EL BARROCO EN NAVARRA. EL PLACER DE SENTIR Y EL GOZO DE CELEBRAR

15 de septiembre de 2015

¿Existe el Barroco en Navarra?
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro


El escaso interés, incluso el desprecio, hacia el Barroco ha sido un hecho general, más patente si cabe en regiones peninsulares como Navarra, en donde el peso del arte medieval sedujo a los primeros historiadores del arte y estudiosos en general, por constituir un capítulo destacadísimo, a la vez que desde la propia Comunidad Foral se veía en aquellas manifestaciones del Medioevo, la evocación de un pasado al que no era ajena la realidad del Reino independiente, antes de su conquista e incorporación a Castilla. Con cierta desventaja respecto al Renacimiento, en el que puso su atención Tomás Biurrun y Sotil con un libro ya clásico, en 1935, el conocimiento de las manifestaciones artísticas de los siglos XVII y XVIII arrancó con fuerza, tan sólo, hace seis lustros.

El año pasado, en 2014, se publicó la monografía sobre El arte del Barroco en Navarra, que coordinó el que estas líneas escribe y en el que participaron los profs. García Gainza, Azanza López y Andueza Unanua. Una primera síntesis de un periodo cuyas manifestaciones artísticas han sido objeto de tesis doctorales y distintas monografías desde la última década del siglo pasado, como fruto de varias tesis doctorales, monografías y exposiciones que han puesto de manifiesto la existencia de cuanto podemos esperar de una cultura y un estilo: talleres y artistas, calidad de las obras, focos expansivos, obras singulares importadas desde diferentes focos peninsulares, Italia y desde las Indias, así como comitentes en forma de promotores, mecenas y patronos que eran conscientes de su papel y de estar creando en torno a sí una imagen de poder muy concreta.

La respuesta a la pregunta del título de estas líneas es afirmativa, sin lugar a dudas. No hay sino hojear las páginas de la abundante bibliografía que hoy tenemos sobre el periodo, fruto de estudios sólidos realizados desde la disciplina de Historia del Arte. El interrogante se ha puesto porque hasta tiempos recientes no se contemplaba el Barroco navarro en las síntesis del periodo, en parte por el desconocimiento y en parte por el peso de los juicios despectivos sobre las manifestaciones artísticas de los siglos XVII y XVIII que, como en otras regiones, arrancó a fines del Siglo de las Luces.

El Arte del Barroco en Navarra
Ricardo Fernández Gracia (coord.), Pilar Andueza Unanua, José Javier Azanza López y Mª Concepción García Gainza
Pamplona, Gobierno de Navarra, 2014 


 

La visión peyorativa de las artes del Barroco, en general, y a fortiori de sus retablos arrancó, como en otros lugares, de la crítica académica y arraigó ampliamente, llegando prácticamente hasta el último tercio del pasado siglo. Don Antonio Ponz, al visitar las iglesias pamplonesas, dejó escritas, en 1785, expresiones como éstas: “siento haber visto en la Parroquial de San Lorenzo el monstruoso ornato de la Capilla de San Fermín, y el indecible maderaje de los retablos amontonados y extravagantes de San Saturnino. No hay en la Iglesia del Carmen cosa razonable a donde volver los ojos, pues empezando de la clásica monstruosidad del retablo mayor, así por la arquitectura, como por la escultura, siguen los otros por el mismo término”. Respecto a la catedral de Pamplona, tras alabar la fábrica gótica, el proyecto de fachada y el retablo mayor, arremetió contra las obras barrocas con expresiones como éstas: “pero si no le quitan el ridículo tabernáculo moderno -del retablo mayor- y lo demás con que han llenado el espacio que ocupaba el antiguo, mantendrán una insufrible deformidad, cual es la que se observa en los demás retablos de las capillas”. Sus apreciaciones y las de Ventura Rodríguez, autor del proyecto de la fachada neoclásica de la catedral, cuajaron en la personalidad de don Santos Ángel de Ochandátegui, responsable in extremis de la desaparición de algunos retablos y rejas, así como de otros tantos traslados y reformas en el interior de la catedral. 

Las enseñanzas de la Real Academia de San Fernando, fielmente seguidas por Ochandátegui, se resumen perfectamente en el memorial que entregó al cabildo catedralicio pamplonés, una vez finalizada la fachada, en sintonía con lo propugnado por autores como el marqués de Ureña. Sus ideales de limpieza de rejas, retablos barrocos y traslados diversos no surtieron efecto de momento, aunque estuvieron subyacentes hasta mediados de la pasada centuria. En este sentido, las obras realizadas en 1946, con el traslado de la sillería del coro, lo demuestran fehacientemente. Un sinnúmero de proyectos sometidos a la venia y aprobación de la Real Academia de San Fernando en los últimos años del siglo XVIII, y las apreciaciones de aquella institución cooperaron a la denostación de otras tantas obras en las que los maestros navarros seguían apegados a la tradición barroquizante.

Todos aquellos planteamientos emanados de la crítica neoclásica calaron en Navarra y, muy particularmente en Pamplona, hasta fechas recientes, de modo que habrá que buscar en ellos la responsabilidad en la desaparición sistemática de los retablos y piezas de exorno, como púlpitos y órganos de los siglos XVII y XVIII, de las iglesias en Pamplona y Navarra en general. 

Una primera llamada de atención fue hecha por la prof. García Gainza en un artículo publicado en 1975, en la revista Letras de Deusto, en donde puso de manifiesto la existencia de notables conjuntos, correspondientes a las diferentes fases o etapas por las que discurre el retablo de los siglos XVII y XVIII, a la vez que reivindicaba por primera vez la existencia del arte barroco en la región, al anotar: “un estudio detenido de las obras artísticas de este reino, en los siglos XVII y XVIII, pone de relieve la existencia de un arte barroco, quizá no tan espléndido como el renacentista, pero sí digno de tenerse en cuenta a la hora de hacer el balance del barroco nacional” .

Hasta esa fecha de 1975, apenas podemos reseñar, contadísimos trabajos serios en referencia a obras barrocas. El primero de ellos, publicado en el Boletín de la Comisión de Monumentos de Navarra, en 1929, por José María Huarte, fue un estudio documental sobre el conjunto de retablos de Recoletas de Pamplona. De entre la bibliografía local, destacan por el rigor documental, así como por su llamada de atención sobre el Barroco en una localidad concreta, los estudios de Arrese sobre Corella, toda una excepción digna de tener en cuenta y valorar en su justa medida.

Bóveda del camarín de Nuestra Señora del Yugo en Arguedas


La decoración interior de la parroquia de Los Arcos constituye uno de los ejemplos más sobresalientes del Barroco en Navarra 
 

Un dato harto significativo sobre el panorama que describimos es que, en la revista Príncipe de Viana, que tantos trabajos recogió sobre arte medieval y renacentista, apenas acogió estudios serios sobre obras barrocas hasta los años ochenta.

A partir de la década de los setenta y fechas posteriores encontramos obras estudiadas y valoradas con una metodología rigurosa y seria en el campo histórico-artístico, siempre en investigaciones llevadas a cabo en el Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Navarra. Estudios de García Gainza se centraron en la influencia de Gregorio Fernández en la plástica navarra, en otros monumentos del barroco regional y en los retablos de LesaKa. Asimismo, algunas tesis de licenciatura y doctorales, que abordaban estudios de templos en su totalidad o grandes conjuntos monumentales, sustentadas en el citado centro docente y dirigidos por la mencionada profesora, comenzaron a prestar la debida atención a las obras del periodo barroco. Del mismo modo, otros trabajos de personas formadas en el dicho Departamento han ido tratando aspectos concretos o relacionados con las artes de los siglos XVII ó XVIII. 

Paralelamente, a partir de 1978, la recogida de datos, preparación y publicación de los volúmenes del Catálogo Monumental de Navarra puso de manifiesto la existencia de excelentes obras y maestros en diferentes pueblos de Navarra. Una valoración bibliográfica del Barroco navarro, fue realizada por García Gainza en las Actas del I Congreso General de Historia de Navarra, mientras todas las aportaciones, particularmente las publicadas en el Catálogo Monumental de Navarra, comenzaban a dar sus frutos con ecos a nivel nacional. En la monografía de síntesis antes citada, el lector puede seguir más detenidamente las aportaciones realizadas a lo largo de las últimas décadas y que han sido fundamentales en la reivindicación del periodo y sus manifestaciones en la totalidad de las artes.

PROGRAMA


Martes, 15 de septiembre 
El Barroco, ¿Una invención del siglo XX?
D. Javier Portús Pérez. Museo Nacional del Prado 

¿Existe el Barroco en Navarra?
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Miércoles, 16 de septiembre
"Plegaria de ladrillo y sillar". Arquitectura religiosa en el Barroco navarro
D. José Javier Azanza López. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

La construcción de una imagen de poder: urbanismo, casas y palacios
Dña. Pilar Andueza Unanua. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Jueves, 17 de septiembre
De escoplo, martillo y pincel. Las artes visuales al servicio de la Iglesia y del poder
D. Ricardo Fernández Gracia. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Joyas y plata. Adorno y función
Mª Concepción García Gainza. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro

Presentación del libro Alonso Cano y el Crucificado de Lekaroz
Mª Concepción García Gainza. Cátedra de Patrimonio y Arte navarro