolución que va de la sobriedad compositiva y decorativa de principios del siglo XVII hacia una articulación progresiva de las fachadas a través de la introducción de molduras planas en la separación de niveles y enmarques de vanos conforme avanza la centuria. Llegado el siglo XVIII se aprecia un mayor decorativismo patenten en cornisamientos y molduraciones, con bocelones y orejetas de gran grosor, a veces mixtilíneos. El ladrillo fue muy propicio para la realización de juegos geométricos. Los interiores se articulaban a través de grandes cajas de escalera, como la de los marqueses de Huarte en Tudela, demostrando el gusto por la teatralidad y la escenografía. 

El palacio de fachada flanqueada por dos torres fue la tipología mas sobresaliente durante el Barroco. En los ejemplares navarros se aprecia una evolución continua que arranca de la herencia del purismo escurialense que ejemplifican los palacios de Viguria y Azcona, para ir progresivamente barroquizándose, como lo ponen de manifiesto los palacios de Muruzábal y, sobre todo, la casa de los Vizcaíno en Miranda de Arga, levantada a partir de 1695, donde se gana en plasticidad y dinamismo, merced al uso de cornisas molduradas, el avance de las torres y las columnas salomónicas en el paramento central. En el siglo XVIII, en el ámbito de las tierras baztanesas se erigieron tres hermosos ejemplares: la casa Iriartea de Erratzu, la de los Gastón de Iriarte en Irurita y el palacio Reparacea de Oieregi. A imitación de ellos, se levantó por las mismas fechas el palacio de Subiza, en la cuenta de Pamplona. 

Con el palacio de Viguria arranca el desarrollo de palacio torreado en Navarra durante los siglos del Barroco 

Con el palacio de Viguria arranca el desarrollo de palacio torreado en Navarra durante los siglos del Barroco 

La casa que levantaron los Vizcaíno en Miranda de Arga a partir de 1695 es un ejemplo de barroquización del palacio torreado

La casa que levantaron los Vizcaíno en Miranda de Arga a partir de 1695 es un ejemplo de barroquización del palacio torreado

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PROGRAMA


Martes, 15 de septiembre 
El Barroco, ¿Una invención del siglo XX?
D. Javier Portús Pérez. Museo Nacional del Prado 

¿Existe el Barroco en Navarra?
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Miércoles, 16 de septiembre
"Plegaria de ladrillo y sillar". Arquitectura religiosa en el Barroco navarro
D. José Javier Azanza López. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

La construcción de una imagen de poder: urbanismo, casas y palacios
Dña. Pilar Andueza Unanua. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Jueves, 17 de septiembre
De escoplo, martillo y pincel. Las artes visuales al servicio de la Iglesia y del poder
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Joyas y plata. Adorno y función
Mª Concepción García Gainza. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Presentación del libro Alonso Cano y el Crucificado de Lekaroz
Mª Concepción García Gainza. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro